cárcel de menores

Publicado el 30. septiembre 2018 In Obras de la misericordia, Proyectos

El corazón de oro de la cárcel de menores de Itauguá

PARAGUAY, María Fischer

No se suspende por la lluvia. No se suspende ni por la lluvia torrencial que en pocos minutos transformó a los caminos en arroyos y que hizo suspender muchas otras jornadas y reuniones. A mediodía del 16 de septiembre, el primer día posterior al 50° aniversario del fallecimiento del P. Kentenich, como todos los domingos, el P. Pedro Kühlcke salió de Tupãrenda hacia la cárcel de menores de Itauguá para visitar a los jóvenes y celebrar la misa dominical en la humilde capilla de la cárcel. Cristo, el Señor, salió a la periferia, para hacerse presente en pan y vino entre los más abandonados. Qué privilegio poder estar donde él quiere estar este domingo.

Mojados y sucios después de recorrer por más de dos horas todos los pabellones de la cárcel de menores, mojados y sucios como los 10 o 15 jóvenes que se acercan para celebrar la santa misa, nos encontramos en la capilla. Es mi primera misa en esta cárcel que ya visité cuatro veces, la cárcel donde tomé el primer tereré de mi vida, y donde este domingo conocí el tereré ruso (hecho con algún tipo de jugo… y mucho amor). Mientras que dos de los jóvenes, con mucho entusiasmo y suaves indicaciones del P. Pedro, armaban el altar y se vestían de blanco, vino a mi mente algo que el P. Pedro mencionó pocas horas antes en su charla para la Juventud Masculina sobre la pedagogía del P. Kentenich aplicada en la periferia, o sea, en la Pastoral Carcelaria y en Casa Madre de Tupãrenda: la pedagogía de la confianza que nos hace creer a nosotros y a los propios jóvenes que tienen un corazón de oro, a pesar de todo lo que hicieron y a pesar de todo lo que sus propias familias y la sociedad les hicieron sufrir. Estos dos monaguillos en su vestido blanco, que ahora parecen ángeles y sonríen como niños, robaron celulares para drogarse y calmar el hambre, el hambre por pan y el hambre por un poco de felicidad o al menos olvido de una realidad demasiado dura.

Toda la familia en la cárcel

Recuerdo al primer joven que abrazamos al llegar, a quien llamaremos Alí. Llegamos a la hora de visitas y en cada rincón se veían jóvenes con sus novias o sus padres o hermanitos, que les llevaban jugo, pan, dulces y un poco de cariño, cercanía. “¿No tienes a nadie de visita?”, le preguntó el P. Pedro. Alí respondió, con voz baja: “No, nadie”. ¿Dónde están? “Mi hermano está en la cárcel de mayores, después de ese robo, Pa‘i… Mi mamá y mi hermana están en el Buen Pastor (cárcel de mujeres). La droga, sabes… Nadie me puede visitar, Pa’i”. Nosotros te visitamos, Alí. No llevamos nada más que nuestra presencia, nuestro abrazo, nuestra escucha, unas palabras que parecen tan pobres frente de tanto dolor y tanto abandono. “Cuántos meses aún te quedarás aquí?”, le preguntó el P. Pedro. “Seis”, dijo Alí. “¿Y qué quieres hacer cuando salgas?”. La cara triste de este joven de 16 años se iluminó y sus ojos brillaron: “Trabajar en Tupãrenda y hacer una vida diferente”.

Lo escuchamos muchas veces más. Tupãrenda, la Casa Madre de Tupãrenda, les da a muchos de estos jóvenes una perspectiva para el día en que salgan de la cárcel. “Antes no sabían a donde ir. Pa’í, cómo dejar la droga si mi madre es la traficante del barrio, me comentó uno”, dijo el P. Pedro. “Salieron para volver a la cárcel pues nadie les daba un cómo vivir sin droga ni robos”.

Recemos por las victimas de nuestros delitos

Se llevó a cabo la santa misa, aquí en esta capilla sencilla, dentro de la cárcel de menores. Es un poco una misa para niños con cantos simples que se pueden memorizar, un poco una catequesis de la misa, pero es más que nada la celebración de la salida del Hijo de Dios hacia la periferia. Este domingo 16 de septiembre habrá misas solemnes en templos preciosos, misas con coros maravillosos e himnos que te elevan al cielo… pero esta, mi primera misa en una cárcel, me pareció la más solemne, emotiva y profunda que he vivido en años. Nada de estas peticiones preformuladas. Los jóvenes pidieron por sus madres, por sus padres, sus hermanos. Pidieron por los encarcelados, los enfermos, los en soledad, y lo hicieron en serio pues los conocen… ¡Dios mío!, pidieron por “la tía María y los que trabajan con ella para que nuestras historias salgan en su página de internet”. Pidieron por las victimas de sus robos, de sus delitos. Un momento de casi no poder respirar.

Vino Jesús para estar con ellos. La oración de consagración en la cual se realiza el gran milagro de la transformación del pan y vino en el cuerpo y sangre de Jesús; aquí en la cárcel, en medio de los más olvidados y abandonados. Es ese mismo Jesús que nació en un pesebre y murió por nosotros en una cruz. Jesús se hace presente en su totalidad; en su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad. Es el corazón de oro de esta cárcel de menores, el corazón de oro no solo para los presentes, sino para todos.

cárcel de menores Schoenstatt KentenichLa Mater en la puerta de la celda

Al final de la Misa, rezamos a la “Madre que nunca nos abandona” – es el título de la Mater aquí en este lugar de abandono. Mientras que los jóvenes se despidieron con abrazos para volver a sus celdas, pensé en esta celda donde conversé largo tiempo con unos cinco jóvenes, mientras que el P. Pedro estaba con Manuel que “tuvo que hablar con el Pa‘i” (o sea, confesarse).

En la puerta, pegada con cinta, la imagen de la Mater.

Ella nunca les abandonará.

cárcel de menores Schoenstatt KentenichCada sábado, el equipo de la Pastoral Carcelaria lleva merienda a los más de 100 jóvenes de la cárcel de menores. ¿Quiere aportar algo?

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2 Responses

  1. Emocionada hasta las lágrimas, mi corazón latiendo de ternura por todo lo que el amor, la cercanía, la misericordia y el perdón, pero sobre todo la Presencia de Jesús, el Hijo amado del Padre, en el momento de la Consagración en esa cárcel de jóvenes. Seguramente nunca sintieron un abrazo sincero, una sonrisa, un ánimo. Son niños pequeños hambrientos de amor y de hambre no sólo física sino espiritual. Sigan adelante con esa hermosa Obra de “salida de la Mater” y su Alianza de Amor.Comprometo mi oración y mi compañía espiritual a través de la Misa diaria, Adoración de los Jueves, pidiendo vocaciones sacerdotales, especialmente de allí, de la cárcel. Que salgan muchos “Pablos” que conquisten el nuevo mundo. Con cariño, María Piedad.

  2. Es una nota que parece escrita con el alma.

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