Barbara Kast – Tabernáculo de Dios, portador de Cristo y Schoenstatt a los hombres”

Barbara Kast Bárbara Kast (1950 – 1968), Chile, nació en un pequeño pueblo del sur de Alemania en 1950. En 1951, a consecuencias de la guerra sus padres deciden emigrar a Chile con sus dos hijos. Los primeros años fueron de intenso trabajo y grandes dificultades económicas para la familia. Bárbara creció – con sus nueve hermanos – en ese ambiente de esfuerzo. La Navidad de 1958 trajo un gran dolor a la familia por el fallecimiento de Mónica, la pequeña hermanita que se ahogó en un canal frente a su casa. El recuerdo de su hermanita dejó en Bárbara una marca profunda: tenía miedo a la muerte de cualquier miembro de su familia y de la suya propia. A los 7 años entró en el internado de las Ursulinas en Maipú y poco antes de cumplir los 16 años se mudó al Colegio Mariano, de las Hermanas de María de Schoenstatt. Allí tiene su primer contacto con el Movimiento. En ese colegio sobresale como una de las primeras alumnas de su curso y es elegida representante del curso, aunque en el quinto año su actitud cambió y buscó conseguir un contacto más profundo con sus compañeras. Se destacó por su responsabilidad y servicialidad. Ayudaba a sus compañeras y era para muchas de ellas, confidente y consejera.

 

Ingresó al Movimiento luego de reflexionar mucho y posteriormente, luego de un campamento, en 1968 es elegida jefa de grupo. Al Padre Francisco José, su director espiritual, le llamó la atención que Bárbara, una niña que recién entraba al Movimiento, tuviera tan claro su ideal personal: “Tabernáculo de Dios, portador de Cristo y Schoenstatt a los hombres”. El 8 de diciembre, el día de la Inmaculada, Bárbara selló junto con su grupo la Alianza de Amor con María. Sobre este día ella escribiría: “Querida Mater: Hoy me consagro, me llamaste por mi verdadero nombre y me invitaste a participar de tu familia y de tu reino. Me llamaste por el nombre con el que Dios me bautizó: me llamaste tabernáculo. Mater sé que tu elección fue desde antes y hoy en el día de la Inmaculada me dices: hoy también es mi día, ven tú a celebrar tu día. El día mayor de tu vida, tu consagración. Mater, consérvame siempre pura porque tú sabes que quiero ser permanente morada de tu Hijo. Mater tal como es este día te digo que te quiero inmensamente, te digo también soy débil, que necesito (de ti)”

Bárbara comenzó a pedirle a la Mater que la iluminara para encontrar su misión específica dentro de Schoenstatt. El 8 de diciembre se entregó definitivamente a Dios y al Movimiento, como lo dice en su diario. “Me incorporo Mater, en este momento, para siempre a la Familia de Schoenstatt, porque se que en ella has dado una respuesta al mundo de hoy. Su vida será ahora mi respuesta al mundo de hoy. Su vida será ahora mi vida, al igual que su destino”.

Tapa de su biografíaEl 29 de diciembre de 1968 falleció como consecuencia de un accidente automovilístico. En la vida de Bárbara no hubo nada extraordinario, y sin embargo las gracias del Santuario fueron lentamente transformándola en una ofrenda para Dios. El tabernáculo de su corazón fue adornándose tanto que realmente se puede decir que la Mater, en la Alianza, hizo nacer a Cristo de nuevo en su corazón.

 

Bibliografía:

 

P. Esteban Uriburu: Bárbara, Editorial Schoenstatt Chile