Publicado el 7. julio 2016 In Campaña

Lápices de colores, instrumentos de María

ITALIA, por Salvatore Rallo, Claudia Geraci, Antonella Raimondi •

Finalmente también en Vicari, pequeño pueblo del interior de Palermo, 10 de junio de 2016.

Trece señoras misioneras han sellado la Alianza de Amor con nuestra Madre tres veces Admirable de Schoenstatt.

Tomó un año de preparación, pero gracias a una participación constante y seria de las misioneras, a nuestra “insistencia” que a veces ha podido parecer excesiva, estamos juntas en esta meta.

Las insistencias tienen un efecto positivo cuando tienen estímulo y cuando permiten hacer emerger talentos y potencialidades. El camino que estamos haciendo, todos juntos, se vale de estas características que nos llevarán, seguramente, hacia una gran meta: la de nuestra salvación en Jesucristo, por intercesión de nuestra amada y buena Madre que siempre nos asiste y nos sostiene.

Este es el crecimiento que Schoenstatt nos pide a los responsables y este es el crecimiento que debemos pedir a los misioneros, pero también a todas las familias de la Campaña del Rosario de la Virgen Peregrina.

Doce aliadas en Vicari

La comunidad parroquial de Vicari, el 10 de junio de 2016 en la Catedral “San Jorge Mártir”, ha vivido un momento de gracia y de profunda espiritualidad gracias a la Alianza de Amor con María en la presencia de la Hermana Ivone Zenovello y de los responsables Salvador Rallo y María Antonia Rubino.

María, la Madre, Reina y Victoriosa tres veces Admirable de Schoenstatt, ha guiado aMaria Grazia La Rocca, Patrizia Di Sparti, Mary Arnone Scimeca, Alfonsa Lo Cacciato, Enza Busci, Claudia Geraci, Vita Benvenuto, Maria Giovanna Lo Monaco, Antonella Raimondi, Maria Trapani, Mary Rubino, Chiara Lazzara, las doce misioneras de Vicari, por un camino que duró un año. Un camino hecho de encuentros, intercambios, continuos enriquecimientos espirituales, que las ha llevado a querer experimentar con todo su ser, a pesar de su fragilidad, el querer pertenecer totalmente a María. A ellas se ha unido también María Antonia Rubino, que ha querido renovar su “Heme aquí” a María. Cada una le ha entregado a la Virgen su propio corazón, que no ha dejado ni un solo instante de latir fuerte, porque fuertes han sido las emociones vividas. Le han entregado sus “miserias”, pero al mismo tiempo, sus preciosas vidas. El ser de todas fue entregado a Ella, porque María es el reparo más seguro en las tribulaciones, la Madre Celestial, que las ha elegido como instrumentos para continuar la obra de evangelización de su Hijo Jesús.

Límites, preocupaciones, familias, todo fue confiado a Ella, la que todo lo sabe, todo lo puede, la esperanza, el refugio seguro, la consoladora de las melancolías.

Durante este año de camino hacia la Alianza de Amor con María, que ha culminado con un largo retiro el día anterior a este importante acontecimiento, no han faltado momentos en los que prevaleció el sentimiento de debilidad, que las hacía sentir muy pequeñas para sellar un pacto con la Virgen, la que, no obstante las múltiples dificultades de la vida, ha sabido decir siempre su “Heme aquí”, a Dios Padre, a su Hijo Unigénito Jesús y al Espíritu Santo Paráclito.

Pero gracias también a la dulzura, al fuerte testimonio de fe y al carisma de la hermana Ivone, han comprendido que no han sido ellas las que han elegido dar este paso, fue la Virgen quien las ha llamado como sus instrumento. Por esto, con todo el corazón, han pronunciado su “Heme aquí”, con la conciencia de haberse convertido en amigas y estrechas colaboradoras de María, la cual podrá invitarlas, sirviéndose de ellas a evangelizar a las familias a través de la Campaña del Rosario de la Virgen Peregrina de Schoenstatt de quien todas ellas forman parte.

Un testimonio

Antonella Raimondi, de Vicari, comparte un testimonio sobre su Alianza de Amor.

Mi conocimiento sobre María fue lento y silencioso.

Siempre fui una persona cercana a la Iglesia, desde niña mis padres me han educado según los principios y valores cristianos.

Soy la mayor de tres hermanas y en mi vida conocí el sufrimiento; la más chica a causa de una rara enfermedad, nos ha dejado a los 6 años. He sufrido tanto por su ausencia como por el sufrimiento de mis padres. Agradezco a Dios por habernos regalado a nuestro pequeño ángel, porque nos ha traído el amor incondicional a nuestras vidas.

Hoy soy una mujer casada, madre de dos espléndidos hijos: Mateo y Marco.

Después de haber dado a luz a Marco caí en un abismo del que parecía no poder salir más. Estaba aterrorizada, asustada, el bebé tenía pequeños temblores, los médicos decían que era normal para un niño recién nacido, pero para mí eran los síntomas de alguna patología. No quería revivir esos sufrimientos ya vividos…

Ese mismo año, el 2007, en los primeros días de mayo, llegó a Vicari la Virgencita de Fátima, una de las cinco imágenes que recorre el mundo. En aquella ocasión, junto a mis nenes, fui a la procesión a recibir a la Virgen. Llegué delante de Ella sin fuerzas, abandoné todo en sus manos, entregándole toda mi angustia. Desde aquel momento todo cambió, volvió la serenidad a mi vida y a la de mi familia.

Aquella ocasión fue el inicio de mi relación personal con María, que fue madurando en silencio.

Hoy estoy aquí en la iglesia y me reencuentro para sellar mi Alianza de Amor con nuestra Madre tres veces Admirable de Schoenstatt.

Estoy sentada, en silencio, recorriendo en mi mente esta, nuestra “historia de amor”, y recién ahora estoy recordando que María me había elegido hace ya varios años y con paciencia ha esperado mi .

Con todas mis otras hermanas misioneras, antes de la celebración eucarística y de la Alianza de Amor, tuve un encuentro con el sacerdote…así es, allí estaba también Ella.

En mi Alianza con María he ofrecido mi servicio incondicional… no me asustan los sacrificios, al contrario, me hacen sentir útil. Pero seguramente no pensé que María me lo preguntara tan rápido a través del Padre Emanuel: ser ministro extraordinario de la sagrada Comunión.

Las vicisitudes de mi vida me han condicionado y no puedo estar con personas que sufren. Frente a esta propuesta me sentí mal, me afloró la angustia y solo por eso hubiera querido decir que no. Llevar cada domingo la Eucaristía a los ancianos, a los enfermos, es una tarea importante y no me sentía preparada. Pero finalmente comprendí que Dios nunca nos va a pedir cosas que no podamos cumplir. Dije que a María y por consiguiente también a Jesús.

En cada instante de mis días pido siempre Su ayuda y Su sostén.

Me gusta pensar que soy un lápiz de color, como decía la Madre Teresa, a través del cual Dios lleva un poco de color y de felicidad a la vida de las personas que encuentro a lo largo de mi camino.

Original: italiano. Traducción Rosa Ciola, Buenos Aires, Argentina

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