Publicado el 13. Septiembre 2015 In Segundo siglo de la Alianza, Vida en alianza

Tres preguntas… sobre el Schoenstatt del segundo siglo de la Alianza de Amor (42)

Hoy contesta Gonzalo (Chalo) Vega, de San José, Costa Rica, casado hace 41 años con Ileana. Tienen tres hijos y siete nietos. Pertenecen al primer curso de la Federación de Familias de Costa Rica. Son del grupo fundador de Costa Rica y han sido coordinadores diocesanos, jefes de la Rama de Familias, coordinadores de la Escuela de Jefes y Monitores [EJE], coordinadores y facilitadores de Fortalecimientos Matrimoniales, monitores o encargados de varios grupos de formación, charlistas en el PRE – Schoenstatt, charlistas de la Escuela de Dirigentes y Consejería Matrimonial al servicio de la Familia de Schoenstatt •

A casi un año de peregrinar por el segundo siglo de la Alianza de Amor… ¿Cómo sueña este Schoenstatt en su ser, en su estar en la Iglesia y en el mundo, y en su quehacer?

Mis sueños los heredo del Padre y Fundador…

Dios permitió que el final del Concilio Vaticano II y el regreso del destierro del Padre Kentenich coincidieran en un mismo momento de la historia. Dios dejó libres a Schoenstatt y a nuestro Padre justo en el momento que comenzaba la era posconciliar. Qué nos dijo el Padre:

”…le prometí al Papa, en nombre de toda la Familia, que me comprometía junto con la Familia a realizar de la manera más perfecta posible la misión posconciliar de la Iglesia”. “…Dios eligió a Schoenstatt de las fuentes más profundas de la Iglesia para anticipar la gran tarea que Ella ha tomado sobre sus hombros (en el Vaticano II) para nuestros tiempos…”.

Nosotros, sus hijos, heredamos esta misión para el segundo siglo. Por eso mi sueño es el mismo del Padre y Fundador… más aún, es la tarea que nos pidió que asumiéramos sus hijos y la que prometió al Papa Paulo VI el 22 de diciembre de 1965 al término del Concilio Vaticano II.

El rumbo es claro y está definido. Sin embargo, también el Padre Kentenich nos habló un 18 de octubre de 1966 de un regalo de la Providencia:

“Es un gran regalo por el que tenemos una deuda de gratitud, es la clara dirección de Dios para los tiempos venideros. La dirección que (Dios nos ha dado) desde 1939, debe determinar nuestro camino por los siglos venideros”.

Dios no solo nos ha dado la experiencia de una fe viva y total en lo sobrenatural sino que también nos ha dado un “mapa”, un “camino”, y justamente es la historia de Schoenstatt desde 1939 a 1965. Nuestra experiencia de Familia en Dachau y Milwaukee no sólo es una lección del pasado: es también una orientación para el futuro.

Estos hechos fueron tan importantes para el Padre y Fundador que a partir de 1966 habló repetidas veces a la Familia acerca de los “cuatro hitos”. Ahora son muy familiares para nosotros, pero detrás de ellos está la convicción de nuestro Padre que conocer los hitos es tener un ‘mapa’, un camino’ para una fe, esperanza, amor y victoriosidad heroicas en la Iglesia.

“…las terribles confrontaciones y sufrimientos que hemos pasado desde alrededor de 1940… ¿Cuál fue el sentido de todos esos años? ¡Nosotros debíamos vivir anticipadamente para la Iglesia todo el sentir católico como Dios lo ha previsto para las más nuevas playas de los tiempos! Si ustedes lo ven de esa manera, entenderán lo que hemos llegado a ser y por lo que hemos pasado. Creemos estar llamados a ser el corazón de la Iglesia. ¿De qué Iglesia? La Iglesia de los tiempos venideros. ¡El corazón! ¿Y qué significa ser el corazón? Ser la profunda fuerza de amor que supera todas las dificultades. Un poder de amor que conquiste a la Iglesia, que llene a la Iglesia con el heroísmo del amor. El poder del amor: ¡esa es nuestra misión! ¿Qué significa esto? ¡Cuán encendidos tenemos que estar interiormente y cuánto más debe encendernos siempre un ardiente fuego de amor! ¡Cómo tenemos que tratar de unir miembro con miembro, rama con rama con vínculos de amor! El mayor efecto de la Alianza de Amor con Nuestra Madre debe ser más y más una Alianza de Amor con la Santísima Trinidad, una Alianza de Amor entre nosotros, una Alianza de Amor con cada miembro y con cada rama de la Iglesia, ¡incluso una Alianza de Amor con la humanidad, con el mundo entero!

¡Tengo el camino claro y definido y es por lo tanto mi sueño!

Para llegar a cumplir este sueño, ¿qué tenemos que evitar o dejar?

Debo evitar distraerme y, por supuesto, no debo distraer a los demás. Es imperativo dejar lo que nos impida hacer realidad el ideal matrimonial o personal querido por Dios. Ese es el camino y el seguro, porque así podrá actuar la gracia de Dios.

Para llegar a cumplir este sueño, ¿qué pasos concretos debemos dar?

Primero, agradecer a Dios y a la Virgen María poder ser sus instrumentos. Segundo, conocer con profundidad a nuestro Padre y Fundador hasta identificarse con él, con su ser, su pensar y su misión, anhelando ser un auténtico hijo: con su ADN y su sello. Siempre compruebo que las personas que se han identificado profundamente con el Padre Kentenich han transformado su vida… porque a través de él recibimos la misión que la Madre y Reina le confió. Y Ella nos conduce al Señor y, de su mano, al Padre Dios.

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