Publicado el 21. Septiembre 2017 In Obras de la misericordia, Proyectos, schoenstattianos

Entregar amor y que alcance más allá del medio día

Entrevista con Matthias Groß, Alemania, voluntario de la Casa del Niño en Villa Ballester •

Desde agosto de 2016 hasta agosto de 2017, Matthias Groß se ofreció como voluntario en la Casa del Niño en el gran Buenos Aires. La Casa está situada cerca del Santuario de Schoenstatt en el barrio de Villa Ballester y es un proyecto de la Familia de Schoenstatt, apoyado principalmente por la Federación de Matrimonios y la Campaña de la Virgen Peregrina.

El Padre Kentenich visitó años atrás la Villa Ballester, porque muchos inmigrantes alemanes se establecieron allí después de la Segunda Guerra Mundial. Éste es el lugar donde se fundó Schoenstatt en Argentina, el lugar dónde el Padre Kentenich dio varias conferencias y aquí, la familia Vallendor fue la precursora del santuario hogar y en este lugar se encuentra el hogar diurno para niños de las “villas” colindantes, como se llaman en la Argentina a los barrios menos favorecidos, donde los extranjeros (e incluso los voluntarios alemanes) sólo deben andar acompañados. Debido a la criminalidad y tráfico de drogas en la villa, ninguna persona de afuera está segura en las estrechas y sucias callejuelas. “Desde el Santuario, hacia los pobres”, esta frase de Joao Pozzobon la Familia de Schoenstatt de Villa Ballester la vive muy concretamente. El Padre Horacio Sosa (+2007) comentaba en los encuentros sociales de la Familia de Schoenstatt, que el Padre Kentenich deseaba que cada santuario de Schoenstatt, además de ser un centro de formación, fuese un hogar de compromiso social. Esto ocurre en la Villa Ballester.

Durante su visita a Sudamérica en junio de 2017, el Padre Hans-Martin Samietz de Alemania, que también hizo posible este intercambio, realizó una entrevista con Matthias Groß. Es un testimonio de un profundo vínculo con los educadores y los niños de la casa. El Movimiento de Schoenstatt de Ballester les regala con este proyecto a los niños y a sus familias, que viven en los barrios pobres vecinos, una idea de lo que es el afecto. Incluso cuando uno sospecha que la mayoría de los niños que visitan la casa, después quedarán “pegados” en su barrio, llegan a conocer a través de la Casa a algunas personas que no pertenecen a su barrio y que quieren lo mejor para ellos. Tal vez esta actitud pueda ayudar alguna vez a alguien a salir de esta situación de menosprecio…y por qué no, de ayudarle para transformar su barrio.

PHM: Ir al extranjero era un deseo muy fuerte en ti. ¿Cómo es que se te fijó esa idea? 

Siempre me gustó de alguna manera la idea, de aprovechar el tiempo después del Bachillerato. Tampoco tenía muy claro lo que quería hacer después. Y luego lo vi claro: conocer una nueva cultura. De una u otra manera ya tenía un acceso a Sudamérica. Conocí algo de la cultura a través de mi novia y su familia. Y lo que me encanta: ¡El idioma Español! La música en español siempre me gustó y la escuchaba a menudo.  Y luego el continente ya lo vi relativamente claro. Aunque creo que al comienzo el plan era sólo de un medio año, porque un año entero me parecía un tiempo muy largo. Pero retrospectivamente me siento feliz de que no fue sólo medio año. Después de medio año uno recién comienza a acostumbrarse, se adapta a la vida diaria. El segundo medio año es mucho más intenso que el primer medio año, al menos eso es lo que yo he vivido.No sé exactamente cuándo tomé la decisión de pasar un año en el extranjero. Tengo un montón de amigos que también estaban en el extranjero y hablaban muy positivamente de sus experiencias.

PHM: Algunas organizaciones ofrecen ir por dos años. ¿Hubieras aceptado estar dos años? ¿O lo aceptarías con la experiencia que tienes hoy?

Con mi experiencia anterior, nunca hubiera querido irme por dos años. Dependía de algunos factores, como era el estar separado de mi novia. Ahora, al final del primer año, por un lado tengo deseos de volver a casa, pero teóricamente sería perfecto, si pudiese ir por algunos días a casa y luego volver a este lugar. Simplemente hacer una breve pausa. Ya que aquí me gusta muchísimo. Además está el deseo de volver a ver a los viejos amigos, simplemente volver a vivir la rutina diaria del hogar.

PHM: ¿Qué es lo que más extrañas?

MG: Hm… Hay algunas cosas. No son cosas grandes. La manera alemana es mucho más organizada en muchas cosas y es lo que hace la vida más fácil de vivir, porque uno está acostumbrado a ella. La comida aquí es fantástica, sin embargo, cosas como Döner (especialidad turca) o la cerveza alemana son difíciles de superar (se ríe). Estas serán una de las primeras cosas que comeré de nuevo cuando esté en Alemania.

Bueno, claro, extraño a mi novia, a mi familia, mis cosas que tengo en mi habitación, extraño no tener mi espacio. (Piensa)Y en lo general tener más posibilidades: es mi experiencia en casa de mis padres, donde yo vivo. Por ejemplo, me gusta construir cosas, o ser creativo y tal cosas. Y esto aquí es difícil, porque no tengo aquí los materiales, con los cuales puedo hacer algo, ni herramientas, ni esas cosas. Y sí, estoy deseando simplemente tener esas posibilidades de nuevo.

 

PHM: ¿Y qué es lo que has ganado durante el año?

Esa es LA pregunta (se ríe)

PHM: ¡LA pregunta! (risas) ¿Por qué te gusta estar aquí? Tal vez te resulta más fácil de contestar.

Sí, esa es más fácil para responder. Bueno, aquí me siento extremadamente bien. La jornada del trabajo me gusta muchísimo, porque en la Casa del Niño somos un equipo muy simpático con el que me gusta mucho trabajar. En realidad fue muy fácil comenzar a trabajar en este ambiente amistoso y me resultará difícil dejar atrás esta experiencia. El trabajo con los niños también es algo muy bonito y divertido y uno puede compartir un poco de lo que uno sabe y puede hacer. Incluso al dar clases de guitarra, en Español sin muchos conocimientos del idioma, al comienzo fue realmente…interesante (se ríe).

También tenemos muy buenos amigos aquí a la vuelta de la esquina. Además un matrimonio fantástico: nuestra mentora y su esposo, los que siempre están a disposición para nosotros, ellos son un apoyo perfecto. Ya me he acostumbrado a esta cultura: beber mate y los domingos asados con los amigos, eso ya es parte de mi vida cotidiana. Y no quiero perder eso. Estos son algunos de los motivos de por qué me gusta estar aquí.

PHM: Describe desde tu punto de vista el proyecto por el cual trabajas.

La Casa del Niño es un hogar diurno para niños que vienen de la Villa vecina: ese es un término en Argentina para describir un barrio ghetto o de pobreza. Aquí ellos reciben un desayuno, luego hacen sus tareas, horas de cuidados o talleres y a medio día reciben un almuerzo, para que luego vayan a la escuela.

Y también es importante decir, que los niños reciben en la Casa no sólo comida para ellos, sino también comida para su familia, así la familia tiene algo de comer para el almuerzo o para la cena. El alcance de personas que tiene la Casa del Niño son aproximadamente 100 personas.

Nosotros los voluntarios somos responsables de ayudar a los niños con sus tareas, estamos a cargo de talleres (guitarra y taller de manualidades) y ayudamos a la cocinera en la cocina. También ayudamos en las cosas que surgen a diario: si llega una donación de alimentos o ropa, ayudamos a ordenar, organizar la despensa, ese tipo de cosas. Son sólo mujeres las que allí están a cargo, por eso es bastante práctico si chicos jóvenes pueden ayudar con las cosas pesadas.

Además, como ya lo mencioné, doy lecciones de guitarra. Eso comencé a hacerlo al principio del año, porque las cuatro guitarras que había, hicieron esto posible. Pensé que esto sería una linda cosa para darles a los niños. Y Pablo, el otro voluntario, trabaja dos veces a la semana en la carpintería con los niños haciendo rompecabezas, cosas pequeñas en madera para las madres… ¿qué más? Ganchos de ropa, ese tipo de cosas sencillas que pueden ser terminadas en dos horas y que los niños pueden aserrar y producir.

La única cosa que la Casa no es, diría yo, no es un “proyecto escalera” para ayudar a los niños a salir adelante, sino que es un mundo paralelo al que ellos viven. Eso sin duda que es algo hermoso, pero la pregunta es, qué porcentaje de los niños que vienen, terminan como sus padres. Esa es la parte que de alguna manera me duele. En los niños hay un inmenso potencial y tienen tantas ganas de hacer algo, pero debido a la situación de su hogar, la situación social en su barrio, es sumamente difícil tratar de salir adelante. Y la Casa no tiene ni las personas ni los medios financieros para hacer un “proyecto de escalera” más amplio.

 

PHM: ¿Por qué tu trabajo tiene un sentido? ¿Tienes dudas de que tenga sentido?

No, de ninguna manera. Nunca he dudado que esta institución tiene sentido. Sólo por el hecho de que los niños reciben allí comida. Y aunque sea una gota sobre la piedra caliente, lo que yo no creo que sea, mal que mal es una gota. Y yo opino que los niños en el lapso entre tres a catorce años tienen la posibilidad de ver estructuras fuera de su villa y ver que hay posibilidades de salir adelante. Que existe otra realidad fuera de su barrio, lejos de la droga y de la violencia. Y en parte aprenden algo de pedagogía schoenstattiana y disfrutan allí de una formación equilibrada y reciben valores cristianos y morales básicos. Yo diría que eso es trabajo de formación: una base moral, uno se disculpa, se dice “gracias, “por favor”, cosas tan normales que no se dan en su entorno. Eso aprenden (espero) en la Casa. Este es un gran paso en cualquier caso. El proyecto definitivamente tiene sentido.

PHM: ¿Qué has reconocido como pedagogía de Schoenstatt en la Casa?

El kindergarten es dirigido, por ejemplo, a través de la pedagogía de Montessori, donde se encuentra anclada una parte de la pedagogía schoenstattiana, opino yo. Luego las maestras, las profesoras o las encargadas, creo que todas o casi todas, pertenecen a Schoenstatt y viven eso en la Casa.

Durante la última reunión de equipo, nosotros estábamos presente y allí se dijo claramente, que el gran sentido de la Casa es entregarles amor a los niños, simplemente estar allí para ellos y tratar de cumplir sus deseos. Simplemente ser lo opuesto de lo que ellos normalmente viven: ser rechazados. Por eso Laura (la jefa) nos pidió de no regañar a los niños, sino ser siempre positivos, siempre entregarles una retroalimentación positiva. Al comienzo, eso me pareció algo exagerado. Pero luego lo entendí como la mentalidad de los brazos abiertos.

Creo que es así: les damos tanto amor, y que alcance más allá del medio día (se ríe). Ese es el pensamiento que hay detrás. Y eso es algo lindo de observar. Y eso es lo que se encuentra en Schoenstatt y en la pedagogía de Schoenstatt: simplemente amar a los niños, aceptarlos tal como ellos son. Sí, es lindo ver eso.

 

PHM: ¿Cómo podría funcionar la casa sin ustedes los voluntarios? ¿Qué sería distinto? ¿Qué se notaría?

Bueno, no se daría la posibilidad de ofrecer lecciones de guitarra y de carpintería. Eso está claro. Con eso faltarían esas cosas adicionales. Creo que la estructura básica tendría sus baches, y todo sería algo más difícil.

Los temas logísticos no serían tan fáciles de solucionar. Y ahora existe una situación especial porque una de las profesoras o encargadas está enferma desde hace meses. Y allí muchas veces podemos ayudar cuando hay menos personal. Ahí somos seguramente una ayuda.

También creo, que el hecho de que chicos vengan como voluntarios a la Casa a través del programa “mi camino” (Mein-Weg), es una cosa muy positiva, ya que los niños reciben de sus casas una visión del padre o del hombre bastante trastornado, generalmente a través de sus hermanos, tíos, etc. Allí nuestro trabajo es de pioneros, mostrando lo que de verdad es un hermano mayor. O para los niños del kindergarten, nosotros representamos en parte también la figura del padre. Les mostramos lo que podría ser normalmente una personalidad masculina. Muchos de ellos no la han llegado a conocer.

PHM: ¿Si tú hicieras un regalo de despedida en el taller de carpintería o en otro taller, qué regalo sería ese para la Casa?

¿Para toda la casa?

PHM: Sí.

¡Oh Dios! ¡Yo no sirvo para traer regalos o para hacerlos! (piensa un rato)

No sé, tal vez alguna cosa útil, con la que los niños tengan una alegría, algún recuerdo o algo con lo que ellos pudiesen continuar lo que hemos comenzado. (Piensa)

Por ejemplo, cuando yo no esté, ya no habrá más lecciones de guitarra. (Piensa)

Sí, si yo pudiera, creo que confeccionaría guitarras que se las daría a los niños. Aquí no podemos entregarles las guitarras a los chicos. Tenemos cuatro y pertenecen a la Casa. Y es más o menos claro, que por algunas personas, estas guitarras no volverían a aparecer si se las prestáramos, porque los niños no tienen un lugar privado o una habitación privada donde la puedan guardar. Sin guitarra en su casa sólo pueden practicar una vez en la semana media hora en la Casa. Y ahí el progreso es mínimo. Y yo creo que la música es algo bastante importante. Para mí es muy importante y me puedo imaginar que muchos niños, si tuvieran la posibilidad de tocar regularmente un instrumento, serían capaces de crear algo propio, que les proporcione más personalidad. Así pienso yo, no se trata sólo de música, de tocar un instrumento, sino que es una herramienta para expresar algo. Si yo pudiese, yo les haría guitarras o pequeñas ukeleles porque son más fáciles de tocar.

PHM: Yo creo que tú tienes mucho más que decir, pero aquí hacemos un punto. ¡Muchas gracias!

¡Ok, ningún problema!

 

 

Más informaciones e informes sobre mi camino (“mein-weg” en idioma alemán) y facebook.com/Mein Weg.schoenstatt o a través del Padre Hans-Martin Samietz +49 151 58 50 11 92.

Si Usted quiere apoyar la Casa del Niño – simplemente apreté el botón de donativos ayudando con tarjeta de crédito, nota de débito o PayPal.

Original: Alemán 13/9/2017. Traducción: Tita Andras, Viena, Austria y Alexandra Kempf, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia

Casa del Niño “María de Nazaret”, Villa Ballester, Argentina

 

 

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