Publicado el 21. diciembre 2017 In Temas - Opiniones

Es tiempo de encender la llama de la paz y no las fogatas de la discordia

P. Guillermo Carmona •

El 18 de diciembre, día de Alianza y en plena espera de la Navidad, en Buenos Aires hubo manifestaciones violentas contra reformas del Gobierno que se debatían ese día en el Congreso Nacional, que terminaron con muchos policías heridos y daños enormes en fachadas, puestos de diarios, comercios, paredes, autos, mobiliario urbano, plantas, espacios verdes y más en la Plaza del Congreso, recién renovada hace pocas semanas. Es en este contexto que el P. Guillermo Carmona, Director del Movimiento, envió la Carta de Alianza. Aunque escrito para la situación actual de Argentina, el mensaje se puede aplicar a muchas situaciones que se viven en estos días previos a la Navidad, y que parecen más lejanas que nunca de la paz que anunciaron los ángeles en la Nochebuena.

En los días previos a la Navidad nos dejamos exhortar por el Apóstol Pablo: “Ya es hora que despertemos del sueño, pues la salud está ahora más cerca que cuando abrazamos la fe. La noche está pasando, el día está encima: desnudémonos, pues, de las obras de las tinieblas y vistámonos de la armadura de la luz” (Rom 13,11b-12). María quiere que Cristo nazca en cada uno: “De nada valdría que Él nazca mil veces en Belén, si no lo hace en tu corazón”, dice un antiguo proverbio.

Él quiere nacer también en tu hogar, en la Familia de Schoenstatt, y en la Argentina. Lo estamos precisando: ¿a quién no le ha dolido ver en la televisión los sucesos violentos de los últimos días?

Para que Jesús nazca en nuestra patria es necesario un cambio interior: dejar de lado las ambiciones políticas, las peleas sociales, las mezquindades de querer imponer, dividir, lastimar y romper, agrandando aún más la grieta.

Podemos llevar al pesebre un gran anhelo y la gran petición, que se haga más realidad la proclama de los ángeles en la Noche Santa:“¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!” (Luc 2, 14). Sin esa paz, los regalos que nos haremos, los deseos de felicidad y prosperidad que nos digamos, serán fuegos artificiales, palabras sin mayor contenido.

El tiempo navideño es tiempo de la luz, de encender la llama de la paz y no las fogatas de la discordia. Esto será realidad si nos dejamos abrazar por el Niño de Belén, sin distinción de credos ni banderías políticas.

Lo podemos practicar en primer lugar entre nosotros, con nuestros compañeros de trabajo, con nuestros amigos, en nuestros hogares. Todo clima enrarecido por el odio y por el rencor, podría sanarse paso a paso, si vamos construyendo la ansiada “cultura de la alianza”.

No alcanza con repudiar las balas, las piedras de los violentos, los insultos y destrozos. La crítica no alcanza: hay que cambiar el corazón y permitir que la Alianza que transforma haga posible la profecía de Isaías: “El será juez entre las naciones y árbitro de pueblos numerosos. Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas. No levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra.” (Is 2,4). Cuando los pacíficos abandonen las filas del odio y los líderes asuman la humildad de los pastores de Belén, comenzará la Navidad para la patria.

Celebrar la Navidad es un acontecimiento de amor: se trata de descubrir lo bueno de aquellos que invitaremos -o nos inviten- en la Nochebuena, valorando al niño desvalido que gime en nuestro interior, buscando apoyo, ternura y algo de amor.

¿Qué te detiene a luchar por esa Paz? ¿Qué te motiva a luchar por la paz? ¿Qué puedes hacer para poner más paz en tu familia y en tus ambientes?

Como aliados de María encendamos la vela de la Alianza para que Ella nos transforme en personas de la Navidad: de paz, alegría y esperanza.

Les deseo un tiempo muy feliz y un buen comienzo de Año Nuevo. Desde el Santuario, nuestro Belén, los bendigo y acompaño.

 

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