Publicado el 23. junio 2015 In Segundo siglo de la Alianza

Tres preguntas… sobre el Schoenstatt del segundo siglo de la Alianza de Amor (25)

Soy Manuel de la Barreda Mingot. Estoy casado desde hace 24 años con Lourdes Navarro y tenemos cuatro hijos de 22, 20, 18 y 8 años. El tercero de ellos, Javier, tiene Síndrome de Down y es adoptado •

Pertenecemos a la Liga de Familias de Madrid desde hace dieciséis años. Formamos un grupo de vida con matrimonios amigos y hemos logrado mantenerlo estable hasta hoy en día, con pequeñas variaciones. Hicimos la Alianza de Amor en 2003 junto con parte del grupo, y la renovamos en 2009 con el resto. En el año 2008 consagramos nuestro Santuario del Hogar. En 2010 sellamos el Poder en Blanco mi mujer y yo y encontré mi Ideal Personal. También nos hemos consagrado como militantes¹ en el año 2014 y durante el período de formación para la militancia, encontramos nuestro Ideal Matrimonial.

En la Familia de Schoenstatt hemos participado en numerosas comisiones para preparar actividades de la Liga como retiros, campamentos y javieradas (las javieradas son peregrinaciones de 40 Km a pie entre Pamplona y Xavier, cuna de S. Francisco Javier. Vamos unas 120 personas entre matrimonios e hijos. Los jóvenes organizan su javierada propia). Dirigimos el taller de Santuario del Hogar para la Liga de familias en cinco ocasiones. Este taller también lo he dirigido en México DF, a la Familia de Schoenstatt de allí, durante una estancia de un año por trabajo. En Panamá, en otra estancia también por temas laborales ayudé a iniciar dicho taller a un grupo de madres de aquel país.

En el Santuario de Serrano, en Madrid, colaboro con la pastoral del mismo como Ministro Extraordinario de la Eucaristía, tanto para las Eucaristías del Santuario como para llevar la Comunión a enfermos. Y gracias a esta función, también colaboro en mi parroquia como Ministro de la Eucaristía.

Durante cuatro años pertenecimos al Patronato de la Fundación María Ayuda de España, siendo el presidente del mismo.

Fuera del movimiento también desarrollo varios apostolados.

Desde antes de casarnos comenzamos con mi mujer a peregrinar con enfermos al Santuario de Lourdes, acompañando a la Hospitalidad diocesana de Madrid. Llevo ya 25 años y unas 35 peregrinaciones acudiendo a este santuario mariano con enfermos.

Hemos peregrinado también al Santuario de Fátima y a Medjugorje.

Actualmente los apostolados que más me ocupan son la Pastoral de la Esperanza, nacida a la sombra del Santuario (matrimonios de divorciados vueltos a casar) y la Fundación el Arca, de Madrid, (Jean Vanier) de la que soy presidente, para el desarrollo de la convivencia de igual a igual con los discapacitados psíquicos.

A medio año de comenzar a peregrinar por el segundo siglo de la Alianza de Amor ¿cómo sueña este Schoenstatt en su ser, en su estar en la Iglesia y en el mundo, y en su quehacer?

Yo, personalmente, sueño mi Schoenstatt del futuro como un referente para la Iglesia, para el mundo, en aquellos frentes que supongan una ruptura para los principios mal establecidos y anclados en lo rancio. Aquellos principios que enferman al ser humano. Pero no un movimiento “progre”, no. Un movimiento valiente, respetuoso al ciento por ciento con la Iglesia, su autoridad y su Magisterio, pero sin miedo a abrir nuevas puertas en aquello que afecte al hombre actual. Y abrir esas puertas para acercar a este hombre a Dios a través de la Mater, y de la mano de la Iglesia.

Un movimiento que, al igual que el Padre Kentenich en su tiempo, sepa adaptarse a los tiempos, conservando lo esencial, lo importante de nuestra fe y de nuestra Iglesia, desterrando lo accesorio e inútil.

Un movimiento de gente que no tenga miedo a equivocarse, y valentía para reconocer sus fallos y rectificarlos. De gente sin miedo a dar pasos en el vacío, con esa sana inconsciencia que decía el Padre Kentenich. Inconsciencia para lanzarse a favor del ser humano como hijo de Dios.

Un movimiento que sepa estar en la brecha de las necesidades acuciantes del ser humano, físicas y espirituales, y al servicio de la Iglesia y por tanto de Dios y la Mater.

Pero un movimiento que ancle su fuerza en la oración. En una oración profunda y verdadera, en el mundo. Ser un referente orante para la Iglesia y el mundo.

Para llegar a cumplir este sueño ¿qué tenemos que evitar o dejar?

Empezando por el final, debemos no tener miedo a rezar, a establecer en nuestros Santuarios horarios de adoración abundantes, a contagiar y enseñar, dentro de nuestra libertad, como rezar, como relacionarse con la Mater y con Dios a través de la oración y como descansar en ellos. Cómo dejarse transformar por el fruto de la oración.

Debemos evitar también tener estructuras pesadas que adormecen y alienan.

Debemos no tener miedo a que nos cuestionen, ni dentro ni fuera de la Iglesia, siempre que defendamos nuestros principios con honradez.

Y sobre todo, debemos no tener miedo a hacer nuestras las palabras de Cristo, “… no necesitan médico los sanos sino los enfermos…” saliendo continuamente de nuestra zona de confort hacia los demás, y sobre todo a quienes están fuera, siendo un movimiento misionero.

Para llegar a cumplir este sueño ¿qué pasos concretos debemos dar?

En primer lugar, y para llenar nuestros “depósitos”, comenzar por favorecer, por fomentar una pastoral fuerte de oración, tomando todo lo que nuestro carisma tiene al respecto y enriqueciéndolo con lo que otros carismas de la Iglesia tienen de bueno para esta pastoral. Estos sitios privilegiados para la oración que tenemos, los Santuarios, deberían estar siempre llenos de gente rezando y adorando.

Tenemos que aprender en cada familia a aportar crecimiento a todos los componentes de la misma, independientemente del tiempo que lleven en el Movimiento. Las actividades para los nuevos son importantes para que se vayan integrando y motivando, pero no hay que olvidarse de quienes llevan más tiempo.

Hay que revisar continuamente cual es nuestra zona de confort, y si nos estamos acomodando en ella. Y esto se debe hacer en todos los niveles y de manera regular.

Favorecer todas las actividades misioneras, entendiendo por estas, todas aquellas que nos hagan salir del Movimiento a la Iglesia, al mundo.

 

¹ En otros países: miembros de la Liga

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