Publicado el 29. abril 2017 In Misiones

Encuentro con Jesús en las Misiones Universitarias Católicas (3)

PARAGUAY, Sebastián Denis•

Con el relato sobre el cierre de las Misiones Universitarias Católicas (MUC) 2017 termina la «mini  serie» de artículos de Sebastián Denis sobre las vivencias en esta edición de las MUC en Santa Elena.

El domingo ya nos despertamos en un ambiente de fiesta, luego de tanto compartir, de una noche tormentosa y de haber dormido pocas horas, desayunamos y preparamos los equipajes para el retorno.

En el final tendríamos el último y más íntimo momento con Jesús resucitado, que ya había tomado nuevamente nuestra capilla. Esta era una oración diferente, ya que el capitalario estaba lleno y llenos también nuestros corazones de tanta alegría, amor y momentos vividos a lo largo de la semana, tanto que agradecer y tanto porque bendecir a Dios.

Con el Santísimo Sacramento expuesto, nuestros corazones llevados de la mano por nuestra Mater se llenaban de la misericordia del resucitado, que nos enviaba a ser sal y luz en nuestros lugares de la vida diaria, siendo santos de camisetas y jeans como nos pedía San Juan Pablo II, inspirador de  estas misiones. El abrazo entre misioneros, en el momento de darnos el saludo de paz del Resucitado, hizo que todos termináramos en un abrazo mayor con la música de guitarras y violines, talentos que la Mater nos regaló para sentir de más cerca su abrazo maternal, cantando primero músicas de adoración para luego terminar con el himno de las , «Misioneros» del Padre Manuel López Naón.

Misa de Pascua con Mons. Claudio Giménez

Luego de la oración se desmanteló la escuela, tuvimos el último momento de grupos y un almuerzo express para poder llegar a la Parroquia de Caacupé donde nos esperaban los misioneros de esa ciudad y todos los de nuestra zona para celebrar los días vividos.

La misa fue presidida por Monseñor Claudio Giménez, Obispo de la Diócesis de Caacupé y Padre de Schoenstatt de la Generación fundadora. Allí fuimos recibidos por los coordinadores diocesanos de la pastoral de juventud y nuestro asesor, el Padre Pedro Kühlcke, también Padre de Schoenstatt.

La Iglesia estaba llena y estalló cuando Monseñor nos decía que este año el párroco se adelantó si celebramos allí el cierre, pero que como nos quedaba algo ajustado el lugar, y previendo que el año que viene se sumarán más misioneros, ya marcó la cita de cierre del próximo año de las MUC en la Basílica de la Virgen de Caacupé, centro espiritual de nuestro país.

En su prédica, Monseñor Giménez pidió que surgiera una Pascua Paraguaya, un país que en la fuerza de su fe cristiana y el evangelio de Jesús resucitado sea un país fuerte, humilde y próspero, basado en la honestidad, donde se supere la desconfianza y la violencia. Resaltó tres puntos: que Jesús está vivo, que nuestra fe es con esa persona viva y que debemos luchar para que los signos de la vida triunfen.

El Padre Pedro, por su parte, agradeció en nombre de las MUC a los pueblos y las diócesis por abrirnos sus puertas y reafirmó nuestro compromiso de servicio a las comunidades. Nos invitó a no desanimarnos al volver a nuestro día a día, sobre todo a los que misionan por primera vez, porque el lugar de misión es nuestra casa, nuestro trabajo y la universidad, y que cuando nos atrape el desánimo miráramos siempre nuestra cruz misionera y recordáramos que nuestra vida se debe encender por la misión que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo nos regalaron.

Testimonios

Finalmente quisiera compartir algunos testimonios de algunos misioneros de Santa Elena.

Luján Leiva, de la Juventud Femenina Universitaria -JFU-, compartió que lo que más le llegó fue el testimonio de una abuelita de 90 años. Ella había sido catequista, en sus años de juventud. Miraba atentamente a la Mater y decía que Ella vino a visitarle para traerle tesãi (salud). Nos dio la bendición al despedirnos.

Rubén, de Chile nos dijo que en verdad le gustaría decir muchas cosas. Pero lo cierto es que vino a pasar unas vacaciones distintas y volvía con el alma renovada en Cristo, y el amor de cada uno de los paraguayos que pudo mirar a los ojos. Verdaderamente estas misiones calaron hondo en su corazón y a pesar de que aún no se iba de Paraguay, ya quería volver a vivir esta hermosa experiencia de amor a Dios.

«Verdaderamente, desconocer el amor que Dios ha tenido conmigo sería un despropósito puesto que, desde el primer momento en que Paraguay apareció en mi mente para poder visitar en las misiones, Él se ha preocupado de mostrar que todo es obra de su amado corazón», nos decía.

Carlitos Estigarribia, de la Rama de Hombres de Asunción, compartió que las MUC, en resumidas palabras, fueron como vivir en la propia piel el camino en cruz de Jesús y luego la resurrección… «Comparo ese camino en cruz con toda la preparación, ya que durante este período había pasado por momentos terribles que me bajoneaban y muchas veces pensé en rendirme, pero sentía que Jesús me enviaba Cireneos para no decaer… y luego pude llegar a la semana de misión, donde viví cosas increíbles, que las comparo con la resurrección. Fue maravilloso, sentía que Jesús me regalaba cada instante que estaba viviendo. En mis hermanos de misión y en cada misionero veía que Jesús se hacía presente… y aparte, la Mater me regaló poder compartir mi pueblo con amigos increíbles, la verdad fue una semana llena de regalos de Jesús y María».

Como cierre de estas misiones, tuvimos la Santa Elena Fest, donde se otorgaron premios simpáticos y también los más significativos. Kike Fanego fue elegido como Misionero Revelación, por todo lo que aportó al ser éste su primer año de Misiones Universitarias. Néstor Viveros fue Misionero de Oro y ambos recibieron presentes muy especiales: Kike recibió una imagen de la Virgen de Caacupé y Néstor un rosario de rosas de la Mater. Ambos pertenecen al Santuario Joven de Asunción.

Para concluir, todos los misioneros deseamos que estos 355 días que quedan antes de las próximas MUC nos ayuden a fortalecer nuestro compromiso misionero por un Paraguay mejor, y juntos lograr que sea La Nación de Dios, corazón de América que todos anhelamos.

Padre, Hijo y Espíritu Santo, Nuestra vida por tu misión.

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