Santuario Trabajo

Publicado el 30. marzo 2018 In Proyectos, Schoenstatt en salida

Construyendo mi santuario trabajo

COSTA RICA, por Rudolf Sauter y Fabian González •

Uno de los proyectos más ambiciosos que podemos tener como empresarios o ejecutivos es llevar a Dios, junto con la Mater, a nuestros lugares de trabajo. Existen una cantidad de limitantes que nos impiden abiertamente manifestar nuestra fe en los lugares de trabajo sin afectar a los otros colaboradores que profesan otras creencias religiosas o bien no les parece mezclar el trabajo con la religión. La Comunidad Internacional de Empresarios y Ejecutivos Schoenstattianos (CIEES) de Costa Rica se ha propuesto desarrollar herramientas para poder llevar una espiritualidad schoenstattiana, por medio de la incorporación de un santuario trabajo.—

En la última charla de marzo, llevada a cabo en las oficinas corporativas de Álvaro Castro, se reunió un grupo de empresarios y ejecutivos, miembros activos y no activos de la CIEES, para la presentación de esta charla junto con su valioso testimonio. Esto es lo que nos narra Álvaro Castro de su charla y experiencia vivida:

«Mi santuario del trabajo nació como una necesidad vital.  Era el año 2014, mi esposa y yo habíamos bendecido el santuario-hogar hacía poco, en nuestra casa en San José, Costa Rica.   De inmediato, incluso diría antes de la bendición, se había sentido el influjo benéfico de la Virgen en el hogar y en cada uno de los miembros de nuestra pequeña familia.  Sin embargo, en el trabajo estaba pasando por un momento de prueba muy fuerte.  Grandes presiones, incertidumbres y problemas generaban una desazón constante.   El siempre sabio consejo de mi esposa me había llevado a poner esas intenciones en nuestro santuario-hogar.  Tenía la sensación de que faltaba algo importante para sentirme verdaderamente acompañado por Dios y la Santísima Virgen en mi empleo.

Barcelona y el Santuario en Valldoraix

En esas condiciones tuve que ir a un viaje a Barcelona con un cliente en la primera semana de octubre de ese año.   Tras nuestras reuniones, me despedí del cliente y el sábado 4 de octubre viajé en tren en busca del santuario filial de Schoenstatt, ubicado en Valldoraix, en las afueras de la ciudad. Puedo decir con toda certeza que la Virgen me condujo allí y siento que fue un ángel quien me dejó justo a las puertas del santuario. Allí pude entregarme como un niño que busca refugio en el regazo de su Madre e imploré que me acompañara en las vicisitudes de mi trabajo.

Al día siguiente emprendí mi regreso a Costa Rica, sabiendo que en mi oficina me esperaba una acumulación de labores típica de una semana fuera de la oficina.

Mi 18 de octubre de 2014

Ya de regreso y justo el sábado 18 de octubre de 2014, jubileo de los 100 años de Schoenstatt, me encontraba trabajando en la oficina, tratando de poner al día mil asuntos.   Es aquí donde todo empieza a tener sentido. Hacia mediodía iba transitando en mi vehículo hacia la salida del aparcamiento del edificio, cuando observé que otro automóvil obtenía permiso del guarda e ingresaba.  La mujer que lo conducía me hizo ademán de que me detuviera.   Abrimos nuestras ventanillas y después de saludarnos me hizo la pregunta que menos me esperaba.  “Disculpe, señor.  ¿Aquí se encuentra la Virgen de Schoenstatt?”  No puedo describir el impacto que tuvo en mí aquella pregunta tan sencilla.  Pero el efecto fue mayor cuando, recuperado de esa impresión, me sorprendí respondiendo “no señora, aquí no está”.   Así, de esa manera tan simple había quedado en evidencia –justo ese día del jubileo- que yo había invitado a la Virgen a que me acompañara al trabajo, pero no había hecho nada por invocarla y para que me acompañara cotidianamente.

El anhelo de tener un santuario en mi trabajo

Aquella pregunta tan extraña pronto quedó explicada, porque la señora buscaba la casa sede del Movimiento de Schoenstatt para agradecer a la Virgen un milagro. Ella había visto un anuncio de las celebraciones del jubileo, pero no podía encontrar el lugar.   La casa sede estaba a unos 400 metros de mi oficina, y la llevé a la salida del aparcamiento para darle las señas de cómo llegar.   Pero como a la Mater no le gusta dejar cabos sueltos, la señora me preguntó al término de mi explicación: “¿por qué no me lleva usted?”.  Así lo hice…

Desde ese día se cristalizó para mí el anhelo de tener un Santuario en mi trabajo, no simplemente para contarle a la Virgen mis incertidumbres y pesares, sino para invocarla para que habitara allí y trabajar junto con ella.   Por eso me decidí a pedirle que fuéramos socios en el trabajo. Es decir, que allí hiciéramos Alianza de Amor a partir de ese momento.   Socios que se conocen íntimamente y se tienen confianza, hacen aportaciones al objetivo común, comparten pérdidas y ganancias, y trabajan hombro a hombro diariamente.   También para dar testimonio de mi fe, y quizás llevar a otros a sus pies y que descubran la maravilla de contar con la presencia de Dios a cada paso, durante todas las horas del día y los días del año.

Les comenté esta historia a mi esposa y a mi grupo de Schoenstatt, y casi de inmediato tuve frente a mí todos los símbolos necesarios para el santuario, traídos de Milwaukee por uno de nuestros compañeros. Desde ese momento me di a la tarea de conquistarlos, con base en oración, meditación de la vida, y contribuciones al capital de gracias, cultivando el sentido de filialidad y cobijamiento para la imagen de la Mater; la confianza en la Divina Providencia para el Símbolo del Padre; el sacrificio por amor y sentido de servicio para la Cruz de la Unidad; el agradecimiento de las gracias recibidas para el Espíritu Santo; y la manifestación abierta de una misión y un testimonio de fe, para la imagen del P. Kentenich.

También, para la conquista de mi símbolo personal: San José dormido, que confiado sueña la voluntad de Dios para cuidar al Niño y su mujer.

Santuario trabajo: Trabajar con una socia

Muchos han sido los regalos y bendiciones que me ha deparado trabajar asociado con la Mater.   No solo el buscar la pureza de la intención y de los propósitos, para que los esfuerzos del trabajo sean dignos de ser ofrecidos a Dios como capitales de gracia.  También, para crecer en mi relación personal con mis superiores, pares, y subordinados; interesándome por sus vidas y destinos; agradeciendo públicamente el bien logrado o pidiendo por la meta deseada ante mi pequeño santuario del trabajo.

Todo esto me ha llevado a dar testimonio cristiano en el hacer, pensar, decir y callar; haciendo que el nombre de Dios y la fe sea motivo de reflexión y conversación espontánea, en vez de un tabú o artículo de propaganda.

Cabe decir que los problemas, dificultades e incertidumbres en el trabajo no desaparecieron.  Puede ser que a veces más bien se incrementen.   Sin embargo, ahora los enfrento con la certeza de que me acompaña una socia que me ayuda a discernir y confiar en la voluntad de Dios en las noches de desvelo. Mi socia me invita cada día a no perder la perspectiva del amor y la esperanza en cada situación, y sé que nunca me dejará de su mano ni faltará la presencia Trinitaria en mi trabajo.»

Una pregunta y una respuesta sorprendente

Retomando la experiencia vivida en esta charla testimonial de Castro, podemos agregar que al realizar al público presente la pregunta: “¿Quiénes de ustedes tienes una imagen de la Virgen María o un crucifijo o algún tipo de símbolo religioso en su lugar de trabajo?”. Encontramos que la respuesta fue afirmativa en todos los casos. Esta respuesta fue muy significativa ya que más de la mitad de los asistentes eran invitados por primera vez a una actividad de la CIEES.

A partir de ahora, el gran desafío que nos queda es terminar de desarrollar las herramientas necesarias para construir una guía que sirva para mostrar los pasos a seguir para conquistar un santuario trabajo.

Página oficial de CIEES: cieesinternacional.org

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