Publicado el 18. julio 2015 In Proyectos, Schoenstatt en salida

La pastoral de la esperanza nos devolvió la vida

PARAGUAY, diócesis de Encarnación, Rodolfo y Julia Widmann •

Desde que conocimos la Pastoral de la Esperanza en octubre de 2008, no menguó el anhelo de que llegara a la diócesis de Encarnación, hasta que en abril de 2009 se hizo presente oficialmente. Fueron cruciales el apoyo del párroco de la parroquia Inmaculada Concepción, en ese entonces P. Gilberto Penayo y de matrimonios que dieron su sí incondicional a la gran misión que San Juan Pablo II señalara en el inciso Nº 84 de su Encíclica (1981) Familiaris Consortio: “…En unión con el Sínodo, exhorto vivamente a los pastores y a toda la comunidad de los fieles para que ayuden a los divorciados, procurando con solícita caridad que no se consideren separados de la Iglesia, pudiendo y aun debiendo, en cuanto bautizados, participar en su vida. Se les exhorte a escuchar la Palabra de Dios, a frecuentar el sacrificio de la Misa, a perseverar en la oración, a incrementar las obras de caridad y las iniciativas de la comunidad en favor de la justicia, a educar a los hijos en la fe cristiana, a cultivar el espíritu y las obras de penitencia para implorar de este modo, día a día, la gracia de Dios…”

La alegría de ser hijos de Dios

¿Por qué este deseo tan ardiente? Porque la PE nos regaló un espacio donde nuestros corazones abrigaron nuevamente la calma de sentirse amados por Cristo, nuestro ser entero se regocijó en la alegría de ser hijos de Dios y la seguridad de que Él nos ofrece una nueva oportunidad, aun en la situación irregular en la que vivimos. Esto es lo que queríamos compartir con todos aquellos hermanos en una situación similar SNU (Separados en Nueva Unión) o DVC (Divorciados Vueltos a Casar), para que de la misma forma reencuentren esa felicidad que habíamos experimentado nosotros.

Pudimos entender que nuestra unión, en una situación paradójica al reintentar una nueva vida, tenía una carga adicional, y de alguna forma nuestra unión nos llevó a conocer la PE y sobre todo poder acercar a más hermanos que están en una situación similar. La idea de poder vivir en unión con Cristo aun siendo SENU o DVC, saborear la misericordia de Dios y ser acogidos enteramente por María, viviendo como miembros de la Iglesia, siendo protagonistas de la comunidad es una gran “alegría”. Esa alegría de la cual nos habla el Papa Francisco, que debe ser vivida porque se vive con Jesús.

Nos dice explícitamente el Papa Francisco en la Evangelii Gaudium que debemos gozar la dulce alegría del amor de Dios, renovando nuestro encuentro personal con Jesús. “…No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque «nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor»…”

Frutos

Así después de estos seis años, ¡nuestra vida es la pastoral de la esperanza! Hemos crecido juntos, nosotros con la pastoral, la pastoral con nosotros. Comenzamos con tres matrimonios SENU y dos matrimonios consagrados que aceptaron el apostolado y ser nuestros coordinadores, hoy en día la pastoral de la esperanza llega a toda la diócesis como una oportunidad para las parejas separadas en nueva unión. Como comunidad pertenecemos al primer grupo formado en diciembre de 2013, cuando algunas parejas decidimos crecer juntos y fundamos “Camino, fe y alegría” y sellamos la alianza de amor con nuestra Madre y Reina en 2015.

Como pareja, ser parte de este apostolado nos unió, nos fortaleció y nos dio todas las herramientas para vivir plenamente; así logramos escuchar la Palabra de Dios con oídos abiertos y dispuestos; frecuentar, comprender y saborear la Sta. Misa; perseverar en la oración personal y en pareja; educar a los hijos en la fe cristiana; cultivar el espíritu de forma libre y lleno de amor; ofrecer obras de penitencia para implorar de este modo, día a día, la gracia de Dios.

PE Encarnacion 02
Fuente: Revista Tuparenda, junio de 2015

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