Publicado el 10. julio 2017 In Vida en alianza

Un Sí rotundo a Dios: Toma de la Túnica de Sion

PARAGUAY, Julio Giménez •

Esta quieta tarde de domingo de un invierno que no quiere ser tal, raro incluso sin futbol, nos permite introducirnos en las profundidades de nuestro ser espiritual y recordar los momentos vividos ayer, 8 de julio de 2017, en Tuparenda, con la Toma de Túnica de los novicios de los Padres de Schoenstatt venidos de todas partes de América, de Portugal, Alemania y Hungría.

Naturaleza y clima propicios, un sol que no abrasaba sino que abrazaba; el verde de la vegetación que se agitaba acompasadamente por la suave y fresca brisa que nos refrescaba el alma y el corazón. Ese era el escenario con que natura nos recibía y acogía para ese momento tan especial de cenáculo.

De entrada los sones de esa hermosa pero sencilla música que,  a imagen de su inspirador San José, nos envolvía con la magia de su letra y sonido, representando para nuestro deleite  la figura de este santo humilde, sencillo, silencioso, que como dice parte de la letra fue “Custodio de la Luz”, esa luz  que es Cristo Jesús.

La música entonada por un coro que parecía salido de un encantamiento, acompañado por un magnífico grupo instrumental, nos transportaba por sobre la superficie y nos elevaba hacia alturas que solo lo espiritual es capaz de hacer, en una conjunción arrobada de fieles, familiares, sacerdotes, religiosas y, por supuesto, los novicios. Estos últimos ingresaron al recinto con sus rostros reflejando la plenitud y la alegría de dar ese paso tan radical para su persona, para la Iglesia y el mundo.

Aquí se escucha la voz del Señor

Muchos lugares comunes podemos citar en relación a este magno acontecimiento, pero solo querría apuntar los siguientes, que no son precisamente comunes ni ordinarios: en la Antífona se decía: “Que aquí se escuche la voz del Señor”. Sí, allí prácticamente se escuchaba la voz del Señor, en el palpitar de esas 21 almas que se consagraban a Dios. Ese latir se nos trasmitía y la sensación parecía acrecentarse y profundizarse con el armonioso tañido de las campanas de Tuparenda, que se unían al coro y grupo instrumental, como si se hubieran puesto de acuerdo para tan hermoso momento. Era como si Dios dijera: “Samuel, Samuel” y veíamos a esos 21 Samuelitos respondiendo: ¡Sí,  Señor! ¡Sí, Señor!

Luego la música que nos llevaba más aún a las profundidades abisales de nuestras almas cuando el coro cantaba “abrid las puertas a Cristo, no tengáis miedo…”, recordándonos a San Juan Pablo II y a Benedicto XVI. La hermosa homilía del Padre Juan Pablo Catoggio, Superior General de los Padres de Schoenstatt, cuando, dirigiéndose a cada uno de los Novicios, les decía algo como esto: “la cosa es bien sencilla pero a la vez desafiante: le caíste bien a Dios y, por eso, el compromiso es aún más fuerte”.

Homilía del P. Juan Pablo Catoggio (mp3)

21 jóvenes que dejan todo por el TODO

Novicios venidos de todas partes, con la presencia de nada menos que 5 chicos de diversos puntos de Paraguay, incluso de tierra adentro, de familias del Paraguay profundo, a tal punto que uno de ellos se hizo nombrar como “embajador” de Quyquyho, un pueblito de nuestra campiña muy querido a mis sentimientos familiares, lo cual hacía palpitar todavía más fuerte el corazón de mi querida esposa Cristina, y viendo su rostro surcado por lágrimas de emoción y alegría,  como yo tampoco soy de hielo, “cheve avei chemo pirimba” (a  mí también me dio escalofríos).

En las peticiones se respondía ÑANDE JARA ORE RENDU (Dios nos escucha), y creo que efectivamente ÑANDE JARA, nos escuchaba, especialmente cuando nos referíamos a esas 21 almas que se consagraban para el largo proceso de preparación y convicción por el derrotero que Dios y nuestra Madre les ofrecían.

Por ultimo podríamos pensar, ¿qué pasó para que estos jóvenes dejen todo lo que el mundo les ofrece? Yo creo que dejan todo pero a la vez acceden al TODO, a lo más grande, a lo más excelso, a lo que no tiene precio, que es estar más cerca de Dios.

Uno de ellos  era estudiante de ingeniería aeroespacial, dedicado a aprender de las maravillas del universo, ahora ahondará en sus estudios acerca de las maravillas de Dios, inmensidad que ni siquiera se puede comparar con la enormidad del cosmos.

En fin, momentos de intensa espiritualidad, de inmensa alegría que solo Dios y la Mater nos pueden regalar.

Fotos: Johana Goodacre, Seba Denis, Movimiento de Schoenstatt Austin (Facebook)

Gracias Sonia Zaracho y Sandra Lezcano por las traducciones desde el guaraní. Revisión: Gaby de la Garza, Monterrey, México.

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