Publicado el 9. junio 2015 In Segundo siglo de la Alianza

Tres preguntas… sobre el Schoenstatt del segundo siglo de la Alianza de Amor (21)

Hoy contesta: Sebastián Acha, Asunción, Paraguay, ex jefe de rama de la Juventud Masculina Secundaria en su época, fundador de Patria Querida (partido político que nació de Schoenstatt) y ex diputado nacional por dos períodos •

 

A medio año de peregrinar por el segundo siglo de la Alianza de Amor… ¿Cómo sueña este Schoenstatt en su ser, en su estar en la iglesia y en el mundo, y en su quehacer?

No me imagino a la Iglesia sin Schoenstatt y a Schoenstatt fuera de la Iglesia. El camino del Padre Kentenich fue el de la transformación desde su propio interior hacia un movimiento que siga ese ejemplo. Dejar atrás el mecanicismo y las decisiones fáciles, emotivas pero cortoplacistas. Cada Santuario es una sala de espejos del interior de cada cristiano. Allí se forja el cambio, no por hechos externos por más extraordinarios que aparezcan.

Para llegar a cumplir este sueño, ¿qué tenemos que evitar o dejar?

Debemos evitar el camino corto, el que da rápida satisfacción porque llega solo a la periferia de los problemas. Regalar obras y ofrecer nuestro tiempo debe ser no solo para vivir experiencias que nos alegran y nos llenan de alegría por un fin de semana o dos. Debemos pasear dentro de ese “gran espacio interior” del que hablaba el Padre Kentenich y encontrar allí nuestras miserias, enfrentarlas, aceptarlas, ofrecerlas.

Para llegar a cumplir este sueño, ¿qué pasos concretos debemos dar?

Schoenstatt es un camino cuyo primer paso es el autoconocimiento. Lastimosamente terminamos conociendo más de la vida de otros que de la nuestra. Una Alianza de Amor sin examen interior, sin compromiso de vida y sin involucrarnos en una sociedad en la que la voz de Dios nos llama por nuestro nombre, será solo un acto vacío en el que encontraremos felicidad seguro, pero fugaz, endeble, superficial. El primer paso concreto que tenemos que dar es enfrentarnos a nuestra propia crisis existencial. Conocer y afrontar nuestras dudas, para afianzar nuestras convicciones y defender nuestras verdades. Si aún no lo hemos hecho, tenemos un hermoso tiempo para regalarnos y hacerlo hoy.

 

 

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