Publicado el 4. abril 2018 In Misiones

Vayamos a una casa más

PARAGUAY, Diego Lugo Osorio •

El último día de las Misiones Universitarias Católicas (MUC) me tocó ir, junto a mis hermanos, a misionar un poco más lejos de lo que habíamos llegado antes, ya que queríamos visitar a la mayor cantidad de familias y hogares posibles. Terminando el día, casi a la hora de regresar, entramos a lo que “consideramos” el último hogar a misionar. Como era el último, tardamos un poco más de lo acostumbrado. Al salir y ya preparados para regresar, un misionero oriundo de San José Obrero, que nos acompañaba en la misión, nos dijo: “Vayamos a una casa más”. Todos, sin dudar y sabiendo que con eso quizás llegaríamos tarde para la hora estipulada de regreso, dijimos: “Vamos”. —

Al llegar encontramos, sentada bajo la sombra de un árbol a (Do)Ña Olegaria, a quien cariñosamente adoptamos como abuela. Nos recibió amablemente en su casa y se aferró fuertemente a la imagen de la Virgen Peregrina que iba con nosotros. Como acostumbramos hacer en todos los hogares que misionamos, empezamos a compartir la lectura del evangelio. Al culminar, una misionera se percata de que la abuelita estaba llena de moscas en la pierna. Al espantarlas, encuentra una herida abierta infectada, con pus y casi agusanada.

La mochila que permitió sanar las heridas

Justo ese día, había pensado que ya no sería necesario llevar mi kit de primeros auxilios que acostumbraba incluir en las misiones, pero por alguna razón, cuando estaba saliendo de la escuelita donde nos alojábamos, algo me dijo que lo llevara. Y regresé única y exclusivamente para agarrar mi mochila con ese kit, sin saber que ese día, un poco más tarde, Ña Olegaria lo iba a necesitar.

Quiénes me conocen saben que hace años soy bombero voluntario. En este tiempo, me tocó ver muchas situaciones en los servicios a los cuales acudí, cosas que fueron formando mi temple ante eventos que a otras personas les parecerían muy sensibles y hasta los superaría la situación.
En ese momento, en esa casa, los casi seis años formando mi temple ante situaciones similares se desmoronaron en segundos. Intenté contenerme mientras realizaba la limpieza de las heridas, y cuando levanté la cabeza y vi a mis hermanos y hermanas abrazados alrededor mío y de Ña Olegaria rezando, sentí fuertemente la presencia de Dios y de nuestra Madre acompañándonos, y empezaron a salir lágrimas de mis ojos.

Instrumentos de Dios para los más abandonados

Era evidente que en todo momento Ña Olegaria sintió dolor pero en ningún momento lo demostró.

Más tarde, la llevamos al centro de salud para que pudiera recibir los medicamentos necesarios. En el camino, su nieta nos contó que nuestra abuelita es madre de 16 hijos, quienes le abandonaron y olvidaron.

Gracias a que nos animamos a decir “Misionemos un hogar más y luego nos vamos”, Ña Olegaria pudo recibir la bendición de nuestra Madre y los cuidados médicos que necesitaba, lo que fue un ejemplo de cómo nosotros, somos sólo instrumentos de Dios en estas misiones.

Para quiénes me preguntaron que son las MUC, les respondo con el nombre de Ña Olegaria.

Misiones Universitarias Católicas (MUC)

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3 Responses

  1. Buenisimo trabajo por el Señor, sirviendo a los hermanos mas necesitados fuerza que Dios Bendiga tu vida y todos tus proyectos. Y que haya mas servidores en la Viña del Señor

  2. Hermoso testimonio! La mayor enseñanza… VAYAMOS A UNA CASA MÁS… no conformarnos… No quedarnos con la sensación de la misión cumplida, sino hasta que verdaderamente lo hayamos logrado. Saber escuchar el pedido de Dios se seguir siendo instrumentos. Como decía Joao Luis Pozzobon: “MAIS UM POUQUINHO” (un poquito más).

  3. Hermoso testimonio! La mayor enseñanza… VAYAMOS A UNA CASA MÁS… no conformarmos… No quedarnos con la sensación de la misión cumplida, sino hasta que verdaderamente lo hayamos logrado. Saber escuchar el pedido de Dios se seguir siendo instrumentos. Como decía Joao Luis Pozzobon: “MAIS UM POUQUINHO” (un poquito más).

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