Publicado el 15. mayo 2019 In Misiones

El que se da, crece

PARAGUAY, Eveline Person •

En mi séptimo año de misión, puedo afirmar que la gracia que María da en las misiones no la he sentido en ninguna otra experiencia. Cada misionero es llamado desde su pequeñez a servir. —

A la misión llegamos para hacernos todo a todos. En el estado del alma en que nos encontremos, en el estado de crecimiento en el que estemos, Dios y María nos eligen y llaman para que seamos sus manos, su voz, sus pies, para que seamos otras pequeñas marías y cristos para los demás, donde cada uno pone sus 5 peces y 2 panes y Dios se encarga de multiplicarlos.

Saliendo en entrega total

Uno deja su familia, su hogar, su comodidad y hasta horas de descanso, para darse del todo, sacrificando de lo suyo y olvidándose de uno mismo, dejando actuar a Dios, a nuestra Mater. En la medida en que pasan los días te vas dando cuenta de que son ellos quienes obran a través nuestro, dentro de nuestros corazones y sentimos poco a poco la labor silenciosa de la gracia divina, que termina venciendo nuestras resistencias del alma, limpiando y sanando nuestros corazones.

Desde mi experiencia particular, fueron 7 años de esa Semana Santa en distintos pueblos de darme sin contar, en plenitud a Dios, a la comunidad que nos recibía y a mis hermanos misioneros. Mi primer año fue en parte con miedo, porque no conocía la temática, pero sentía en mi corazón un llamado que me decía “tienes que ir”. Fue así como primero fui sintiendo en mi corazón que Dios reclamaba una partecita de mí y ahora, 7 años después, acabó reclamando todo lo que soy, toda mi vida y todo mi ser. Ahora, viendo en retrospectiva, vuelvo a confirmar que cuando Él y nuestra querida Mater te toman de la mano, no te sueltan fácilmente, hasta diría que nunca te sueltan.

Dios es la única fuente auténtica de felicidad

Y fue así como cada año la misión fue invadiendo mis Semanas Santas, mis 5 días en el año a los que llamé “mi pedacito de cielo” y “mi combustible” para seguir, para continuar. Hoy puedo afirmar sin duda que la misión vivida con fe es una luz que invade, y mientras más se vive, mayor es la luz. Ella, nuestra querida Mater, penetra en nuestra alma y hace que todo lo veamos en función de lo esencial, nos hace ver que cada gota cuenta, que el bien es contagioso y que existe una autentica felicidad que anida en el fondo del alma y tiene una sola fuente, que es el amor de Dios.

En mi séptimo y último año de misión, la Mater me regaló poder cerrar mi ciclo en mi querido pueblo de Mbocayaty y mi último año de misión en las Misiones Universitarias Católicas (MUC) con la persona que Dios soñó para mi desde la eternidad, con mi esposo Manuel. Aunque sí fue particularmente más difícil ir de casada, con nuestras luchas, alegrías e intentos cotidianos fuimos y dijimos “sí” a la misión. Hoy puedo afirmar que, después de haber vivido esos 5 días, pudimos experimentar una vez más que pocas alegrías humanas son tan hondas y festivas como cuando dos personas que se aman han conquistado algo juntos, un esfuerzo compartido, de darnos por completo para vivir en el amor de Dios y de María. Pudimos experimentar que el amor siempre da vida, y no se agota dentro de la pareja, sino que se expande al fondo de todas las cosas, de todas las personas, hasta llegar al fondo de nuestros corazones, donde, una vez más, nuestra mater reconstruye nuestras almas, nuestras raíces y todo lo que somos.

¡Jóvenes: anímense a dar la vida por Cristo!

Hoy les digo a todos los jóvenes que están leyendo este testimonio que la vida con Dios y María vale la pena. Anímense a dar la vida por Cristo, por María, anímense a dar su sí. Eso sí, les confirmo que no existe la misión cristiana caracterizada por la tranquilidad, que muchas veces en nuestras vidas las aguas estarán crecidas y tendremos vientos fuertes, pero que Él y nuestra Reina y Madre nos tomarán y pasaremos en medio de innumerables dificultades. Todos aquellos jóvenes que sienten en su corazón ese llamado de servir, esa vocecita dentro de su corazón que dice ¨tienes que ir¨, anímense a dar su sí y recuerden que ¨un pequeño sacrificio, un pequeño paso en medio de nuestros grandes limites humanos, puede ser más agradable a Dios que la vida exteriormente correcta¨. Nuestra tarea es cooperar en la siembra, lo demás es obra de Dios, obra de María.

Un agradecimiento especial a las MUC, que tanto me regalaron, de las que tanto aprendí y con las que crecí. Gracias también a todas esas personas excepcionales con las que compartí, viví y disfruté en las misiones, mi pedacito de cielo para siempre.

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1 Responses

  1. Que bello ramillete de jóvenes sirviendo a Dios llevando su Palabra a tantas familias , que el Espíritu Santo ilumine sus mentes y sus corazones. Dios les Bendiga

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