Publicado el 2020-04-25 In Alianza de Amor Solidaria en tiempos de Coronavirus, Alianza solidaria

Nuestra casa es donde podemos poner la semilla de la santidad en nuestros hijos

MÉXICO, María Esther Aragón •

La situación por la que estamos pasando es verdaderamente trascendental y nos ha hecho cuestionarnos muchas cosas y situaciones en nuestras vidas, pero el estandarte con el que todos marchamos por este camino, todos los que somos schoenstattianos, es la Mater, nuestra Tres Veces Admirable, Reina y Victoriosa Virgen de Schoenstatt. ¿Por qué? Pues porque ella es el centro, la reina, nuestro camino hacia Dios, hacia la santidad.  Es un carisma que hay que vivir para comprenderlo.—

Nuestro curso decidió prepararse y unirse a la coronación de la Mater como Reina de la Salud y de la Vida el pasado 18 de abril, segundo día de alianza en cuarentena, pues Roy, uno de los miembros del grupo, nos compartió una frase que nos motivó: “Nuestra casa es donde podemos poner la semilla de la santidad en nuestros hijos”.

Experiencias únicas y especiales en cada familia

Roy y Cynthia, con sus tres hijos, ya habían coronado a la Mater unos años atrás. En aquella ocasión, el sacerdote que acompañaba a la Rama de Familias les explicó a los niños la importancia de que María reine en nuestro hogar, haciendo un comparativo con lo que sucede en la película de El Rey León. Cuando el rey muere y Simba huye, todo es gris y caótico, pero cuando regresa y reina, vuelve la belleza y la armonía. De la misma manera, cuando no tenemos a María y a Dios cerca, nuestra vida puede ser un desierto, pero cuando la Virgen reina y es el centro de nuestro hogar, la vida fluye, es bonita, nuestro hogar se vuelve una experiencia de belleza y la armonía nos acompaña. Ahora, con sus hijos unos añitos más grandes, volvieron a coronarla como Reina de la Salud y de la Vida.

Cada uno pone sus necesidades en su corona.

Fernando y Mayra tienen tres hijos pequeños. Para prepararse, desde unos días previos a la coronación hicieron las coronas para la imagen de la Mater que cada uno tiene en su habitación. Esto les ayudó a hacer consciencia de lo que significa coronar a la Virgen y por qué es la reina. Cada uno se preguntó: ¿Cómo quiero coronarla? En mi corazón, ¿En qué que quiero que ella reine?

Aunque la imagen del santuario-hogar fue coronada como Reina de la Salud y de la Vida, cada niño en su recámara coronó la suya de acuerdo con sus necesidades personales, según pudo comprender y anhelar.

Vivimos la coronación en la realidad de nuestra vida diaria

Eduardo, Nayvi y sus dos niños, que son muy pequeños, tuvieron una experiencia diferente pues, mientras escuchaban la misa, los niños jugaban alrededor de ellos con sus carritos. De repente se acercaban, ponían un poco de atención, pero volvían a lo suyo. ¡Son niños! Es difícil tenerlos en casa sentados escuchando una misa completa, pero, para sorpresa de sus padres, cuando escucharon el padrenuestro se acercaron a sus papás, los tomaron de la mano y juntos rezaron. ¡Fue una experiencia muy, muy linda!

Estaban haciendo sus coronas cuando el más grande se dio cuenta que solo había dos y preguntó: Mamá ¿y la de Diego? Ella le explicó que solo había dos imágenes de la Mater… entonces, se fue corriendo a buscar en un cajón donde había visto una y la trajo para su hermano menor, de manera que cada uno pudiera hacer su corona.

¡Que viva la Reina María Madre de Schoenstatt!

En un hogar lleno de amor por ella, que se convirtió en su santuario hace más de cuatro años, Héctor, Alma y sus tres hijitos coronaron a la Mater durante la hermosa misa de coronación en el Santuario Original, el 15 de abril, (por cierto, qué especial escucharla en tantos idiomas y con cantos desconocidos y al mismo tiempo conocidos en su esencia). La preparación para el evento fue divertida y bulliciosa: su bebé de un año caminaba y hacía desmanes. Los papás recortaban en el suelo e ideaban con sus hijas cómo hacer las coronas más lindas y contestaban un sin fin de preguntas inquietas, profundas o divertidas que formulaban sobre tan esperado evento y la misa tan diferente que vivían.  Posteriormente el sábado 18 de abril, ya con más claridad de lo que significaba coronarla, de nuevo reiteraron lo hecho el miércoles anterior y, llenos de humildad, consagraron a ella su nueva misión como Reina de la Unidad, de la Vida y la Salud. Como schoenstattianos, seguros de su amor y de su compromiso de alianza, como en cada ocasión de necesidad en la que han recurrido a ella para que sea su intercesora ante su hijo amado, para ayudarles a afrontar estos momentos históricos en los que todos vivimos una pandemia jamás antes vista, acompañada por una enorme impotencia por el desorden político, social y económico. Como hijos predilectos, sienten la necesidad de dejar en manos de María la unidad del mundo y la salud de la humanidad, además de proteger, santificar y tocar la vida de cada uno de ellos con sus divinas gracias. ¡Que viva la Reina María Madre de Schoenstatt!

En proceso, pero ¡siempre en marcha!

Nosotros, Luis y María Esther, tenemos hijos de mediana edad. Uno de ellos pertenece a los Cruzados de María y para ellos el tema de la conquista es sumamente importante. La realidad es que no nos preparamos a tiempo, no platicamos con nuestros hijos, llegó el día de la coronación y decidimos dejarlo como un anhelo en nuestro corazón, e iniciar el camino para su coronación buscando que cada uno de nuestros hijos tenga su espacio, manifieste sus necesidades y busque aquello que quieren hacer para lograr esta conquista. La Madre reina en nuestra vida, la Madre reina en nuestra casa, aun y cuando todavía no tenga su corona.

Y así, cada quién, desde su casa, preparándose de acuerdo con las características y necesidades de su familia, coronó a la Mater. Ella ahora reina y es el centro de nuestros hogares.

 

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