Publicado el 12. Julio 2017 In Vida en alianza

De avisperos, niños de la calle y el reino de Dios

Maria Fischer •

Un avispero en el balcón en una pequeña ciudad alemana es indignante, pero sin duda, no es tema para un artículo en schoenstatt.org. Pero si el avispero acaba en un encuentro con el Padre Josef Neuenhofer y su Proyecto Arco Iris para niños de la calle en la ciudad de La Paz, Bolivia, entonces sí es tema de un artículo. Y aún no acaba ahí…

El jefe de la empresa antiplagas del municipio vecino vino el sábado al mediodía, poco antes de las 12 hs., con todo el equipo de protección y lo necesario para eliminar el avispero, papeleo incluido. Antes de que comience, le agradezco que haya venido tan rápido y en fin de semana, “ya que soy alérgica a las picaduras de avispa”, añado un poco avergonzada, “si no, no estaría tan histérica, ni siquiera los mosquitos de Paraguay me molestan…”. “Ah, pero esos son verdaderamente peligrosos, pueden contagiar el dengue y el zica…”. El hombre es un profesional, pienso, y antes de terminar de pensarlo, pregunta: ¿Ha estado usted allí? ¿Por trabajo?

Vacaciones, digo, pero activas, y, entonces le sucede lo que a casi todos los demás, que no “huyen a tiempo”, porque empiezo a contar de las 100 casas, de la cárcel de menores de Itauguá y de la Casa Madre de Tupãrenda… “Así es como a mí me gusta pasar las vacaciones”, me aclara, “es mucho más interesante que estar tumbado en la playa…”. Después se dedica a mis avispas, pero cuando pasa al papeleo, dice: “Encuentro muy impactante, lo que ha contado usted de Paraguay”.

Y después comenta: “Yo estuve hace un par de años en Bolivia, allí viví algo similar. Mi hija hizo un año de voluntariado social en La Paz y fui a visitarla. Estaba en un proyecto para niños de la calle, había allí un sacerdote, un alemán…” – “¿Arco Iris?”, le pregunto incrédula “Si, Arco Iris, Regenbogen”, contesta él. “¿Y el sacerdote se llama Josef Neuenhofer?” – “José, José Neuenhofer se llama”, responde. José Neuenhofer, de la Federación de Sacerdotes de Schoenstatt.

“Lo que hace allí por los niños de la calle, es muy fuerte“, le digo. “Está totalmente en la línea del Papa Francisco, ¡Iglesia pobre para los pobres!” – “Yo ya salí de la Iglesia hace años”, me contesta. “¡Y tenía toda la razón! El compromiso social de la Iglesia es lo único bueno, y tengo que decirle que lo que hace allí José Neuenhofer es bueno y lo admiro de corazón”. Yo también.

“Yo también“, le digo. “El compromiso social es lo que cuenta”. Es muy sencillo decirlo ahora, que soy católica practicante. No le molesta en lo más mínimo. Hablamos sobre Arco Iris y las 100 casas y la cárcel de menores y sobre lo que hace ahora su hija en Benin, en África, y sobre los lugares donde nuestro mundo está en llamas  y se sana un poco, gracias a hombres como José Neuenhofer.

“Todos los meses mando una donación a La Paz”, dice él. Y mientras nos estrechamos cordialmente la mano ese 8 de julio, el día de la ordenación del Padre Kentenich, agradezco por este encuentro en medio del Reino de Dios, donde dos se reunieron en su nombre (aunque uno no lo sabía) y Él estuvo entre nosotros.

Si en nuestro pervertido sistema mundial sólo un niño llora menos, entonces el mundo es un poco mejor. Yo no puedo cambiar el mundo, pero lo puedo hacer más humano.

                                                                                                          – José Neuenhofer

Original: alemán, 9 julio 2017. Traducción: Paz Leiva, Madrid, España/mf/ce

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