Publicado el 9. mayo 2015 In Misiones, Schoenstatt en salida

Misión Cuba de la Juventud Masculina Universitaria – Schoenstatt al servicio de la Iglesia

CHILE/CUBA, P. Pedro Pablo Celis •

Después de haber celebrado 100 años como Familia de Schoenstatt, comenzamos a ver los frutos y las gracias de este jubileo. Hemos tenido la posibilidad de mirar hacia atrás para agradecer por los regalos que hemos recibido durante todos estos años, renovarnos en nuestros ideales y comenzar a proyectar los próximos cien años que vendrán. Cuando miramos hacia el futuro es necesario comenzar desde lo que somos, desde nuestra identidad. La Juventud Masculina latinoamericana, pero especialmente la Juventud Masculina chilena se ha identificado por una profunda conciencia de misión. Aquello que hemos vivido, lo que hemos experimentado en el santuario y en nuestra Familia de Schoenstatt no puede quedar para nosotros, sino que queremos regalarlo. Una generación misionera impulsada desde el santuario, en la fuerza de la alianza, con heroísmo y coherencia, para regalar Schoenstatt a la Iglesia y al mundo. Es la consigna que mueve a muchos jóvenes de nuestro país, que han escuchado la voz del Papa Francisco a salir y que no tiene fronteras.

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Salir del santuario para servir a la Iglesia

Durante la preparación al jubileo, desde un grupo diverso de jóvenes de la Juventud Masculina Universitaria de Campanario, surgió el anhelo de salir del santuario para servir a la Iglesia y fundar el Movimiento donde el Señor y la Mater los condujera. De esta manera el 18 de octubre de 2014 le presentaron una carta en el Santuario original y en Campanario, pidiéndole a la Mater que se manifestara. Escuchando la voz de Dios se nos abrió una puerta que nos condujo hacia Cuba. Tres sacerdotes jóvenes cubanos, diocesanos de Schoenstatt, estaban en la celebración en Alemania. Con ellos tuvimos un encuentro y nos invitaron a que fuéramos a ayudarlos en la refundación de la Iglesia cubana y fundar el Movimiento. Ellos forman parte de la pequeña Familia de Schoenstatt que existe en la isla y son fruto de la misión que comenzó el año 1999 cuando el P. Carlos Cox y un grupo de jóvenes de Campanario fueron a misionar a La Habana. La misión de la juventud no duró mucho tiempo, pero tuvo una gran fecundidad en el silencio.

Ponerse al servicio de la Iglesia cubana

El objetivo de la misión consiste en ponerse al servicio de la Iglesia cubana, insertándonos en las parroquias donde estos sacerdotes trabajan. Ayudaremos en la formación de jóvenes dirigentes, acompañaremos la pastoral juvenil de la parroquia y la diócesis, apoyaremos las catequesis de primera comunión y confirmación, así como las misiones y proyectos sociales. De esta manera iremos descubriendo caminos para comenzar a fundar la juventud schoenstattiana en la parroquia, si Dios así lo quiere. Durante todo este tiempo nos hemos estado preparando con oración y capital de gracias.

En enero tuvimos el regalo de poder visitar Cuba para preparar la misión, conocer los lugares donde estarán los misioneros, adentrarnos en su cultura, en la realidad que vive el país, con su riqueza y su pobreza, con las carencias y su belleza. Lo que más nos alegró, fue el encuentro que tuvimos con tantas personas. Familias, jóvenes, sacerdotes, obispos, matrimonios, señoras, niños, religiosas, misiones rurales, etc. En cada uno de sus rostros vimos la esperanza que regala Dios en el corazón, que llena el alma de alegría y que nos regala la libertad interior. María, la Virgen de la Caridad del Cobre, esta arraigada en el corazón de cada cubano. No hay hogar, no hay lugar que no tenga la imagen de la «Cachita», porque como dice la frase que ha marcado a la Iglesia en Cuba, «La caridad nos une».

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Cuba es tierra de misión

Cuba es tierra de misión, y María ha puesto su mirada en ese lugar. En marzo serán enviados tres jóvenes universitarios de la Juventud Masculina de Campanario por seis meses a misionar en la diócesis de Camagüey, en el centro de Cuba. Recemos por ellos agradeciendo su entrega, generosidad y heroísmo. Por sus familias, que dejan partir a sus hijos. Y especialmente por la fecundidad de la «Misión Cuba» para que muchos jóvenes en Chile quieran unirse a este llamado de salir a regalar Schoenstatt a la iglesia y al mundo.

¿Por qué los jóvenes anhelan misionar en Cuba?

Matías Rodríguez: “Es una manera de agradecer a Dios y la Mater lo que he recibido en mi familia, en la juventud masculina y de mis amigos. Es una forma concreta de poder responder, saliendo y entregando todo lo que recibí en mi formación schoenstattiana al servicio de la Iglesia Cubana”.

 

José Ignacio Sepúlveda: “Creo que la mejor forma de agradecer todo lo vivido y lo recibido en mi vida es regalándolo a los demás. Creo que en Cuba Cristo urge, es necesario que la Mater habite allí y es un bonito y gran desafío fundar Schoenstatt en el centenario de la Alianza de Amor. Me motiva mucho que la misión se desarrolle dentro del ámbito eclesial, que trabajemos en parroquias y capillas, a mi parecer es ahí donde tenemos que comenzar regalando Schoenstatt”.

 

Vicente Jaramillo: “Regalo y salto mortal: Regalo de sentirse necesitado de los otros, de valorar lo poco que se tiene, agradecer cada encuentro, mirada. Nos hace falta un poco de eso en nuestro país que vivimos un poco abrumados por lo que tenemos. Vivir un semestre de escasez material para abundar en la humana y espiritual es un regalo que nadie se ha ganado, a mí me tocó porque el de Arriba es grande no más. Y uno como Hijo tiene que agradecer todos los días… y sacarle el jugo todo lo que se pueda. Y también salto mortal. ¿Sé lo que me espera allá? Poco, casi nada. ¿Es fácil congelar la universidad? No. ¿Va a ser difícil? Seguramente. ¿Dejar a los amigos y a la familia? Me duele. La verdad, estoy entre ansioso y muerto de susto, pero el Papá del cielo sabe mejor que uno lo que necesita, así que aquí vamos: salto mortal».

Fuente: Revista Vínculo, mayo de 2015

 

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