Publicado el 16. enero 2016 In Misiones

Antorchas vivas llevando fuego del santuario

PARAGUAY, Ricardo M. Acosta, Hermano de María de Schoenstatt, diócesis de San Lorenzo •

La labor apostólica de “Schoenstatt para la iglesia” se ha extendido en diferentes ámbitos, una de gran trascendencia para la iglesia en salida son las misiones. Las misiones Tupãrenda 2016 (la segunda edición en la ciudad de Itá) congregó a más de cien personas en la segunda semana del nuevo año; 5 días de intensísima labor misionera en una ciudad que queda a unos 15 kilómetros del santuario Nacional de Tupãrenda.

El paradigma eclesial y misionero de la «salida» tiene una fuerte raíz antropológica: el ser humano se realiza en la donación, en la salida de sí mismo. Comenzaremos fijándonos en cada persona que sale de sí misma para encontrarse con los otros y con Dios.

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Misiones Tupãrenda: compromiso, solidaridad y encuentro

El COMPROMISO de todo cristiano es no quedarse encerrado en “su” mundo y “sus” comodidades, sino salir a llevar mensajes de esperanza y de ternura a tantos hogares carenciadas de ellas. El movimiento de Schoenstatt, caminando en el segundo año del nuevo siglo, ofrece muchas oportunidades apostólicas para “aprovechar” las vacaciones de verano de manera generosa hacia otras personas.

El papa Francisco nos propone: de la «autorreferencialidad» a una Iglesia misionera; de una Iglesia «mundanizada» a una Iglesia «pueblo»; de la «vanidosa sacralización de la propia cultura» a la catolicidad inculturada; del centralismo a la descentralización; del centro de la sociedad a sus periferias; de la preocupación de la Iglesia por sí misma a la cuestión social; una Iglesia pobre y para los pobres. (Evangelii Gaudium).

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Cada uno puede testimoniar las infinitas dichas que ha recibido en los cientos de santuarios esparcidos por todo el mundo. Esto nos invita a no ser egoístas o cómodos, sino a mostrarse solidarios hacia los demás. Esta SOLIDARIDAD, el “darse” a los demás, no disminuye lo que tanto uno recibió, todo lo contrario, “recibirá el ciento por uno y la vida eterna” (Mc 10, 28-30).

Es una experiencia extraordinaria ser partícipe de la realidad de tantas familias; siempre nos lleva a mirar nuestra propia realidad, a cuestionarnos nuestros propios problemas y mirar con misericordia al otro. Es también contemplar con la propia experiencia las huellas de Dios en aquellas personas.

La “locura” para muchos es el entusiasmo y empatía para otros y en el otro. Un espíritu generoso no se toma como referencia, sino se olvida de sí y se da sin nada a cambio. Doña Celia nos contaba la felicidad que tiene al tener a su papá de 103 años todavía sano.¡ Cómo las personas siendo adultas “vuelven” a ser niños!, reflexionaba ella. Y que requieren todo el cuidado como una criatura en sus primeros añitos de vidas. Este testimonio nos ha enseñado que el “mejor asilo” es el hogar y la familia, especialmente para las personas que ya no pueden valerse por sí mismas.

Este ENCUENTRO de corazones que se vive en las misiones, rompe todo esquema y paradigma que uno mismo se pudo haber trazado. Porque en solo 5 días tu vida puede girar 180°, conocer a centenares de personas que están en su propia búsqueda y comparten muchas de ellas tus realidades. Cuando hablamos de encuentro, no salimos a que todos nos acepten o nos “den” las gracias, uno pudo haber experimentado incluso el rechazo, pero por encima de todo uno fue para descubrir a Jesucristo que vive en cada hombre. Es exigente, porque presupone olvido de sí mismo y un desprendimiento sincero.

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