Publicado el 12. enero 2019 In Obras de la misericordia, Pastoral carcelaria, Proyectos

“¡Gracias por no olvidarse de nosotros en un día tan especial!”

PARAGUAY, P. Pedro Kühlcke/mf

¿Navidad en la cárcel? Una realidad triste para cientos de jóvenes en la Cárcel de Menores en Itagua, Paraguay, cerca del Santuario de Tuparenda. ¿Navidad en la cárcel? ¿Mientras que los demás descansen, cantan, comen bien y disfrutan de familia y amigos? Una locura. Una locura y una alegría para el equipo de la pastoral carcelaria de Schoenstatt. —

“¡Gracias por no olvidarse de nosotros en un día tan especial!”, decían algunos de los jóvenes, casi con lágrimas en los ojos…

Comentario de Ismelda, la “jefa de merienda” de cada sábado: ¡¡Y vale la pena!! Por un abrazo, por un rostro de alegría, por un momento diferente y por una estima de los jóvenes, de sentir y expresar “Ustedes son buenos y le tienen a Dios en su corazón, gracias por eso” esas fueron las palabras de uno de los jóvenes que nos agradeció haber compartido con ellos durante todo el año y la cena de Navidad.
Ellos también merecen ser la esperanza de la Patria.

¡Todo para conocer Tupãrenda y para conocer una vida diferente!

En sus visitas a la cárcel, así también en esta cena de Navidad, el P. Pedro a veces “desaparece” porque uno de los jóvenes quiere “hablar con el Paï”. O sea, confesarse. Pero confesarse en el sentido que Jesús quiso dar a este sacramento precioso: descargarse de todo lo malo, de todo lo complicado, de todo lo que pesa demasiado para hombros jóvenes.

Desparece a veces también el cuaderno que siempre lleva consigo. Vuelve, un poco después, con algo escrito por manos no acostumbrados a escribir.

Vuelve con algo como esto que dejó un joven:

“¡Ni por (una) mujer me corto el cabello, (pero) para ir a Tupãrenda sí!
¡Todo para conocer Tupãrenda y para conocer una vida diferente!”

Tupãrenda: esto es, esta extensión solidaria del santuario, la casa madre de Tuparenda, Morada de Dios. Esperanza, meta, razón de luchar y seguir adelante para los jóvenes en la cárcel. Un hogar, una casa donde vivir para encontrar una nueva vida. El 18 de octubre de 1914, en una capilla olvidada en el valle de Vallendar, Alemania, la Madre de Dios y de nosotros dijo: “Entonces atraeré desde aquí los corazones jóvenes hacia mí, y los educaré como instrumentos aptos en mi mano.” Desde entonces, se han construido muchos santuarios y muchas casas.

En este tiempo, parece, que la Madre de Dios, la Madre de Schoenstatt, quiere decir desde su Casa Madre de Tuparenda: “Entonces atraeré desde aquí los corazones jóvenes hacia mí, y los educaré como instrumentos aptos en mi mano…. Los corazones jóvenes heridos, tristes, abandonados, y los educaré como jóvenes felices, aceptados y alegres en mi mano. Y sí, como instrumentos aptos en mi mano.”

¡Gracias a todos los que nos apoyaron para celebrar la Navidad!

Equipo de la Pastoral Carcelaria

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