Publicado el 1. septiembre 2017 In Vida en alianza

Convertirnos en “Pequeñas Marías” en el mundo

ITALIA, Maria Lucrezia Rallo

Maria Lucrezia Rallo, primera integrante de la Juventud Femenina siciliana y dirigente del primer grupo de las Apóstoles de María en Italia, relata a Schoenstatt.org su relación con la Mater y el desarrollo de la Juventud Femenina de Schoenstatt en Sicilia.

Todo se inició en el 2008, cuando tenía apenas seis años y medio y  María me cambió la vida. Después de que ella salvó a mi papá de una grave enfermedad, nuestra conversión fue veloz y llena de amor. ¡Cada vez que se presentaba la ocasión de dar testimonio a todos de las maravillas que ella había hecho en nuestra vida, nosotros estábamos listos!

Las gracias de la Madre no se habían agotado. En 2009 nació mi pequeña hermanita María Cristina. ¡Las ganas de gritar al mundo entero el amor de María crecían más y más!

Las numerosas peregrinaciones a Roma, al Santuario de Belmonte, en las suaves manos de la Hna. Ivone, y con mis padres, ahora responsables de la Campaña en los distritos de Palermo, me han hecho acercarme a la realidad de la Juventud Femenina de Roma, guiada con empeño por la mítica Hna. Julia, mi madrina espiritual.

Mi juventud me impedía la plena participación, pero siempre volvía a Sicilia con muchas esperanzas e ideas.

Mi relación con María siguió creciendo. Ella estaba, está y estará conmigo en todas las situaciones, incluso en aquel triste 11 de septiembre de 2015, cuando falleció mi tío, de apenas cincuenta años. No era un tío cualquiera, teníamos ese tipo de relación en la cual el afecto es la base de todo. En esta situación pensé por primera vez que me había quedado sola, no sentía más a María brillar en mi vida.

Así fue por algunos meses, hasta que finalmente tuve el valor de salir de mi dolor, de ser igual a los demás y encontrar nuevamente mi fuerza en María.

En nuestro corazón no puede reinar la tristeza por más de 5 segundos.

He resurgido en la alegría y entendido mi misión, encontré el modo de compartir el amor de María y de su hijo Jesús, creé el primer grupo en Italia de las Apóstoles de María y pude también, aunque haya sido a distancia y con mucha dificultad, integrarme a la JF (Juventud Femenina) romana.

Así, después de numerosos preparativos y con la ayuda de la Hna. Julia y de toda mi familia (abuelas incluidas), el 9 de junio de 2017 se coronó el proyecto de la Santísima Virgen.

En el primer encuentro participaron ocho niñas, con edades entre los seis y los nueve años, junto a las Hnas. Julia y Denise, llegadas desde Roma para la ocasión.

Ha sido maravilloso vernos a todas, como instrumentos de María, trabajar en estos pequeños corazones.

Los encuentros han continuado y ahora contamos con doce pequeñas apóstoles, que seguramente continuarán gracias al empeño de las mamás que se están acercando a la realidad del Movimiento de Schoenstatt y de mi familia, que ha decidido compartir conmigo esta misión, involucrando a las Hermanas del Colegio de María de mi lugar. No siempre es fácil, a veces la tristeza se apodera de nosotros, pero somos hijos de María, así que en nuestro corazón no puede reinar la tristeza por más de cinco segundos.

¿Cuál es el objetivo de arremangarnos y perseverar en la misión de la Santísima Virgen?

Ser pequeñas Marías en la sociedad del Siglo XXI. En cada lugar, en la escuela o en la familia, hacer valer la propia originalidad a través de juegos, actividades, cantos y bailes, compartiendo experiencias y creciendo juntas.

¡Nada colma más el corazón que donar el inmenso amor de María a los demás, aunque solo sea con una sonrisa!

 

Original: Italiano, 28/08/2017. Traducción: Ana María Ghiggi, Santa Fe, Argentina/es

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