Publicado el 2015-10-08 In Misiones

¿Qué ha significado Cuba para mí?

CUBA/ESPAÑA, Elisa Menéndez-Pidal Zabía, de la Misión Cuba de la Juventud Femenina de Madrid •

Desde el inicio Cuba fue algo que vino totalmente de la Providencia. La Juventud Femenina de Madrid quería tener un proyecto para el verano, pero no sabíamos dónde, ningún país parecía que nos abría sus puertas para poder ir, y fue después del Jubileo cuando unas cuantas chicas nos encontramos con un testimonio de un tal Padre Bladimir en el Santuario de Pozuelo.

Personalmente yo no sabía muy bien que hacía ahí, pero fue oírle hablar sobre Cuba y poco a poco se fue enciendo algo en mí que no sabía lo que era… Y de repente lo vimos claro, ¡Teníamos que ir a Cuba! ¡Las chicas de Madrid ya teníamos proyecto para el verano! Dios nos lo puso en bandeja.

Los siguientes meses de preparación se hicieron duros, reuniones formativas, eventos para recaudar dinero; parecía que siempre se torcían las cosas, pero teníamos una cosa clara: esto era algo totalmente de Dios y de María e iba a salir adelante.

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Bienvenida con el himno de Franz Reinisch

Por fin llego el 9 de agosto, me acuerdo de la adrenalina que sentía antes de subirme al avión pensando en el increíble viaje que nos esperaba, estábamos todas muy nerviosas y emocionadas a la vez. Cuando llegamos a La Habana, nos esperaba una gran sorpresa. ¡El Padre Bladimir nos había ido a recoger con todos los chicos de la parroquia!, y no solo eso sino que ¡nos recibieron con banderas de España, Cuba, Schoenstatt y el himno de Franz Reinichsz sonando por todo el aeropuerto! Aquí realmente fue donde empezó todo y donde se empezaron a forjar los vínculos tan fuertes con este grupo de cubanos.

En este pueblecito de pescadores…

Nuestra tarea era muy concreta, no sólo era ayudar al Padre en las cosas de la parroquia y en lo que nos pidiese (le ayudamos a preparar un campamento de niños pequeños para todo el pueblo de Santa Cruz y comunidades de los alrededores) era fundar Schoenstatt en este pueblecito de pescadores y hacer misión.

Durante mi experiencia allí pude observar un poco como es la situación de Cuba, y es muy dura, no voy a contar cosas políticas, ni económicas porque todos sabéis como es el comunismo, pero si contaos como afecta a la persona.

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Cuando un pueblo no sabe de Dios

Cuba es un país en el cual la ideología está antes que el propio ser humano, y es impresionante como esto corrompe al hombre en todos los sentidos. Ellos no conocen lo que es la libertad, y con esto me refiero a la libertad interior; viven totalmente condicionados por el régimen y esto afecta todo los ámbitos: las familias, la educación, la diversión, pero en lo que más influye es en las creencias.

Cuba lleva cincuenta años sin oír hablar de Dios y las que lo han podido transmitir, eran las abuelas que ahora poco a poco están muriendo, por lo que hay dos generaciones de gente totalmente atea que ni si quiera saben quién es Dios, Jesús, el Papa… porque todo eso se lo arrebataron. Esto es realmente impactante porque si tú a una sociedad le quitas a Dios le quitas la esperanza, las ganas de vivir, de tener aspiraciones, de querer esforzarse. Todos son iguales, da igual que tú eres bueno pintando o que se te dé muy bien la informática, nadie puede explotar aquello que se le da bien porque todos tienen que tener la misma igualdad de condiciones, es muy triste y a uno se le encoge el corazón cuando ve a este pueblo tan cercano a España y a nuestras raíces.

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Las abuelas y la Virgen de la Caridad

Schoenstatt por lo tanto es una respuesta a lo que ellos necesitan, que es familia y libertad. Allí la institución de la familia no existe, la gente no se casa, no existe la fidelidad y eso repercute mucho en los niños. No tienen libertad interior, por lo que viven sin esperanza y con muchas ataduras.

Cuba es un país muy mariano por lo que era muy fácil acercarse a sus corazones a través de la Virgen de la Caridad del Cobre que es la patrona de Cuba. Castro no la quitó porque la atribuyó como un icono nacional de tradición popular por lo que era muy fácil enseñarles que la Virgen de la Caridad y la de Schoenstatt era la misma virgen y eso les encantaba y emocionaba.

A mí me han enseñado a rezar

11954676_985766864809290_5248218077428508021_nComo experiencia personal ha sido increíble; no era un voluntariado, era misión, que es llevar lo más importante para mí que es Dios, el carsima de Schoenstatt y ver como a estos chicos de la parroquia les emocionaba el Padre Kentenich o la Mater (muchos de ellos han hecho la Alianza, hay grupo de Apóstoles de María, de Cruzados, de Madres y de Madrugadores) Eran más de Schoenstatt que nosotras, sin tener Santuario y tenían una fe que sinceramente, a mí me han enseñado a rezar. Yo nunca he visto a nadie rezar como lo hacían estos chicos y como tomaban todo muy en serio, un ejemplo a seguir además de el gran compromiso que tienen con la Parroquia y con el Padre y ver totalmente que lo hacen por Dios y por nadie más.

Occidente tiene mucho que aprender de Cuba. Es gente que no tiene complejos, que son auténticos, alegres, acogedores, buenos, que no tienen nada y te dan todo; es algo que te toca el corazón, ver a gente tan pobre y tan buena.

Cuando estas así en algo tan puro y santo, donde no hay las complicaciones, las distracciones de tu día a día, donde se da importancia a lo que realmente lo es, es mucho más fácil ver a Dios en todo, porque no hay cosa que te impida hacerlo: en los niños, cantando con ellos, jugando, en conversaciones con los cubanos… es algo muy fuerte que te quieres traer a España pero no sabes cómo hacerlo.

De vuelta de Madrid

Esto es lo que nos pasa a los que tenemos el privilegio de ver la realidad del mundo… no te quieres ir, porque allí todo es mucho más fácil y te vuelves un poco reacio a todo de lo que provienes. Pero yo creo que he descubierto cual es el arma perfecta para intentar vivir con la misma ilusión que cuando te vas fuera: es hacer de lo ordinario algo extraordinario. Y esto es muy fácil, es solamente poner a Dios en todo lo que hagas, desde haciendo tu cama por la mañana, hasta de sonreír al conductor del autobús, porque de otra cosa de la que te das cuenta cuando vuelves, es que aquí la gente está amargada, va triste a todas partes, aquí hay una pobreza espiritual brutal. Te das cuenta de que ser católico es una gran responsabilidad de la que tenemos que ser conscientes y ser santos en el día a día, en las pequeñas cosas y manteniéndonos fieles a nuestra Alianza de Amor con María.

Mi intención es hacer de mi vida: Cuba

Seguir viendo a Dios como lo hacía allí, también aquí en Madrid, aportando esa felicidad que tanto les caracterizaba y que tanto echo de menos.

Adsum Mater, nuestro lema de misión que viva siempre en mí y en todas las misioneras. Que nunca, nunca olvidemos este gran viaje que hemos compartido juntas, junto a esos jóvenes cubanos schoenstattianos y al Padre Bladimir que tanta labor hace allí y del gran ejemplo que es para tanta gente de Santa Cruz del Sur.

¡Unidos a María conquistemos Cuba!

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1 Responses

  1. ¡Muchas gracias por tan hermoso testimonio! Muy original el camino que ha elegido la Providencia para «el camino de regreso» de la Alianza de Amor. Desde el Schoenstatt europeo a América Latina. Y en este caso, las misioneras europeas son las portadoras del entusiasmo latinoamericano, de esa pobreza material que deja mucho lugar a Dios. Justamente hoy, domingo, se proclamó el evangelio del joven rico, que no pudo seguir a Jesús por estar atado a sus posesiones. Bellísimo el relato de estas misioneras españolas, que nos ayudan a valorar lo que tenemos, tanto allá, como aquí.

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