Publicado el 24. septiembre 2019 In Campaña

Hasta los confines del mundo contigo…

ARGENTINA, Marcela Obregón y Lionel Ruíz Díaz

En el mes de agosto, la familia de Schoenstatt de Resistencia, Chaco, recibió la visita de Ana Echevarría y Mercedes Bonorino, de Buenos Aires. Las hermanas son aquellas misioneras de la primera hora de la internacionalización de la Campaña que  con sus esposos – Guillermo Echevarría y Fernando Bonorino – y el Padre Esteban Uriburu trajeron  a Argentina  las primeras imágenes peregrinas que extenderían al mundo la Campaña del Rosario de Joao Luis Pozzobon.

Compartimos los testimonios y emociones vividas por Ana y Mercedes. En la familia de Resistencia percibimos como Dios en sus iniciativas, en el amor por la Campaña de don Joao Pozzobon, pudo expandirla con extraordinaria fecundidad gracias a la visión bendita del Padre Esteban Uriburu y de estos corazones  fieles como los de éstas mujeres, sus maridos y los misioneros de Argentina que con entusiasmo y compromiso se sumaron desde el año 1984. Impulsados por la fuerza del Espíritu Santo llevaron la Campaña del Rosario al mundo, internacionalizándola y a la vez localizándola en las distintas culturas. Un año y medio después, la Campaña había llegado a los 5 continentes.

En una mañana muy amena, Ana y Mercedes dieron comienzo a la jornada, agradeciendo con mucha alegría a la familia de Resistencia, por la invitación, por el gran recibimiento y hospitalidad.

Mercedes Bonorino relató que ellas pertenecen al movimiento de Schoenstatt desde 1976. Junto con sus respectivos maridos, guiados por el Padre Esteban integraron la Obra de familias, y hasta hoy continúan reuniéndose con el grupo de vida inicial.

¿Cómo lo conocimos a don Joao?

Nuestro encuentro con don Joao fue fruto del obrar de la Divina Providencia-dijo Ana Echevarría.Todo comenzó cuando llegó a nuestras manos una plática del Padre Kentenich que iba a marcar profundamente nuestra vida como familia y, más tarde, los destinos de la Campaña.

Esta plática nos llegó muy hondo porque Guillermo y yo, con nuestros hijos entonces pequeños, rezábamos el Rosario buscando aplicarlo a nuestras vidas y habíamos experimentado que el Rosario, así rezado, nos había regalado una fuerte transformación.  En su plática, el Padre Kentenich habla justamente de llevar a nuestra vida lo que contemplamos en el Rosario y nos enseña que la  Alianza de Amor, ese gran tesoro que la Virgen regala desde sus Santuarios de Schoenstatt, puede hacerse vida sencillamente,  rezando, viviendo  y  ofreciendo los misterios  del Rosario, como contribución al capital de  gracias. Un camino -dice el Padre- para asemejarnos a María.

Con Guillermo, sentimos que Dios nos llamaba a una misión. Acercar a muchos otros a este camino  de Alianza sencillo  y popular. El Padre Esteban Uriburu nos dió una imagen de la Virgen para que nos guiara. Nos dijo que se la había dado, en Brasil, un  señor llamado Joao Pozzobon que hacía una campaña del Rosario. No le dimos importancia a ese comentario y – sin saber que era una Peregrina – llevamos la imagen a nuestra casa y la coronamos Reina del Rosario en nuestro santuario hogar, para que regalara a muchos la gracia de  rezar y vivir el Rosario en Alianza con Ella.

Los frutos fueron tan grandes y extraordinarios que decidimos escribir a ese “señor Pozzobon” para pedirle “más imágenes como esa” para coronarlas con el Rosario  y enviarlas a toda América  como portadoras del Rosario vivido en Alianza.

El Padre Esteban  llevó nuestra carta y se la leyó a don Joao, quien le dijo: “Esto es divino, inspirado por el Espíritu Santo.”  Y le contó que tenía  preparada una oración que iba rezar el  8 de diciembre, donde  iba a pedir a la Virgen que la Campaña se extienda al mundo. Y terminó diciendo: “La Virgen me contesta antes  que yo le pida. Dígale  a este matrimonio que pueden venir a buscar las imágenes.”

Fue así que, el 28 de marzo de 1984, acompañados por el Padre Esteban viajamos a Santa María en un ómnibus, con jóvenes y matrimonios, a buscar las imágenes.

Así conocimos  a don Joao y quedamos fascinados por su persona  y su misión. Un apóstol popular, padre de familia y hombre de trabajo ejemplar. Y descubrimos en él un modelo a seguir que encarnaba plenamente el camino de alianza vivida en el Rosario, que con Guillermo anhelábamos llevar al mundo.

Todo ocurrió en la mayor simplicidad

Nos cuenta Mercedes:  “Antes de conocer a don Joao sólo había oído de él que rezaba mucho y, por ignorancia sobre la vida de oración, lo imaginaba, ensimismado, distante del mundo.Cuando llegamos a Santa María,  me sorprendió  ver parado junto al Santuario un señor muy sonriente, cercano. Allí estaba don Joao con un traje color verdoso que había mandado hacer especialmente para ese momento, por  la gran esperanza que significaba esa peregrinación de envío de las 25 imágenes para llevar la Campaña al mundo.

En esos días de encuentro fui comprendiendo que en ese diálogo constante con María  a través de los 15 rosarios diarios, don Joao recibía a cada paso la fuerza del Espíritu Santo. Nos fue contando la historia de su vida  y su Campaña, con total naturalidad, a través de hechos concretos, con tal maestría  para transmitir,  que sentimos que todo estaba inspirado. Fue asombroso. En tan poco tiempo quedó clarísimo todo lo que necesitábamos saber para formar a los misioneros. Don Joao  nos dijo que todo había sucedido en la mayor simplicidad, que él se había entregado como un pequeño instrumento, como un niño, para que la Mater lo guiara a donde ella le indicara: visitó familias, escuelas, etc…. “Escuchar para realizar,” nos dijo, “Todo el tiempo en oración entonces la madre siempre da una indicación nueva.”

Santa Maria 1984

Heroísmo es entregar un poco más que el deber

Don Joao se consagró a la Virgen libremente, sin imposición ni obligación, sino por amor. Él podía dejar en cualquier momento la Campaña pero su fe y compromiso eran más fuertes. Ni un solo día, aun enfermo dejó de llevar la imagen.

Nos explicó que comenzó a ir a misa, primero un día y después poco a poco pasó a ir todos los días. El heroísmo -nos dijo- es siempre dar por amor un poquito más allá del deber, y él, en ese poquito más, trataba de mantenerse firme. A medida que la Campaña crecía, él fue sintiendo la necesidad de enriquecerse, de alimentarse con oración y poco a poco  llegó a rezar 15 rosarios por día. En todas las cosas iba escalando un poquito más por amor, con heroísmo. El día que nos entregó las imágenes en el Santuario, se paró frente a nosotros que íbamos a partir como  misioneros y con emoción nos aconsejó: “Acción y contemplación”. Y agregó: “Héroe hoy, no mañana. Por amor a la campaña ser héroe hoy mismo.” De esa manera se despidió de nosotros y nos lanzó al mundo. Fue así como partieron las imágenes peregrinas a peregrinar hacia la familia, para salvar a las familias.

Como misioneros queríamos que la Campaña llegara a todas las familias de Argentina y del mundo. Al coronar a la Virgen, renovamos con don Joao nuestra consagración a rezar y vivir el rosario en Alianza. Queríamos  ofrecer cada día a María nuestra  oración y nuestra vida  para mantener viva su corona, como Reina del Rosario en todo el mundo.

Don Joao nos contó que en  un tiempo tuvo problemas con un  obispo que se oponía a la Campaña. Aún así don Joao mantenía ferviente su alianza de amor y continuó su misión. Luego de unos años el obispo enfermó y poco antes de que muriera, don Joao logró llevarle la Peregrina. El obispo la miró y emocionado le dijo: “¡Esta Campaña salva al mundo!” fueron estas casi sus últimas palabras.

La Campaña salva el mundo a través de salvar a las familias. Depende de cada uno de nosotros entregarse  por entero, mantener viva nuestra alianza de amor y alimentarla  a través del rosario, como don Joao. La Virgen preparó a don Joao para ser instrumento para transformar los corazones en el mundo. Cada misionero está llamado a llevar la peregrina  casa por casa, dejarnos guiar por Ella, entregando nuestra oración  y nuestros sacrificios, para transformar las vidas de las familias.

La sala Joao Pozzobon en Roma

Hace unos años, en 2016, en el santuario Belmonte en Roma, se  dedicó una de las salas de reunión a Joao Pozzobon -las salas vecinas están dedicadas a Gertrud von Bullion, y al P. Franz Reinisch- y nos pidieron, qué hiciéramos la decoración de la sala. Era importante que expresara lo que vivió don Joao y su personalidad de alguna manera. Encargamos un cuadro a una pintora que muy gentilmente lo pintó. En él se refleja todo lo que él nos transmitió: su vida, las visitas a familias, escuelas, y el espíritu de su alianza,  que el alimentaba  con el Rosario. Esa alianza tiene que ir impregnando el mundo entero. Ir a la periferia. Como decía don Joao: “para salvar a las familias”. El cuadro resume toda la historia de la Campaña de don Joao, el impulso que la Virgen regala a cada misionero.

El cuadro aun está en la casa de Ana Echevarría en Buenos Aires, y existe también en forma digital para ser difundido.

En la segunda parte, se hicieron preguntas a Ana y Mercedes.

¿Cómo eran las imágenes peregrinas en ese momento?

Las imágenes actuales son iguales a la que fuimos a buscar a Santa María, la imagen está patentada, el Padre Esteban la hizo patentar para que no pueda ser copiada y sólo pueda usarse para la Campaña. Las primeras imágenes para Argentina se fabricaron aquí y se entregaron en el Santuario Nacional en noviembre de 1984.

¿Cuál fue la preparación cuando fueron a buscar las imágenes?

En todo momento la Virgen nos fue guiando,  fue inspirando los pasos a dar: coronarla Reina del Rosario para que regalara la gracia de vivirlo en Alianza; consagrarnos a vivir y llevar ese llamado del Padre Kentenich hasta los confines del mundo; anteponer a cada paso importante que dábamos en esta misión las 1000 Avemarías en adoración, para que todo estuviese apoyado sobre una sólida base de adoración, de capital de  gracia.

Rezamos mil Avemarías antes de viajar a Santa María y en el ómnibus. Desde entonces  lo hicimos,  y seguimos haciendo, cada vez que hay un acontecimiento importante: Como cuando la peregrina parte a un nuevo destino, para que se mantenga siempre unida a la fuente original del Santuario, llevando la Campaña del Rosario tal cual  fue inspirada a don Joao  y dé abundantes frutos.

En especial el rezo de las mil avemarías,  los rosarios luminosos, nos impulsaron con fuerza a ver el camino. Fue asombroso como, con solo mencionarlas,  los líderes de la Campaña que fueron surgiendo en Argentina, sintieron el mismo llamado a rezar las mil avemarías, que  corrieron como ‘un fuego salvaje, que enciende todo a su paso’. Todo surgió como obra y gracia de la Virgen y el acompañamiento y asesoramiento  constante y firme del Padre Esteban Uriburu.

¿Cómo hicieron para entregar las imágenes traídas de Santa María?

Don Joao entregó cada una de las 25 imágenes a una de las 25 familias que habíamos viajado, para llevarlas en custodia cada uno a su santuario hogar y  hacer capital de gracia hasta que surgiera quien viajara  al país al que estaba destinada esa imagen y quisiera llevarla y entregarla, solamente si encontraba alguien dispuesto a iniciar la Campaña allí.

Al volver a Argentina el Padre Esteban propuso sortear a que país de América  iría cada imagen. La peregrina destinada a Cuba -donde parecía más difícil llegar- fue la primera en partir.

¿Cómo llegaron las imágenes peregrinas a los distintos países?

Rezábamos para que la Virgen nos mostrara el camino para llegar a cada país. Una semana después del sorteo supimos que un médico viajaba a Cuba. Lo contactamos para ver si quería llevarla.  Nos escuchó atentamente, y nos responde: “¡Cómo no voy a querer llevarla para que peregrine! Yo rezo todos los días el Rosario.”  Y saca un rosario de su bolsillo. Le explicamos la Campaña y le pedimos que sólo la entregara si encontraba alguien dispuesto a consagrarse  a esta misión y coronarla Reina del Rosario en alianza para Cuba. Y, si no era así, la trajera de vuelta. Ya en Cuba, el médico la entregó a un diacono que asumió llevar la Campaña. Por obra y gracia de María, esa fue la primera de esas imágenes  en peregrinar por el mundo.

En julio de ese año el Padre Esteban fue invitado a Sudáfrica y llevó la peregrina a una mina donde trabajaban 30.000 mineros, en Johannesburgo. Escribimos explicando cómo hacer la Campaña y en una Misa a dos mil metros bajo tierra, El Padre entregó  la imagen a  un misionero. Al tiempo  escribió un matrimonio sudafricano contándonos que se habían consagrado como apóstoles del Rosario en el Santuario. Realmente emociona ser testigos de cómo fue calando hondo la Virgen en cada país.

Cuando vino a la Argentina Don Joao, ¿Cómo fue en esos días?

Don Joao visitó Argentina en junio  de 1985. Hubo dos encuentros con él. En Buenos Aires y Florencio Varela. Allí un médico  ofreció operarlo de cataratas. Junto al Santuario, ante 400 personas don Joao dijo con emoción que podía percibir los corazones encendidos de los jóvenes, como  “llamas ardientes, baluartes de la Madre y Reina, decididos a luchar y a ser fieles por la misión”, como “santuarios vivos que caminan” para llevar a María y su mensaje.  Y agregó con énfasis: “Las palabras que dije en el Santuario de Santa María junto a los peregrinos de Argentina, las repito de nuevo: “Acompaño y doy mi vida para que esta Campaña, con este principio fuerte de aquí, pueda tornarse mundial. Y no retiro esta palabra. Estoy junto a ustedes.”.

En diciembre de 1984, en Santa María el Padre Esteban se consagró a la Campaña del Rosario y ofreció su vida por ella, en la que había encontrado su misión. Queremos hoy recordar esta  entrega  y a  tantos misioneros que han dado también su vida por la Campaña.

¿Toman consciencia de la misión que la Virgen escogió para ustedes?

Don Joao tenía consciencia plena de su pequeñez. “Ser instrumento de María, es nuestra mayor grandeza”, decía. Ese es el espíritu de esta misión. El camino sencillo que don Joao abrió en las huellas del Padre. Es una alegría inmensa que la Madre nos haya elegido como sus instrumentos para transmitir esa gracia. Con nuestra pequeñez, sencillamente, de a poquito la Virgen nos fue marcando el camino. Ser burritos de la Madre para llevar a María a cada rincón del mundo.

Cuando don Joao estuvo en Alemania, percibió que las ermitas son algo tan importante porque la Virgen se establece allí. Ellas transmiten gracias, reviven la alianza de amor. Por eso es importante invitar, convocar, asistir y tomarse un tiempo en las ermitas Entreguemos nuestro amor en esos rinconcitos, consagrémonos a la Virgen. Vivamos ese llamado del Padre Kentenich a ofrecerle  a María nuestro Rosario vivido en Alianza para ayudarle a transformar el mundo. Invitemos a otros a unirse para rezar y vivir el Rosario en las ermitas.

La vivencia de las ermitas en Alemania impulsó a don Joao a construir ermitas. Hoy las calles de Argentina y de muchos otros países son sembrados con ermitas de la Mater siguiendo sus huellas…

Despedida en ambiente de familia

Una vez terminada la jornada compartieron Ana y Mercedes con la familia misionera un rico arroz con pollo. En clima familiar agradecieron especialmente a la familia de Resistencia por ese fuego que se enciende con fuego en cada misionero. Autografiaron con alegría los libros que acaban de editar las Hermanas de María en Argentina con la charla del Padre Kentenich en Villa Ballester, en 1949, sobre rezar y vivir el rosario en Alianza. En estos libros más allá de esta charla, hay meditaciones con textos del Padre Kentenich para  cada misterio del Rosario a la luz de la Campaña y el compromiso misionero.

Su anhelo es poder continuar en la misión, llevando la Peregrina hasta los confines del mundo, siendo conscientes que somos instrumentos de Dios llevando a María y su Rosario, para salvar a las familias, siguiendo las huellas y misión de don Joao.

Texto corregido y autorizado por Ana Echevarría y Mercedes Bonorino, Buenos Aires, Argentina

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