Publicado el 6. marzo 2017 In Schoenstatt en salida

Un auténtico Schoenstatt en salida

ARGENTINA, Pepe y Cecilia Sanguinetti, Instituto de Familias •

Después de varios meses de trabajo y una misión familiar, partimos desde Salta hacia Jujuy. Destino: la Asamblea Diocesana. Desde hace treinta y cuatro años se realiza y participan unas tres mil personas.

El tema: La Familia. El lema: “Celebremos la Familia: Regalo de Dios”. Por primera vez en su historia, la Asamblea iba a estar conducida por un matrimonio y, por esas cosas de la vida, fuimos invitados a hacernos cargo. Mérito de Cecilia que dio una reflexión filosófica sobre Amoris Laetitia a todo el clero jujeño hace unos meses y de esta manera, terminamos trabajando en la misma mesa con el Obispo y sus colaboradores.

Decidimos salir del esquema “charlita-3preguntas-conclusión” tradicional y pensamos la Asamblea en clave de misión. ¿Qué pasa si en vez de ir nosotros solos, vamos treinta familias a trabajar todo ese día? Resonaban las palabras del Santo Padre invitándonos a una Pastoral “Cuerpo a cuerpo”. Resonaba el trabajo de preparación al Sínodo que hicimos en nuestra diócesis junto al Obispo hace algunos años. Resonaba la misión de nuestro Schoenstatt y de nuestra comunidad.

Así fue, conseguimos doce familias generosas, con cierta “locura” e “imprudencia”, nos organizamos y preparamos la tarea. Presentamos nuestro proyecto y conseguimos que nos aprobaran la modalidad. No sólo era la primera vez que un matrimonio conduciría la Asamblea, sino que también sería la primera vez que trabajarían coordinando otros matrimonios, todos en el mismo espacio y mostrando resultados de lo trabajado “en vivo”.

Que la Iglesia “abra la cancha” a los matrimonios para que hablen del tema de Familia es cuanto menos novedoso. Y que durante tres años, la temática de la Diócesis de Jujuy sea el tema Familia, también.

Encuentro. Alegría. Fe compartida.

Como le transmitimos a Monseñor Fernández (Obispo de Jujuy) en la última reunión preparatoria: “Monseñor, con esto quedamos en la historia” –le expresamos- “O nos sale muy bien o nos sale muy mal, no hay términos medios”.

Llegó el 4 de marzo y junto a diez familias jujeñas del Movimiento Familiar Cristiano que se sumaron a la misión, el equipo estaba completo. Nunca habíamos hablado ante tanta gente. Fueron llegando de a decenas y el gimnasio se fue colmando, las sillas, las gradas, los pasillos, cada rincón…. unas tres mil personas.

La Diócesis de Jujuy tiene setecientos mil habitantes, un cuarenta por ciento de ellos viven en la pobreza según las estadísticas oficiales. Allí estaba representada la realidad jujeña, personas de toda condición, familias, mujeres, jóvenes, niños, sacerdotes y religiosos. Fiesta familiar, música, bailes y oración. Encuentro. Alegría. Fe compartida.

El Altar Familiar

La propuesta fue simple: durante la mañana trabajar sobre los valores comunes a todas las familias y el estilo de vida propio de una familia católica. Dos pequeñas charlas introductorias al tema, y a continuación, los moderadores trabajaban con cerca de 100 personas in situ extrayendo los valores centrales que no podían estar ausentes en ninguna familia (de cualquier tipo) a través de la presentación de un caso. Los resultados se mostraban en vivo en la siguiente exposición. Esos dos momentos de trabajo comunitario fueron de una gran riqueza: cómo hicieron nuestros matrimonios monitores para manejar semejante multitud… sólo el Espíritu Santo puede dar esa respuesta. Nosotros definitivamente no. Pepe había puesto como ejemplo, antes de comenzar a trabajar, que Cristo en el sermón de la montaña se manejaba a través de los trasmisores que iban repitiendo a las multitudes lo que estaba diciendo… algo así se hizo en la Asamblea.

Por la tarde, presentamos el proyecto de Altares Familiares (en una adaptación del original desarrollado en México) a los interesados en Pastoral Familiar. En 2 horas y media se capacitaron 250 personas para poder dictar las 6 charlas correspondientes con una dinámica de “estaciones de destrezas”. De esta manera, quedó la semilla del Santuario Hogar en su forma de Altar Familiar. La gente estaba conmovida y agradecida que pudieran llevar adelante este proyecto con sus vecinos, en las parroquias… Allí se mostró genuinamente el más puro Schoenstatt en salida.

Y en el medio, la vida:  historias de vida difíciles, que laceran el corazón, y gente entusiasmada, agradecida y motivada al ver la familia como una celebración y un regalo de Dios.

Así fuimos y salimos al encuentro: familias por y para familias, llevando un testimonio de valores, de vida, de Nazaret como ideal y estilo de vida para cada familia, con sus debilidades, con su historia, con sus fortalezas y con sus sueños.

Nazaret, corazón del mundo.

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