Publicado el 24. abril 2019 In Alianza solidaria

Una Pascua de muerte, no de resurrección

ALIANZA SOLIDARIA, Sarah-Leah Pimentel •

Mientras que la mayoría de nosotros disfrutábamos de las celebraciones pascuales, deleitándonos con la belleza y alegría de la liturgia de la vigilia pascual o con la sorpresa y maravilla de los discípulos en las lecturas del Domingo de Pascua, para los cristianos de Sri Lanka el Viernes Santo nunca terminó. La muerte opacó la promesa de una vida nueva y renovada. —

El cirio pascual salpicado con la sangre de los mártires nos recuerda que, aunque Jesús resucitó a la vida eterna, su cuerpo y el cuerpo de su Iglesia permanecen en la cruz del sufrimiento. Los ataques terroristas coordinados en Sri Lanka no discriminaron entre cristianos y no cristianos. Se dirigieron contra tres iglesias y cuatro hoteles. Las autoridades pudieron evitar una mayor masacre al desactivar otra bomba cerca del aeropuerto. Aproximadamente 300 personas han muerto, 500 están heridas y una nación está de luto. Ni siquiera los niños, que deberían estar llenos de vida y darnos esperanza para el futuro, se libraron de la tragedia. En Nigeria, durante el Domingo de Ramos, un policía, molesto porque había gente bloqueando el camino, atropelló con su vehículo a un grupo de niños que eran parte de la procesión. Mató a 10 y otros 30 están en el hospital. Los peregrinos, en su furor, atacaron al policía hasta matarlo. Todos los pensamientos de resurrección quedaron destruidos. El lunes, un gran terremoto sacudió Luzón, en las Filipinas, destruyendo vidas y edificios. Hasta ahora se han confirmado 11 personas muertas y las operaciones de rescate continúan. Para ellos también la alegría de la Pascua duró muy poco.

¿Cómo podemos realmente celebrar la Pascua en medio de tanta miseria humana?

Semana Santa empezó con el devastador fuego en Notre Dame y parecería que la destrucción, sufrimiento y muerte no cesan. ¿Cómo podemos realmente celebrar la Pascua en medio de tanta miseria humana? Por otra parte, es agotador enterarse de tantas malas noticias. Tenemos la tentación de darles la espalda y rehusarnos a permitir que nos afecten. Después de todo, no es mi gente, no es mi país. Nos autoprotegemos ignorando lo que ocurre. Al encerrarnos en nosotros mismos nos volvemos indiferentes. En su mensaje pascual “Urbi et Orbi”, el Papa Francisco instó al pueblo de Dios a evitar esa clase de actitud: “Que, ante los numerosos sufrimientos de nuestro tiempo, el Señor de la vida no nos encuentre fríos e indiferentes. Que haga de nosotros constructores de puentes, no de muros”. Es más fácil construir muros que puentes humanos. En las primeras 24 horas desde que declaró el fuego en Notre Dame, se habían donado millones de euros para reconstruir las piedras físicas de la histórica iglesia. La gente de París se reunió frente a la catedral y rezó, un milagro en una Europa cada vez más secular.

La sangre de nuestra indiferencia

¿Cuál es nuestra respuesta cuando las “piedras vivas” de la Iglesia de Cristo son derrumbadas? Quizá la imagen de la Pascua de 2019 sea que el cirio pascual gotee con la sangre de nuestra indiferencia, la sangre de nuestro egoísmo, la sangre de la destrucción que hemos causado a nuestro planeta. Jesús lo redimió todo al vencer a la muerte de una vez por todas y ahora nos llama a hacer lo mismo. Solo entonces podremos realmente vivir en la luz de la Resurrección.

Original: Inglés. Traducción: Eduardo Shelley, Monterrey, México

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