Publicado el 26. febrero 2018 In Obras de la misericordia, Schoenstatt en salida

La primera misión de calle de Schoenstatt

BRASIL, Jumas Jaraguá •

“Donde está Schoenstatt… ¿debería haber miseria?”
Esta pregunta simple y profunda bastó para despertar una inquietud y motivar a la Juventud Masculina de Schoenstatt de la Regional Sudeste, a salir al encuentro de los hermanos de la calle en el centro de la ciudad de São Paulo, durante los días 9, 10 y 11 de febrero.

Pero era necesario aprender más y la respuesta vino del contacto del P. Ailton, asesor regional, con la Misión Belén, que ya hacía ese trabajo en el centro de la capital y que acoge a personas en situación de calle. El primer día, el enviado de la Juventud Masculina del Santuario de Sion de Jaraguá fue al barrio de Belén para encontrarse con otros misioneros que nos podían enseñar cómo realizar la misión.

Era importante el desprendimiento para comenzar la misión de llevar a Cristo a los hermanos de la calle, realmente insertos en esa realidad. Apenas con una muda de ropa, un par de zapatillas, dos bolsas de basura como mochila y el dinero del pasaje, los 13 miembros de la Juventud Masculina de las ciudades de Jaraguá/SP, Vila Mariana/SP, Atibaia, Campinas, San Bernardo del Campo y San Sebastián del Paraíso/MG, además de los dos asesores, los padres Ailton y Afonso y el seminarista Vitor Possetti salieron en misión junto a algunos misioneros de la misión Belén.

Encontrar a aquellos que Dios puso en el camino

La primera tarde de misión fue en la Plaza de la Sede y allí los misioneros dieron el primer paso para comenzar realmente y encontrar a aquellos que Dios colocase en su camino.  Con su conversación, los misioneros consiguieron compartir a Cristo en las calles, además de ofrecer un claro cambio de vida y dirigir a los hermanos de la calle hacia la casa de acogida de la Misión Belén. Después de eso, todos eran invitados a participar de la misa en la plaza frente a la Catedral. Con poca infraestructura y gente caminando alrededor sin tener idea de lo que pasaba, la vivencia se hacía aún más grandiosa.
Al llegar la noche, los misioneros se quedaron detrás de cartones para protegerse del frío y con un par de cobertores pudieron dormir en el suelo del Patio del Colegio, un lugar de gran importancia histórica para los comienzos de la ciudad de San Pablo. Aquel día era lo más valioso que tenían durante la noche los misioneros y algunos hermanos de la calle, además del cielo estrellado como techo.

El segundo día, después de la oración de la mañana y el rosario, la primera comida exigió la humilde actitud de mendigar para obtener el alimento. Todo lo que consiguieron se juntó con lo de los otros misioneros para un desayuno comunitario con otros hermanos compartiendo entre todos.

Muy cerca se observaba un enorme contraste. Por un lado, la Sala São Paulo, frecuentada por importantes nombres de la música y figuras de la clase alta, y al otro lado, se podía ver sin mucho esfuerzo “Cracolandia”, la Tierra del Crack, donde se concentra un gran número de drogadictos. Allí también estuvieron los misioneros y encontraron personas presas de la droga, impedidas de vivir sus vidas de anhelos, sueños, conquistas, de familia, y la gran mayoría de las veces, de fe y oración.

Un especial agradecimiento a la Misión Belén

Después de un almuerzo ofrecido por la Misión Belén, la Juventud Masculina regresó a la calle continuando con su misión: compartieron con los habitantes de la calle teniendo como centro el evangelio. Después de una noche de descanso, volvieron a Jaraguá con un especial agradecimiento a la Misión Belén. Con la alegría de 35 hermanos que salieron de las calles, grandes experiencias de encuentro con el Cristo que sufre, compartir a Cristo y la reflexión con el Dios de la vida.

 

Fuente: www.jumasbrasil.com.br

Original: portugués, 23.02.2018; traducción: Carmen M. Rogers, Santiago de Chile/ce

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