Publicado el 2020-05-30 In Campaña, Schoenstatt en salida

¡Mater! ¿Cómo no amarte y servirte con alegría?

ARGENTINA, Nancy Gambandé •

Esto ocurrió en 2014. Todo este tiempo intenté escribir esta nota, pero nunca pude terminar, pues el llanto me quebraba en el tercer renglón. Esta vez espero llegar al final, porque es una experiencia hermosa que merece ser contada. —

Con mi amiga Cristina fuimos desde Tucumán a un retiro en Nuevo Schoenstatt, Florencio Varela. Estábamos alojadas en el Solaz de María. Eran las 5 de la mañana del 25 de julio de 2014.

¡Nunca olvidaré aquel día! Cristina y yo nos preparábamos para asistir a la misa de las 7 de la mañana en la capilla de las Hermanas de María. Todavía estaba oscuro y hacía mucho frío, abracé mi imagen peregrina y salimos rumbo a la capilla, felices de estar allí, en ese pedacito de cielo.

Cuando salimos de misa corrimos al santuario. Me arrodillé delante de la Mater y puse mi Virgen Peregrina en la baranda que separa el altar y me quedé mirándola un tiempo largo, dando gracias y pidiendo, siempre pidiendo, con mucha paz en mi alma.

Nos fuimos luego a desayunar y al terminar me acerqué lentamente al santuario, como saboreando cada paso, abrí la puerta y mis ojos se clavaron en el altar. ¡Faltaba mi Peregrina, se fue, se la llevaron! Sentí que me arrancaban la piel, giré sobre mis talones y corrí desesperada a la entrada, donde está la garita con el guardia de seguridad. A gritos le explicaba que ella es mía, es MI peregrina, que tiene un rosario violeta – en Tucumán diferenciamos las modalidades de la imagen peregrina por el color del rosario – y él me consolaba sin entender qué pasaba.

Sin consuelo volví sobre mis pasos No entendía lo que me decían mis amigas. Ante tanto alboroto una Hermana de María salió de su oficina, me abrazó y me dijo que me esperaba a las 18 horas para que le contara lo ocurrido.

Nuevo Schoenstatt, Florencio Varela

¿Por qué te fuiste? ¿No soy buena misionera? ¿Te cansaste de mí?

Comenzaron a pasar las horas y las preguntas eran cada vez mayores. ¿Por qué se fue? ¿Por qué me dejó? ¿No soy una buena misionera? ¿Se cansó de mí? ¿Se fue con alguien que la haga peregrinar mejor? ¿Hasta aquí llegó nuestro camino? ¿Hay algo que pueda hacer para que vuelva? ¿Y todo nuestro tiempo compartido? ¿Y todas las anécdotas que tenemos juntas? ¡Yo la conozco muy bien, quien se la llevó no sabe nada de ella, nadie la conoce mejor que yo!

Cuando me di cuenta, aún me quedaba la carpeta que acompaña a la imagen peregrina. Desconsolada asistí a la reunión y le entregué a la Hna. Clara María la carpeta con los testimonios de los misionados.  Tome, le dije sin dejar de llorar, a mí ya no me sirve, quizás cuando la lea entienda quién es ella para mí. Con toda la dulzura del mundo se comprometió a leerla esa noche. Me explicó muchas cosas que yo no veía, que quizás se había ido para impedir un crimen, que quizás esa persona la necesitaba, que tal vez estaba desesperada y se fue para ayudar a alguien más. No lo sabríamos nunca. La hermana me contuvo permanentemente. Cristina seguía en shock, sin reacción aparente, y las demás rezaban por mí. Así transcurrió el retiro. En Tucumán todos sabían lo ocurrido, en virtud de lo cual las responsables diocesanas de la Campaña del Rosario me entregaron una imagen nueva y me consagré de nuevo con la modalidad Serenidad y Confianza, por eso su rosario es de color violeta, por eso yo gritaba mientras corría “¡tiene un rosario violeta!”.

Ahora entiendo, nunca me abandonaste, solo te necesitaban

El 17 de agosto siguiente, mi hija y yo tuvimos un accidente automovilístico muy grave del cual mi hija salió ilesa y yo con fracturas, nada más. Mis amigas me cuidaron varios meses mientras mi hija trabajaba. El 18 de septiembre me llevaron a nuestro santuario Jardín de María, y al llegar me dice Rita Segali, una hermana de misión: “alguien te busca”. Sin salir de nuestro asombro nos miramos Cristina, Silvia y yo, pues nadie entendía nada. ¡Miré bajo el gazebo que cubría la librería y la vi de pie! ¡Sencilla, pero de pie!

¿Volvió? ¿Cómo volvió? ¿Volvió porque sabe que la necesito, que nuestras vidas corrieron peligro, que la llamé a gritos mientras volcaba con el auto, que le supliqué que cuidara de mi hija, que por favor a ella no le pasara nada? ¿Volvió para soldar mis huesos? ¿Volvió porque nuestra alianza es para siempre, porque le entregué mi corazón roto, viejo, cansado de tanta injusticia y dolor, sin fuerzas para seguir?

¡Volvió, y además tenía dos rosarios blancos! Recuerdo que las tres lloramos, reímos, nos abrazamos, temblamos de felicidad.

¿Cómo volvió? – pregunté. Rita estuvo en Nuevo Schoenstatt y la Hna. Clara María se la entregó.

Al día siguiente llamé a la hermana para agradecerle y me contó que la encontró en el santuario de donde se la habían llevado. Que la reconoció porque recordaba mis gritos que “tenía rosario violeta”, que le dio vuelta y estaba escrito mi nombre. Entonces le conté que estuvo en dos familias pues trajo de regreso otros tantos rosarios blancos.

Esta nota debí escribirla hace tiempo, a pedido de mi amiga Silvia, que vivió la situación paso a paso. Siempre surgieron motivos para no hacerlo, pero creo que, a pesar del tiempo, siempre es el momento.

¡Gracias, Mater! ¡Tu burrito sigue misionando y tú sigues obrando milagros!

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3 Responses

  1. La Mater jamas te abandona solo va a auxiliar a quien necesita de su AMOR.

  2. A Mãe Peregrina é fiel! Não nos abandona nunca. Esta é a grande experiência de minha vida. Transforma-nos em Maria a Caminho!

  3. ¡Qué historia impresionante! Como dijo una amiga muy querida hace unos días, hace rato que dejamos de creer en las coincidencias porque la Mater siempre nos da encuentro.

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