Publicado el 10. enero 2019 In Proyectos

La Juventud Masculina al servicio de los necesitados en la ciudad del Papa

ITALIA, Gian Francesco Romano•

Muchas veces en la historia de Schoenstatt, los períodos de dificultad fueron tiempos de gracia y renovación. Es bueno ver que los cuatro pilares de la vida del padre Kentenich no fueron más que decisiones fundamentales tomadas en tiempos particulares, que luego generaron una gran fecundidad para el Movimiento. A su manera, esto es exactamente lo mismo que le sucedió recientemente a la Juventud Masculina (JM) en Roma, que a mediados de noviembre se encontró frente a una encrucijada: ¿dejar o duplicar? —

Un nuevo servicio en beneficio del grupo y del prójimo.

Después de las vacaciones de verano, algunas dificultades y compromisos de diversa naturaleza, habían frenado la recuperación normal de las actividades. Esta es la razón por la cual el líder del grupo, Amerigo Imbriano, y el sacerdote que acompaña la JM, el Padre Facundo Bernabei, han lanzado un desafío a todos los componentes: relanzar al grupo a través de un mayor compromiso en el apostolado a realizar, en particular, emprendiendo una iniciativa de tipo caritativo. Inicialmente, también se pensó en la posibilidad de ayudar en un comedor para los pobres en el centro de Roma o de servir el desayuno a los necesitados colaborando con una organización activa en la parroquia de los Santos Patronos, la parroquia animada por los Padres de Schoenstatt en Roma. Al final, la solución considerada más apropiada por todos fue la de ser «Iglesia en salida» en la diócesis del Papa, yendo al encuentro de tantas personas sin techo en el barrio y las áreas circundantes, llevándoles algo de comida y mantas para la noche.

La invitación pronto se extendió a todos los otros jóvenes y grupos que gravitan alrededor de la parroquia y el Movimiento de Schoenstatt: en el hacer el bien no queremos tener ningún reclamo exclusivista, sino hacer converger a todos los que estén disponibles. Y la respuesta fue generosa, con la participación directa e indirecta de varios otros jóvenes, algunas chicas de la Juventud Femenina, así como otras realidades e individuos. Además, conscientes de su inexperiencia en este asunto, los muchachos de JM han pedido ayuda a quienes en este campo han estado activos durante años: la Comunidad de San Egidio.

Las misiones nocturnas por la calle

Gracias a la coordinación de dos jóvenes de San Egidio: Ricardo y Andrés, el 20 de noviembre ha comenzó el primer envío. Cita en la parroquia para preparar sándwiches y dividirse en equipos. Luego, una oración todos juntos, para recordar siempre que el protagonista de cada actividad sigue siendo el Señor y confiar la velada a la Virgen María y después salir a encontrar a los varios Ditmar, Gustav, Sonia, Pino, Lucas, Ibrahim …

Al principio hay incomodidad y un poco de temor. Existe el deseo de ser útil, pero no sabemos cómo acercarnos a desconocidos que además están en evidente condiciones de necesidad. Pero ir en grupo ayuda, además de estar acompañados de quienes han practicado este “oficio” durante años. Lentamente la tensión se derrite, la incomodidad cede a las sonrisas, a las frases cada vez más naturales, a los apretones de manos, al diálogo… Basta poco tiempo y aquellos, que antes eran «invisibles», incluso si estuvieron estacionados durante años en las calles alrededor de la parroquia, se convierten en nombres, caras, historias… En resumen, se convierten en personas a las que cuidar.

Durante el servicio también nacen muchas preguntas entre los voluntarios y el camino se convierte en una oportunidad para una comparación más amplia. Estas personas ¿cómo terminarían en la calle? ¿Cuántos han sido forzados por las circunstancias y cuántos ahora no tienen la fuerza para probar una vida diferente? Y luego: ¿podría pasarme a mí también? ¿Qué podría hacer la sociedad mejor para ellos? No hay respuestas a todas las preguntas, también porque al final se prefiere echar una mano y dejar aparte la teoría.

Una segunda cita se celebra en diciembre. Siempre procedemos con la guía de los miembros de San Egidio, pero se crece en el nivel de autonomía y responsabilidad. Se forman grupos más o menos homólogos a los del primer envío, para favorecer la posibilidad de estrechar relaciones personales con los sin techo. Algunos, de hecho, ya desde la segunda vez, recuerdan que han pasado pocas semanas y, por lo tanto, tienen la oportunidad de sentirse más confidentes: hay quienes primero se mostraron gruñones y en su lugar ahora se ríen y piden deseos para la próxima Navidad; hay otro que, locuaz por el alcohol, habla durante mucho tiempo sobre su visión del Génesis y la creación de la humanidad; hay quienes simplemente tienen ganas de contar su propio pasado, señalando que su vida no ha estado siempre en el buen camino …

A veces, la comida o las mantas que se planearon inicialmente, fruto de la colaboración de muchas personas (no sólo de los que participan de noche por las calles), no son suficientes para todos aquellos que se ha elegido visitar. Entonces se inventa algo: se adquiere, se va a la parroquia o por las casas para buscar otros elementos… Se les da prioridad, a los «hermanos necesitados».

El sentido de un servicio que se desea continuar.

La intención de JM ahora es continuar con esta actividad también en el futuro, organizando en grupo un envío cada mes e intentar, con el tiempo, ser totalmente autónomos, a fin de ofrecer un servicio adicional y complementario al que ya ha logrado la Comunidad de San Egidio. Somos conscientes de que probablemente no bastarán estos pocos recursos, puestos a disposición por un puñado de jóvenes, para resolver un problema social de gran porte, pero también somos conscientes de que en cada hermano encontrado a lo largo de la calle, es posible encontrar y abrazar a Cristo.

«Esto que nosotros hacemos es solo una gota en el océano, pero si no lo hiciésemos, el océano tendría una gota menos» (Santa Teresa de Calcuta).

 

Original: italiano. Traducción: Ana María Ghiggi – Santa Fe – Argentina

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