Publicado el 25. abril 2015 In Schoenstatt en salida

Una experiencia de encuentro

PORTUGAL, Lisboa, Juan Pablo Cruz, seminarista de los Padres de Schoenstatt •

Soy Juan Pablo Cruz, seminarista de los Padres de Schoenstatt. Durante mi tiempo de práctica en Lisboa surgió un proyecto en la juventud masculina que tenía como motivación intentar ser una respuesta a las realidades más desfavorecidas de la ciudad. Existen muchos proyectos misioneros que van a ayudar a las excolonias portuguesas en África, sin embargo el gran incentivo de este proyecto fue darse cuenta de que había gente que sufría como consecuencia de vivir en una situación de pobreza material y social dentro de la misma capital de Portugal.

El Padre Diogo Barata, asesor de la juventud, y yo hemos acompañado este proyecto desde el inicio pensando cómo ayudar desde la Alianza y nuestra experiencia de Schoenstatt.

Con niños del Barrio y del Colegio Santa Maria

2015-04-01 14.14.00En concreto, el proyecto cuenta con dos universitarios y un profesor de la rama de hombres que viven frente al Barrio 6 de Maio, una población muy pobre que se caracteriza por una fuerte influencia de la droga. Ahí han desarrollado actividades tales como un teatro, coro de misa, campaña de la Virgen Peregrina y últimamente una escuelita de rugby.

En marzo, el profesor tuvo la idea de aprovechar sus vacaciones yendo a una quinta en el norte del país con niños del Barrio y otros del Colegio Santa María (colegio de Schoenstatt, donde él ejerce su profesión), yo me sumé a este proyecto que constituyó una gran experiencia.

Partimos el Domingo de Ramos después de misa. Un grupo iba en bus y otro en carro, yo me fui con los del bus junto a cinco del Colegio y tres del barrio, todos con 12 años. El viaje duraba alrededor de 4 horas, por tanto daba para conversar y cansarse juntos. Ya desde el inicio se vieron algunas diferencias, los del colegio estaban más interesados en hablar de las clases, los profesores y la familia, mientras que los del barrio hablaban de las amistades , novias y experiencias sexuales, por tanto tuve que intentar conducir la conversación hacia temas que intentaran incluirlos a todos sin optar por un grupo.

«No estoy aquí para trabajar»

La idea que teníamos era realizar siempre actividades que permitieran un sano intercambio entre todos, intentando siempre unificar y sentirnos un solo grupo. Ahora bien, para esto eran necesarias ciertas reglas simples y mínimas para que todo fuera más agradable. Una de ellas era que teníamos grupos de lavado de platos. Esto fue un problema, los del colegio lo aceptaron como una cosa normal, pero los del Barrio se negaban a lavar, había un sentimiento interno en esos chicos que les decía, me están perjudicando, por qué yo y no los otros, yo no vine aquí a trabajar. Esto nos trajo las primeras complicaciones. Sin embargo, los del último grupo de lavado no tuvieron problema, ya habían visto a todos lavar, por tanto ya no tenían dentro de sí esa idea de estar perdiendo. Es más, el último día pedimos voluntarios para lavar y se ofrecieron 3 del Barrio. Esto para nosotros significaba un gran éxito.

Nuestra tarea era por tanto establecer reglas claras y justas para todos, pero sin perder de vista que ellos podían sufrir este trato y que por tanto teníamos que atraerlos a través de un vínculo real, con gestos concretos y así ganar su confianza, que se dieran cuenta de que queríamos lo mejor para ellos. Por lo tanto no había espacio para rencor, si algo no resultaba, alguien no quería hacer lo mínimo y generaba discordia o malestar, eso se tenía que traducir en un volver a explicar la importancia de estas pequeñas reglas y mostrar que la firmeza con que se pronunciaban no influían en el cariño y las ganas de pasar un buen momento juntos.

Gritos, risas, entusiasmo sano

La mayor alegría se daba en el río. Por la tarde llegaba el anhelado momento para ir al agua. A pesar de que muchos de los del Barrio no sabían nadar, la búsqueda de sapos y el nado con flotador arrancaron una sonrisa y un entusiasmo auténticos. Por otra parte, los del colegio saltaban de las piedras y nadaban por todas las pequeñas lagunas que dejaba el río. Esta actividad era el pago que uno recibía por el trabajo. Ver que todos disfrutaban y compartían, unos enseñaban a nadar a otros, gritos, risas, entusiasmo sano. Todo esto dentro de un paisaje paradisíaco y sin más preocupación que estar ahí y entretenerse.

Para renovarme en el amor a los chicos

Me acuerdo de un momento tenso en que después de haber retado fuertemente a uno de los niños por tirarle una piedra a otro y acertar provocando llanto y malestar, tuve otro encuentro en que llamé a algunos para ayudar a limpiar una mesa y nadie quería moverse. Yo quedé tenso, intranquilo, enojado internamente. Entonces tuve que salir a dar una vuelta y renovarme en el amor a los chicos, en el perdón, en la alegría para seguir trabajando con entusiasmo. Fue un volver a silenciar el alma y dirigirme a María para que ella, que es madre, me ayudara a purificar el corazón y la intención.

Hubo otro elemento complicado que pudimos apreciar durante estos días. La incapacidad para enfrentar una situación difícil, de esfuerzo, de sacrificio con sentido por parte de algunos del Barrio, al igual que la falta de persistencia en los juegos. Concretamente, en los entrenamientos de rugby y juegos, vimos que los jóvenes del barrio participaban con entusiasmo, pero luego había momentos de espera, de repetición, o de menor protagonismo y se ponían de mal humor y protestaban. Lo mismo ocurrió cuando tuvimos que trabajar llevando unas piedras para una construcción. No había capacidad para hacer un esfuerzo, veíamos una gran debilidad de carácter, una voluntad muy frágil, el esfuerzo es escasamente valorado, solo querían resultados, pero les costaba ver el valor del camino hacia ellos.

Oración

También fue lindo ver cómo se integraron con gran entusiasmo a los juegos de la noche, los niños del colegio ya los conocían por tanto se sumaron para que resultara bien y los del Barrio estaban impresionados, querían participar e involucrarse aunque tuvieran miedo a lo desconocido, les causaba una gran adrenalina y eso los mantenía felices.

Después de los juegos de la noche venía nuestra oración, ahí cantábamos una canción, luego se hacía un pequeño recorrido de lo que había sido el día dejándolo todo en manos de Jesús, para terminar mirando los ojos de María y agradecerle o pedirle dependiendo de cada uno. El último día este momento tuvo mayor participación, fue bonito ver que tanto los niños del Barrio como los del colegio querían agradecer por esta experiencia.

… y están pensando cómo armar el próximo campamento

Finalmente creo que fue una experiencia muy bonita, de mucho trabajo y desgaste, porque uno tenía que estar pendiente en todo minuto, pero a la vez con instancias de grandes alegrías y encuentros en las que construimos buenas amistades.

Hoy en día algunos de estos chicos del Barrio se juntan los sábados y están pensando cómo armar el próximo campamento y juntar dinero para realizarlo, esta es la posible resultante creadora que Dios nos regala y que seguiremos acompañando.

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