Publicado el 2016-09-30 In Campaña

La Mater nos sorprende en cada peregrinación

ARGENTINA, Alicia Granieri

Para celebrar el 66° aniversario de la Campaña del Rosario de la Virgen Peregrina de Schoenstatt, los misioneros y peregrinos de la Arquidiócesis de Bahía Blanca, peregrinaron con mucha alegría al «Santuario Madre del Pueblo”, en Paso Mayor. Más de 700 personas fueron llegando desde temprano en ómnibus, combis (vans) y autos. Todos llegaban con el deseo de entregar a la Mater sus manos llenas de Capital de Gracias, con pedidos, ofrecimientos y entregas realizadas durante el año. La Madre sabe que cada uno que llega, no lo hace solo sino que también lleva a su familia, sus amigos, sus vecinos y misionados.

Entre los peregrinos, se destacaban los que recorrieron 220 km en ómnibus desde Rio Colorado, Provincia de Río Negro. Niños, misioneros, peregrinos y tres Hermanas Canosianas, la mayoría era la primera vez que visitaban el Santuario. Descendieron en la primera tranquera de entrada y caminaron los 1350 metros para pasar por la Tranquera Santa y llegar al Santuario. Ellos pertenecen a la vecina Diócesis de Viedma, pero se sienten muy unidos al Santuario Madre del Pueblo, desde el cual han partido bendecidas numerosas Imágenes Peregrinas y reciben las Gracias de la Mater en Río Colorado.

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Llegada del Padre Kentenich en 1952

Fue un hermoso domingo en el «Salón del Tata» (en las zonas rurales de Argentina, se le llama familiarmente «Tata» al padre de familia y, popularmente, también se le dice ‘Tata Dios’ a Dios Padre). La misionera Beatriz Pitton narró la historia del Santuario, desde la llegada del Padre José Kentenich en 1952, invitado por el Padre Franz Maibach, cuando bendice el Santuario y entroniza el cuadro de la Mater, que había traído desde Alemania especialmente, como lo había prometido a los colonos alemanes del Volga que habitaban el lugar.

Providencialmente, se hizo presente el señor Luis Bartel, quien recibió al Padre Fundador en una hermosa cabalgata de jinetes que lo escoltó al Santuario. Él también comentó las emociones vividas aquel histórico día. La señora Marta mostró un cuadrito donde tenía el pergamino de Primera Comunión de su padre, Pablo Schubelbein, quien la recibió en la capillita (hoy Santuario) el 7 de noviembre de 1927.

Mónica Ale se refirió a la gran misión de la Campaña de la Virgen Peregrina que nos legó el querido Diácono Joao Luiz Pozzobon. Destacó el amor a la Mater y la fidelidad al Santuario que tenía, cómo se preocupaba para que las familias, las escuelas e instituciones recibieran la Imagen de la Mater y la forma en que se expandió por el mundo esta innovadora forma de visitación de María llevando a Jesús a sus hijos.

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“He sellado la Alianza de Amor. Lo que soy y lo que tengo se lo debo a Ella»

Por la tarde, se rezaron los cuatro Misterios del Rosario en Procesión, pasando por la Tranquera Santa, la Ermita de Joao, el Santuario y el Cinerario. Los Padres Daniel Jany, Párroco del Santuario, Juan D’Amico, Asesor de la Campaña y Adrián Martínez, sacerdotes diocesanos de Schoenstatt, impartieron el Sacramento de la Reconciliación a quienes lo solicitaban. «La gracia que más noté fue ver a muchas personas volver al Sacramento de la Reconciliación», nos cuenta Ayelén Valle, de Rios Colorado. «Ver a chicas que desde hace 11 y 16 años no se confesaban, otra que desde su Primera Comunión que no lo hacía y estaban felices de haber podido comulgar en la misa. Les encantó todo, ya están invitando a aquellos que no pudieron ir, y les comentan que encontraron mucha paz en ese lugar de gracia».

A las 16 horas, el P. Daniel fue el encargado de tomar las Alianzas de Amor que se sellaron en el Santuario. Con mucha emoción, tres misioneras y tres matrimonios hicieron un intercambio de corazones con la Mater acompañados de familias y amigos que colmaron el Santuario.

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Encuentros, abrazos, mates compartidos

Todo el día se pudo ver como la Familia del «Santuario Madre del Pueblo” se reencontraba con hermanos de los distintos lugares de la Diócesis. Los niños jugaban libremente en esa tierra soleada y se compartieron almuerzo, mates y tortas, muy bien atendidos en el buffet. Algunos llevaron recuerdos del Santuario y de la Mater, o las variadas novedades e interesantes libros, medallas y estampas que la Santería prepara cada año.

Visitó a la Mater el Padre Mauro, Sacerdote Barnabita, Párroco de San Roque, en Bahía Blanca, quien quedó sorprendido por la vida del Santuario y tanta gente conocida para él. Sin lugar a dudas, un día de fiesta en familia. Ayelén también comparte que «para mí, fue una jornada inolvidable. Poder acercar a la Mater a tanta gente y ver el actuar de la Providencia sobre ellos fue muy gratificante para mi alma. Mi corazón rebalsa de amor hacia Ella y ahora quiero prepararme para sellar mi Alianza de Amor. Muchas gracias, nos hicieron sentir como en casa. Realmente el Movimiento de Schoenstatt es una gran Familia. Así se siente».

Celebró la Santa Misa, bajo un cielo despejado entre palmeras y canto de pájaros del lugar, el P. Juan D’Amico, quien leyó un párrafo de Evangelii Gaudium, donde el Santo Padre Francisco se refiere a la responsabilidad de los misioneros. Al finalizar la celebración, se entregaron nuevas imágenes Peregrinas a cuatro misioneras y a un misionerito de Rio Colorado.

«Ella estaba ahí presente entre nosotros, escuchándonos y protegiéndonos como una madre lo hace con sus hijos»

Belén Errazquin, de Coronel Dorrego, al visitar el domingo 11 el Santuario de Paso Mayor, tuvo una vivencia que está muy vinculada a su historia familiar. Compartimos su testimonio:

«En el año 1990, con mis 19 años recién cumplidos, me preguntaba una y otra vez, por qué mi mamá, atravesando esa cruel enfermedad, entrando y saliendo reiteradas veces al quirófano durante tres meses consecutivos, padeciendo mucho dolor y seguramente sabiendo que la ciencia no podía ayudarla, podía encontrar fuerzas cada día, regalar sonrisas, agradecer y pedir por los demás.

Solo pude tener claro que en esa imagen de la Virgen de Schoenstatt, nuestra Madre, como ella decía, encontraba fortaleza y quizás mucho más, para enfrentar esa enfermedad que terminó con su vida. La recuerdo atravesando pasillos del hospital en camilla, abrazando a la imagen y escribiéndole esa hermosa carta que le escribió.

Este 11 de septiembre de 2016, creo que pude comprender y experimentar un poquito de lo que ella sentía. Hasta entonces sólo me generaba paz mirar la imagen y por alguna razón me llegaba al corazón, también me inspiraba ternura cruzarme con Edda y Pocho, las personas que pusieron esa imagen en las manos de mamá.

Pero este domingo 11 decidimos acompañar a Osvaldo, a quien la salud le está jugando una mala pasada y sintió necesidad de ir al Santuario de Paso Mayor.

Yo no puedo describir, porque no lo sé, lo que cada uno de ellos experimentó, pero sí percibí alegría y paz en todos al llegar al lugar. Particularmente, luego de experimentar esa paz y alegría de la que hablo, le pedí a la Virgen, mientras miraba esa imagen tan significativa para mí, que se hiciera presente y nos llenara con su gracia a cada uno de los presentes, y que cada uno encontrara lo que vino a buscar.

Pronto me invadió una emoción que me cuesta describir, sentí con convicción que Ella estaba ahí presente entre nosotros, escuchándonos y protegiéndonos como una madre lo hace con sus hijos, hasta tal punto que cuando tenía que irme, sentía no querer moverme de ahí.

Entonces, me subí al auto diciéndome a mí misma, este sentimiento es un legado de mi mamá. Ojalá Osvaldo y todos los presentes lo hayan experimentado. ¡GRACIAS, MADRE MÍA!

Ella es la Gran Misionera. También, desde aquí, obrará el gran milagro de la transformación interior».

P. Jose Kentenich en Paso Mayor, 15 de abril 1952

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