Publicado el 27. junio 2015 In schoenstattianos, Segundo siglo de la Alianza

Tres preguntas… sobre el Schoenstatt del segundo siglo de la Alianza de Amor (29)

Hoy responde el P. Adolfo Losada, de la Federación de Sacerdotes, Curso Tabor de María-Santuario de Padres Presbíteros del Plata, Buenos Aires, Argentina •

A medio año de peregrinar por el segundo siglo de la Alianza de Amor… ¿Cómo sueña este Schoenstatt en su ser, en su estar en la Iglesia y en el mundo y en su quehacer?

Dos cosas vienen como una voz a mi alma: Un eco que repetimos hace un año sin cansarnos “Tu Alianza, nuestra misión”, y dos frases del Padre Kentenich que recientemente leí en el libro “Huellas de un Padre” del P. Esteban Uriburu y que traducen esa misión de llevar el espíritu de Alianza a todas partes y expresan algo de lo que desearía para nuestra familia. La primera se refiere a Ella:

“Schoenstatt puede comprenderse como un grande y eficaz movimiento de ideas y educación. Pero de ninguna manera se lo aprecia correctamente si no se lo considera como un poderoso movimiento de gracias, que en arrolladora plenitud impulsa hacia adelante. En tiempos convulsionados, el nudo de la cuestión está en la corriente de gracias. Allí donde el Demonio se apresta a convocar a un tiempo marcadamente apocalíptico, todo depende de que la gran Aplastadora de la serpiente ponga en juego todo el poder y fuerza de sus gracias… Creemos – y podemos aportar para ello pruebas suficientes- que así lo ha hecho en Schoenstatt, y así quiere hacerlo en todas partes donde surjan cuadros de la MTA y capillas de la MTA como filiales de Schoenstatt”.

La segunda se refiere a nosotros:

“El hombre nuevo -nuevo tipo de santidad- ha de ser semejante a esos puentes colgantes que no tienen ningún pie o columna que los sujete a la tierra para mantenerlos firmes; sus amarras están en lo alto. Sin embargo, su resistencia es muchas veces superior a los puentes fijados a tierra. Así es la formación de los miembros del Movimiento: deben ser como puentes colgantes, atados libre y voluntariamente al amor de Dios en lo alto”.

Sigue siendo el mismo el secreto de la fecundidad de estos cien años, nuestra debilidad aceptada y autoeducada en contacto vivo con el encanto de Su mirada y la del Niño en sus brazos, para hacerle con nuestro pobre y fiel amor concreto, suave violencia, para que se establezca en nuestros santuarios y obre en nosotros y, a través de nosotros, sus milagros de transformación en hijos e instrumentos suyos. Servicio viviente y desinteresado que como familia podemos dar a la necesidad más urgente del hombre de hoy, sentirse hijo, niño amado, caballero o reina, con hogar y con sentido de la existencia, con identidad que lo saque de la soledad y el aislamiento que el consumismo y la masificación nos ofrecen. Sabemos del Reino del Padre que la Mater nos ha regalado en sus Santuarios, cómo nos volvimos nuevas creaturas en Cristo por el influjo resplandeciente de su presencia en Ellos, cómo nos devolvió el sentido de misión en la vida, dándonos un Padre y una Familia. ¿Cómo no servir la misma mesa?

Para llegar a cumplir este sueño, ¿qué tenemos que evitar o dejar?

Me parece, y lo digo con respeto, que debemos evitar un Schoenstatt “fashion”, lleno de fotos, slogans y reuniones teóricas donde podemos solo autocomplacernos. No digo no tener estas cosas, ya que pertenecen a nuestro modo orgánico de pensar y vivir la vida, y cuánto consuelo nos dan; pero ponerlas en el centro nos harían olvidar que los primeros congregantes pasaron la guerra, que nuestro Padre pasó frío en Dachau, que las hermanas que fundaron en estas tierras americanas pasaron necesidad y trabajos superiores a sus fuerzas, que la hermana Emilie sufrió filialmente…que Don João murió en camino, llevando la Mater. Sin lagar no hay vino…, y no me refiero a un voluntarismo duro, oscuro y cerrado, pero sí al heroísmo generoso y secreto de una vida ofrecida por Amor a Ella y su misión en Occidente.

Para llegar a cumplir este sueño, ¿qué pasos concretos debemos dar?

Seguir las huellas del Padre con fidelidad creadora. Pero seguir las huellas del Padre. No inventamos Schoenstatt, como no inventamos el Evangelio. Ambos lo vivimos de manera original, pero lo vivimos. Indudablemente y en el Espíritu de respeto sin límites del Padre por cada hombre, cada uno es partícipe activo, libre y novedoso de la Familia, cada uno revive Schoenstatt de manera única, pero en un Espíritu y Misión comunes. Hay bienes que son de todos y para todos, y para las generaciones que vengan debemos cuidarlos conquistándolos.

Sueño que todos desarrollemos ese instinto sobrenatural que tenía el Padre para captar al Dios viviente y discernir Sus voces, una sensibilidad especial para captar los movimientos de Dios y Su gracia en medio del acontecer diario y en el corazón de los hombres.

Esto al Padre se lo regaló la Mater, y esto a la Familia también nos lo regala la Mater, pero con muchas y fecundas horas de silencio en el Santuario.

Por eso sueño con una renovada corriente de vida hacia y desde el Santuario como centro vital en la Alianza de Amor con la Mater.

Ir cada uno solo, o con su grupo, o con la Rama, mucho y bien al Santuario, en cualquiera de sus formas, para aportar al capital de gracias, para mostrarle que la amamos realmente, para hacerle suave violencia por 100 años más y para volvernos sensibles a la obra de Dios. Sensibles a la gracia y a las gracias que brotan del Santuario como un río.

Sueño también a cada schoenstattiano con su Peregrina…no se nos van a gastar los pies. ¿Ella obrará ese milagro? Con una sensibilidad nueva para entregarla, con conciencia de instrumento para ayudar a que otros muchos conozcan el Santuario. ¡Qué hermoso abrirle por primera vez el Santuario a alguien que ha perdido el sentido de la vida, el hogar interior o el sentir de niño! Con conciencia de ser Santuario vivo para los solitarios y angustiados, ser como una aparición de Ella: fuertes, dignos, alegres, sencillos, muy sencillos…como Ella. Profundos en el encuentro. Eso lleva tiempo, y miradas conscientes de ser portadores de Alguien, no de algo. Hace falta nuestro desprendimiento interior.

Sueño creer y comunicar la riqueza de la Alianza a la Iglesia como camino de sanación, crecimiento humano y santificación, ser instrumento vivo para que otros -libre y lúcidamente- hagan su Alianza de Amor. ¿Cómo guardar este tesoro que modificó nuestra vida por la eternidad?

Que nuestros Santuarios se llenen de jóvenes, muchos (¡nacimos con ellos!) y de ancianos con memoria de Familia.

Sueño con que demos a conocer a muchos el pensamiento profético, no domesticado, del Padre Kentenich, su diagnóstico sobre el hombre de hoy y su oferta de sanación, la que él experimentó…y hacerles probar la medicina en el Santuario, con la Mater y poniendo como prenda nuestro corazón entregado.

La Mater en el Santuario ha salvado mi vida humana y sacerdotal muchas veces, y la vida de muchos que Jesús Buen Pastor me ha confiado. Eso es gracia. Nada sin Ella. Nada sin nosotros.

Por suerte, soñar, todavía, no cuesta nada.

¡Gracias!

+ Con Cristo su Hijo bendíganos la Virgen María.

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