Publicado el 14. abril 2018 In Misiones

Misiones Familiares 2018: por una Semana Santa “extraordinaria”

ITALIA, Federico Bauml •

Como ya es costumbre, durante la Semana Santa se han desarrollado las Misiones Familiares de la Juventud de Schoenstatt italiana. Le hemos pedido a dos de los participantes, Giacomo Zara y Anna Minici, que lo contaran para schoenstatt.org. –

Quien bien comienza, está a mitad de la obra

Giacomo, 23 años, fue uno de los responsables de la misión. Una tarea compleja, caracterizada por miles de imprevistos, que llevó a término -junto con Denise, la otra responsable- de la mejor manera.

He aquí su testimonio:

En la segunda parte de la Semana Santa de este año, una parte del grupo parroquial de jóvenes de la Parroquia de los Santos Patronos de Roma salió de la capital para llevar a cabo la actividad anual de la Misión. Al igual que el año pasado, el destino era la encantadora ciudad de Vico Equense, situada en la hermosa costa de la península de Sorrento. Esta experiencia, que se nutre de la tradición de las Misiones Familiares del Movimiento, representa uno de los pocos momentos en que los miembros de la comunidad tienen la oportunidad de realizar una actividad de forma transversal con respecto a la edad, recreando un ambiente familiar a través de la presencia tanto de jóvenes como de adultos.

La Misión ofreció la oportunidad de integrarse con la comunidad local de muchas maneras: participando en la liturgia, animando las celebraciones, visitando a las familias e incluso reuniéndose con el Obispo local. Como tantas veces han señalado los jóvenes, la Misión de este año se nutrió con sonrisas; desde aquellos un poco confundidos porque no sabían quiénes eran esos chicos de habla romana que llamaban a sus puertas, a aquellos casi conmovidos que se acordaban de nosotros y se alegraban de volver a vernos después de un año.

Con el pasar de los días, no pudimos evitar darnos cuenta de que un objetivo como el de la Misión Familiar no se puede lograr solo: en los brazos abiertos que nos recibieron, en el entusiasmo de quienes vinieron a nuestro encuentro y en la simplicidad con que cada pequeño obstáculo ha sido superado, se ha manifestado una energía que nos trasciende a todos y, como muchos han señalado en sus testimonios, simplemente hemos sido instrumentos.

Una iglesia de puertas cerradas deja de ser una iglesia

Los días de la Misión fueron un testimonio de cómo hay una familia donde hay amor y cómo hay un hogar donde hay una iglesia. “No hay nada extraordinario en lo que he hecho para darle la bienvenida”, fueron las palabras con las que el párroco de Pacognano nos saludó, antes de que partiéramos: una expresión, tal vez incluso más fuerte, de cómo cada camino en la fe comienza con una puerta abierta, y cómo una iglesia con puertas cerradas deja de ser una iglesia.

Al final de los cuatro días de la Misión, tan densos que casi nos habían impedido procesar las emociones que nos habían traído, cada uno de los muchachos trajo a casa un equipaje diferente. Todos ellos, sin embargo, no han dejado el hermoso paisaje de la península de Sorrento sin una pizca de melancolía, sin la fotografía mental de las sonrisas que llevamos a las casas, y sin una profunda revitalización de la esperanza que los jóvenes representan para la iglesia del futuro”.

¿Cuál es la misión?

A Anna, ya una “veterana” de las misiones a pesar de los 18 años que acaba de cumplir, le preguntamos “¿Qué es para ti la misión?”.

“Durante la misión de Pascua de este año, realmente entendí el significado de esta actividad para mí. Al entrar en las casas de la comunidad de Vico Equense y de Pacognano, me di cuenta de cómo María y Jesús actúan sobre nosotros los jóvenes y sobre las familias de acogida: no es fácil darles la bienvenida, aunque sea por pocos minutos, a unos extraños en su propia casa, y no es tan simple orar y ser un elemento de consolación y felicidad para las personas de las que nada se sabe. En todas las casas donde entré, la generosidad fue una constante. Una generosidad que llenó mi corazón, mi espíritu y me reveló el verdadero rostro de Jesús resucitado.

De la misma manera, experimenté la grandeza del Divino sobre mí. Ser las “piernas” de María, y luego llevar su imagen peregrina entre las diversas familias, me hizo comprender que misionero significa ser un instrumento, ser guiado para difundir la Palabra”.

Estas fueron mis palabras en la reunión con el obispo del interior de Sorrento, quien comentando el Evangelio de Juan 12,20-33 nos explicó que en nuestro proyecto somos las semillas, que si se dejan guiar, darán vida a maravillosas flores.

Estoy agradecida de haber participado este año en la misión de la Virgen Peregrina, porque Ella me dio el privilegio de ser una pequeña parte en el gran y misterioso proyecto que Dios tiene para nosotros”.

Después de dos testimonios tan bellos, queda poco por añadir, excepto una frase de nuestro amado padre fundador José Kentenich: “No fui yo quien se inventó la misión, es Dios quien me creó para realizarla”.

…Hasta las próximas Misiones Familiares …

 

Fotos: Denise Campagna.

Original: italiano, 8/4/2018. Traducción: Ana María Ghiggi, Santa Fe, Argentina

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