Petrópolis

Publicado el 2022-08-21 In Misiones

Misión Cristo Tabor 2022 – Petrópolis y Río de Janeiro

BRASIL, Juventud Masculina •

Después de dos años y medio sin que la juventud del sudeste se fuera de misiones, en la semana del 24 al 29 de julio la Juventud Masculina de Schoenstatt partió a Petrópolis – localidad donde diversas partes del municipio serrano sufrieron deslaves que dejaron un saldo de más de 230 muertos y varias familias desamparadas – decidida a expresar su solidaridad por medio de una actividad misionera, llevando a Cristo y a María a sus habitantes, escuchando a las familias y rezando juntos, con la convicción de que ese apoyo espiritual podría ayudar a la ciudad. —

La misión empezó con una recepción de los feligreses en la forma de un delicioso almuerzo al que le siguió un retiro espiritual para que los misioneros entraran en el espíritu de la misión. De hecho, la actividad misionera dio inicio con la misa nocturna en la parroquia de San Antonio, que acogió a los misioneros. El primer día, después de la misa, la juventud y la pastoral de calle se unieron para ir a tocar una realidad simple y delicada, tocar al Cristo que sufre, ir hacia nuestros hermanos en situación de calle, tener la oportunidad de conocer una realidad diferente y conversar con ellos, además de ofrecerles una sopa para calentar la fría noche de Petrópolis. Matheus Silva, uno de los misioneros, da su testimonio sobre esa experiencia:

“Había pocos hermanos en la calle, pero de los pocos que había, me llamaron la atención Andreia y Jhonny (coordinadores de la pastoral de calle) llamando a cada uno por su nombre, ¡los conocían y los trataban como familia! Esto me conmovió e hizo que mi mirada se volviera aún más hacia los hermanos de la calle. No solo quiero llevarles comida, también quiero ser familia”.

Matheus Silva

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Enviados de dos en dos a las calles de la ciudad

En un momento de gran agitación y ofrenda a Dios, fueron enviados de dos en dos a las calles de la ciudad. Así fue, de lunes a viernes, mañana y tarde, con mucha entrega, bajo el sol y hasta con lluvia (el último día de la misión). Fue una experiencia de fe intensa, al final de las visitas, en el compartir entre los misioneros quedó claro que la misión estaba cumplida, que era necesaria y que en las puertas abiertas a los jóvenes se abrió una puerta para Cristo y María para habitar en esa casa. Uno de los misioneros, Christoffer, de Curitiba, tuvo su primera experiencia misionera y compartió cómo fueron las visitas a las familias:

“Esta fue mi primera misión y no podría haber sido mejor. Conocí mucha gente nueva, escuché muchas historias y me emocioné con las familias que aún están de pie, que continúan la vida incluso con mucho dolor. Eso me demostró que mis problemas son mínimos en comparación con lo que tenían esas familias. Creo que mi visita a las casas tuvo un impacto muy positivo, no solo en las familias, sino también en mi vida. Además de haber aprendido de las personas que visité, también pude llevar la presencia de la Madre peregrina y de Dios. Llevé esperanza a estas familias, pude ayudarlas a recuperar la fe que muchos habían ya perdido.

Estoy muy feliz de haber sido parte de esto. Todo fue como una luz al final del túnel, no solo para las familias, sino también para mí”.

Christoffer Lineve

Las visitas a las casas no fueron el único momento en que los misioneros pudieron misionar, sino que, cuando llegaban en la tarde de la misión, tomaban un café para compartir no solo entre ellos, sino con la comunidad de la ciudad, un tiempo que también podría extenderse a las conversaciones de las casas. Todos los días, después del desayuno, se rezaba el rosario y la misa.

La finalidad de esta misión era estar abierta a la comunidad desde el primer período misional hasta la cena, teniendo así un extenso período misionero, ya que después de la misa, los muchachos de la Juventud Masculina invitaron a los jóvenes de la ciudad a compartir una cena, una comunidad de vida, un tiempo de oración y también de mucha conversación y diversión. En ese momento, los jóvenes pudieron conocer más sobre el carisma de Schoenstatt, cómo conviven los misioneros, además de mostrar quiénes son y dar su testimonio.

El que lleva a Cristo

Durante la misión hubo algunas particularidades en la “rutina” de los misioneros. El lunes se subieron a un camión y salieron a celebrar en caravana con la comunidad el día de san Cristóbal, patrón de los transportistas y quien es “el que lleva a Cristo”, ejemplo que los misioneros quisieron seguir durante la semana.

El jueves, la propuesta también fue un poco diferente: asistieron a misa temprano en la mañana y luego pudieron conocer y compartir con las Hermanas del Arca de María, una comunidad religiosa de la Iglesia católica. Por la noche se bendijo una capilla de María, Madre de Dios y su Hijo, ermita que fue construida por los mismos misioneros durante la semana de la misión. Ellos mismos la cortaron, atornillaron, barnizaron y arreglaron. Después de la bendición, la comunidad (misioneros y feligreses) se dividió en cuatro grupos y caminaron hasta las zonas donde ocurrieron los deslaves en febrero y marzo para orar por las personas que perdieron la vida y sus hogares en esta tragedia. Ese momento generó mucha conmoción.

Todos regresaron mojados, pero con mucha alegría

Finalmente, la última particularidad fue el viernes por la mañana. Con pocas casas para visitar, hubo tiempo para ir a la catedral y al museo de la ciudad imperial. La ciudad fue una vez el hogar del emperador de Brasil, don Pedro II y temporalmente capital del país. Se pensó que era importante “mezclar” fe y cultura para que nuestros jóvenes conocieran la historia de su país, porque no se construye historia sin pasado.

Como se mencionó anteriormente, el último período de la misión (viernes por la tarde) estuvo marcado por la lluvia, precisamente el período en que algunos misioneros fueron a una cuadra y paradas de autobús (lugares abiertos) para misionar a las personas que estaban allí mientras que otros lograron refugiarse en las casas que visitaron. ¡Todos regresaron mojados, pero con mucha alegría y con la sensación del deber cumplido!

Rio de Janeiro

El viernes fue el día de despedirse de Petrópolis, ya que los misioneros aún tenían otra tarea por delante: ¡Ir en misión a Río de Janeiro!

En Río de Janeiro, la Juventud Masculina fue invitada por la familia local a participar de la III Peregrinación Juvenil Arquidiocesana, en la que durante la mañana y la tarde del sábado (30/07), vivieron momentos de adoración, alabanza, música, conferencias y mucha alegría. Por la noche, la propuesta fue un Luau on the Beach para la juventud local, bajo la luz de la luna, con música y diversión.

El domingo (31/07), último día de misión, los misioneros fueron invitados a acompañar la celebración de la Eucaristía a los “pies de Cristo”, en Cristo Redentor. Y cantando el Himno del Héroe de Schoenstatt, Franz Reinisch, se coronó toda la semana misionera, finalizando con un grito que transmite lo que todos los misioneros creen: “¡Ella obrará milagros!”.

PetrópolisFuente: jumasbrasil.com.br

Original: portugués, 17.8.2022. Traducción: Eduardo Shelley, Monterrey, México

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