Publicado el 9. Octubre 2015 In Segundo siglo de la Alianza

Tres preguntas… sobre el Schoenstatt del segundo siglo de la Alianza de Amor (44)

Hoy responde: Claudio Ardissone: Tengo 45 años, estoy casado hace 20 años con Vicky Ramírez, tenemos 2 hijos, Costanza de 17 y Camilo de 13 •

Conocí Schoenstatt fugazmente a los 15 años y empecé a formar parte del Movimiento a los 19, empezando la Universidad. Mi grupo de la Juventud Masculina se llama Hontanar y nuestro ideal es “Ser fuente para los demás”, porque nos tocó la etapa de la segunda refundación de la Juventud Masculina en Paraguay, hablo en presente porque hasta ahora seguimos unidos y nos reunimos.

Hice mi Alianza de Amor y trabajé activamente en la JM durante mis años de universitario, fui jefe de la 1ª. Escuela de Jefes, encargado del grupo de pioneros José Engling y posteriormente Jefe de Rama. Tengo varios hitos que marcaron con fuego mi amor por la MTA y por el P. Fundador. El primero tiene que ver con la autoeducación que me formó profundamente en mi temperamento. El segundo hito fue mi Alianza de Amor, que hizo que desde ese día, todos los días, le entregue mi corazón a María y ella me cuida, bendice y protege. El tercer hito fue el Congreso Generación ’92 de la Juventud Masculina que se realizó en Buenos Aires; y ahí entendí el concepto de “jugarse completamente por un ideal”, después de una homilía del P. José María García. La pasión y el entusiasmo natural de la JM caló profundamente en mi espíritu, viviendo todos los días con alegría. Hasta estos días estoy vinculado con el Movimiento mediante nuestros hijos que ya son de la Juventud Femenina y de la Juventud Masculina, los sacerdotes amigos, las misas y visitas al Santuario y las colaboraciones que podemos hacer.

A casi un año de peregrinar por el segundo siglo de la Alianza de Amor… ¿Cómo sueña este Schoenstatt en su ser, en su estar en la iglesia y en el mundo, y en su quehacer?

Ak0IoNvOEmd1FeX94TvBp3VTfxPJWg5Bv9Mnv8xHPqUoYo sueño con un Schoenstatt que nos motive a vivir con la conciencia del ser santos en la vida diaria, que nos transmita profundamente el amor por la familia, que nos haga vivir la misa todos los días y que nos recuerde siempre nuestra paternidad responsable.

Un Schoenstatt que forme profundamente a nuestros jóvenes en los valores morales y éticos, que no acepten la relatividad de las cosas en los diferentes momentos de la vida diaria. Quiero un Schoenstatt que se juegue por los que más necesitan del amor, la presencia y el consuelo de la Mater. Que el espíritu del P. Kentenich penetre y esté presente en el actuar diario de los schoenstattianos.

Para llegar a cumplir este sueño ¿qué tenemos que evitar o dejar?

Deberíamos evitar la formación “en serie” de personas que ingresan a Schoenstatt porque está de moda o es “cool”.

Creo que cumplir con este sueño implica que los grupos de la Juventud Masculina, Juventud Femenina, Familia, Peregrinos, etc., reciban una formación de las bases muy buena sobre la espiritualidad de Schoensatt, el núcleo del pensamiento del P. Kentenich. Además, una formación minuciosa de la liturgia y sus significados.

Schoenstatt se debe “vender” como una marca muy fuerte que implica compromiso, valores, apostolado, generosidad y entrega total.

Para llegar a cumplir este sueño ¿qué pasos concretos debemos dar?

Establecer un programa de formación para las juventudes, así como está establecido para la obra familiar, las federaciones, los institutos.

Velar para que los chicos se formen sólidamente en la catequesis de primera comunión y confirmación.

Revisar la forma y la cantidad de compromiso que se exige, sobre todo a las familias, porque en muchas ocasiones, los padres se ocupan más del Movimiento que de sus propias familias.

Favorecer la formación de grupos familiares de personas que estuvieron en las ramas juveniles y que al casarse tienen que empezar su formación desde cero, lo que en muchas ocasiones, aleja a esas parejas jóvenes.

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