Publicado el 29. octubre 2017 In schoenstattianos

“Son cosas de mi Madre”

ESPAÑA/PARAGUAY, Guillermo Pérez Luraschi •

Desde octubre del 2016 me encuentro estudiando en la ciudad de Barcelona y, desde antes de empezar esta aventura y durante todo este recorrido, la presencia de Dios y la Mater estuvo muy fuertemente marcada en cada detalle, por lo que siento la necesidad de compartir este testimonio con todos ustedes.

Hágase, Señor, tu voluntad

Todo comenzó en el mes de setiembre del 2015 cuando el Estado paraguayo realizó el lanzamiento de unas becas completas para alumnos con título universitario, que desearan continuar sus estudios de posgrado en el exterior. Esto me motivó mucho ya que, tal vez, el mayor sueño de mi vida era poder realizar mis estudios en el extranjero. Por tal motivo, estaba decidido a presentarme en la convocatoria de inicios del año 2016 para viajar a Europa en octubre del mismo año.

Una noche, en noviembre del 2015, tuve un sueño, el cual se sintió muy real pero que lo atribuí a mi imaginación, aunque luego todo tendría sentido. Esa noche soñé con la Virgen María, que sólo me dijo una frase: “Gracias por dar tu vida por mí”.

En ese momento, ese sueño no tenía un significado muy claro y buscaba una respuesta. La misma no tardó en llegar. Semanas más tarde, se comunicó conmigo el Jefe de Rama de la Juventud Masculina Universitaria de Asunción para comentarme que había quedado seleccionado entre algunos jóvenes más como candidato a Jefe de Rama para el año 2016.

Tuve unos días de tiempo para tomar tan importante decisión, la cual significaba la posibilidad de no postularme a las becas del Estado, ya que, en caso de ser seleccionado en la Juventud, debía cumplir con las responsabilidades de jefe de rama durante todo el 2016. En ese instante, todo tuvo sentido para mí. Estudiar en el extranjero siempre fue el sueño de mi vida, y María me había pedido dar mi vida por Ella. Claramente, esto significó una sola cosa para mí: entregar el sueño de mi vida a cambio de quedarme a servir a la Mater como Jefe de Rama en caso de ser finalmente seleccionado.

Terminé aceptando la propuesta, aunque en las votaciones (manera en que se elige al nuevo Jefe de Rama en Paraguay), se eligió a otro joven como jefe de rama para el período del 2016. De esta manera, pude entender una de las mayores pruebas que la Mater tenía para mí: ¿Cuánto estás dispuesto a dar por mí?

Santuario Jóven, Asunción

Ocuparse de las cosas de Dios y Él se ocupará de las nuestras

Unos meses después, en abril del 2016, finalizó mi postulación a las becas del Estado paraguayo y justo después de eso, la Mater tenía nuevamente una gran prueba para mí. Recibí la propuesta de ser uno de los jefes a cargo de uno de los pueblos de las Misiones Universitarias Católicas, en las que venía trabajando hace varios años y por las que siento un gran cariño.

En ese momento no estaba en condiciones de aceptar la propuesta, ya que debía esperar hasta finales de junio para saber si finalmente quedaba seleccionado para la beca. Solicité si podrían esperarme unos días hasta que pudiera tener una respuesta definitiva.

Finalmente, quedé seleccionado para la beca y ahí empezó una gran batalla en mi interior, entre la razón y el corazón. Por un lado, la razón me decía claramente que debía aprovechar esta oportunidad única de tener una beca completa en el exterior; pero por otro lado, el corazón me pedía quedarme a trabajar en las misiones y estar cerca de mi familia, amigos y de un trabajo que hace tiempo venía esperando y lo había conseguido.

En ese momento fue como que Dios tomó totalmente el control de todo y se ocupó de mis cosas, se encargó de acomodar cada una de las dudas que me preocupaban y me estaban atajando para realizar el viaje. Era un mensaje muy claro de parte de Dios. Él quería que aceptara la beca y fuera a Europa y es por eso que se estaba encargando de solucionar todas mis preocupaciones para dejarme el camino libre.

Es ahí cuando volvió a mi mente aquel sueño con la Virgen: “Gracias por dar tu vida por mí”, era un claro mensaje de que nuevamente me estaba pidiendo que dejara por poco más de un año toda mi vida en Paraguay, a mi familia, amigos, trabajo, misiones y cosas que me hacían feliz en Paraguay, y que me abandonara en las manos de Dios para cumplir con los planes que Él tenía para mí en Barcelona.

Yo los envío como ovejas en medio de lobos

A inicios de octubre, llegué a Barcelona con todas las ilusiones y miedos que esto conlleva. Sabía, además, que sería bastante difícil mantener el nivel de fe y espiritualidad, que somos bendecidos de tener aún en Sudamérica. Lo pude comprobar al poco tiempo de llegar, al ver la poca participación de la juventud en las misas y actividades parroquiales, por lo que supe que necesitaría un complemento para eso y para mantenerme cerca de la pedagogía y espiritualidad de Schoenstatt. Contacté al Padre Jaime Vivancos, asesor de la Juventud Masculina en el Santuario de Valldoreix, Barcelona, para ofrecerle mi ayuda en cualquier cosa que necesitara durante mi estancia allí.

En ese momento, fue cuando la Mater me mostró la verdadera misión que me tenía preparada, por la que se fueron acomodando mis cosas y me llevó a Barcelona. El Padre Jaime, con mucha alegría, me dijo que cuatro chicos de la Juventud Masculina estaban con muchas ganas de realizar su Alianza de Amor y me pidió que fuera encargado de ellos y los preparara con el Taller de Alianza.

En un principio, muchos miedos pasaron por mi cabeza, ya que nunca había sido encargado de algún grupo y sobretodo la inseguridad de tener que preparar a cuatro jóvenes de una cultura totalmente distinta a la mía y de un continente en el que la fe en Dios disminuye cada día. Pero sentí que la Mater necesitaba justamente eso de mí, traer ese fuego y esa fe que tenemos en Sudamérica y ayudar a crecer, aunque sea un poco más en su fe, a esos cuatro chicos y las personas con las que me toque estar en contacto.

También, la Mater me brindó la gracia de formar en Barcelona un grupo de amigos a los cuales conocía de Paraguay, de las Misiones y del Movimiento de Schoenstatt, con quienes compartimos los mismos valores cristianos y la misma fe. Ellos fueron un soporte espiritual a lo largo del año aquí, ya que íbamos a misa, rezábamos el rosario y hasta realizamos el Camino de Santiago, en donde vivimos profundamente la Semana Santa en cada pequeño pueblo español.

La Mater ya se había ocupado de todo: de llevarme a estudiar en el extranjero, que era mi gran anhelo, de darme una misión para seguir trabajando para Ella y de rodearme de una comunidad que sería mi soporte espiritual durante mi estadía en España. Ahora sólo quedaba empezar a trabajar.

Misionero y misionado

Santuario de Valldoreix, Barcelona

A lo largo de todo el 2017 fuimos realizando reuniones y jornadas con los chicos como preparación a la Alianza de Amor. Estos momentos fueron un enorme regalo, ya que más que transmitirles o enseñarles algo yo a ellos, era yo el que salía sorprendido y aprendiendo de ellos cada día. Su espiritualidad era tan profunda al haber nacido prácticamente en familias schoenstattianas y, por sobre todo, su fe era muy firme en tierras en donde cada día es más difícil ser católico.

Esto realmente es digno de valorar, ya que para los sudamericanos es bastante fácil mantener y crecer en nuestra fe. Nacemos en familias católicas, somos bautizados a corta edad, existe gran cantidad de colegios, parroquias y movimientos católicos en donde uno puede formarse en la fe. Pero ser católico y con tanta convicción en un continente donde cada vez existen menos creyentes, es totalmente admirable.

Durante este proceso, además de ayudar a estos jóvenes en su preparación a la Alianza, también tenía el anhelo de poder profundizar también mi fe. Con ayuda del Padre Jaime fui preparándome a lo largo del año para entregar mi Poder en Blanco. Al principio tuve muchas dudas por el gran compromiso que esto significa. Asumí el desafío y casi al final del proceso de preparación, estuve plenamente convencido. Fui realizando mi historia de vida y pude percatarme de la presencia de Dios en cada uno de los momentos, felices y tristes, y cómo hoy luego de tantos años Dios me condujo hasta este punto. Ya no tenía ninguna duda de que abandonarse en las manos de Dios y de estar abiertos a que se haga su voluntad es la mejor manera de vivir.

El sábado 14 de octubre, los chicos sellaron su Alianza de Amor y yo entregué mi Poder en Blanco. La Mater tuvo hasta el detalle de que le entreguemos todo, nada más y nada menos, que en el día de los festejos de los 20 años en que Ella se había establecido en el Santuario de Valldoreix en Barcelona.

Este es nuestro lugar predilecto

Al día siguiente a la consagración, viajé a la ciudad de Colonia, Alemania, con el objetivo de firmar el broche de oro a todo este período, llegar al Santuario Original para estar allí por primera vez, celebrar un nuevo 18 de octubre en donde todo empezó y agradecer por tantas bendiciones recibidas en el último año.

No existen palabras que puedan definir la experiencia de pasar unos pocos días en Schoenstatt, un lugar de tanta paz y belleza en donde uno puede encontrarse plenamente con María y mirarla a los ojos durante horas.

Conocí a mucha gente de tantas lugares del mundo: de Paraguay, Brasil, Chile, Argentina, Alemania, España, Portugal, entre otros, y a pesar de las diferencias culturales que existen entre cada país, impresiona lo hermoso que es el carisma schoenstattiano, profundamente marcado por esa actitud de oración, de servicio y de alegría que nos representa. Es hermoso saber que en cualquier parte del mundo donde se encuentre Schoenstatt, uno puede sentirse como en casa y en familia.

De su mano, Dios nos lleva siempre a buen puerto

Analizando todo lo vivido a lo largo de mi vida, no me cabe la menor duda de que Dios y María se encuentran siempre tendiéndonos la mano, que va a haber momentos difíciles pero luego volverá la tranquilidad; que cada experiencia ocurre por algún motivo que somos incapaces de entender, que sólo Dios sabe lo que hace con nosotros, y todo es para mayor gloria suya. Lo importante es no tener miedo, abandonarse totalmente en sus manos y dejarse guiar por ellos. Debemos aprender a tomar sus manos con alegría, no con miedo y ellos nos irán conduciendo por ese camino, que podrá ser duro en muchos momentos, pero que siempre lleva a buen puerto.

Quiero cerrar este testimonio con una de mis frases preferidas del Padre José Kentenich, la cual considero debería ser seguida al pie de la letra:

“Quien tiene una misión ha de cumplirla, aunque conduzca al abismo más profundo y oscuro, aunque un salto mortal siga a otro”.

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