Publicado el 1. octubre 2017 In Temas - Opiniones

Pausa al pesimismo

P. Hugo Tagle M., Chile •

Hace unos meses, una crónica del NY Times enumeró una serie de signos alentadores del estado del mundo, contradiciendo la extendida sensación pesimista que a veces embarga al mundo occidental. “Es un mejor lugar para vivir aunque sea difícil de creer”, nos dice. En efecto, vivimos lo que los analistas llaman la “sociedad del más”: Más personas en el mundo cuentan con mejor y más educación, más bienes disponibles, más fuentes de información. Chile es un buen ejemplo de eso: el 90% de la población cuenta con acceso a internet. Hay más celulares que habitantes. El analfabetismo prácticamente se ha erradicado. Y el problema de la alimentación se ha invertido: hoy no es la carencia, sino el exceso de peso el que preocupa. Un tercio de la población juvenil sufre de sobrepeso. Comemos tan mal como demasiado.

Avances en la lucha contra epidemias graves

Aunque nos cueste creerlo, el mundo no se empobrece, se enriquece. Cada día, 250.000 personas abandonan la condición de pobreza extrema, según cifras del Banco Mundial. El mundo venció la propagación masiva de epidemias graves. Estamos venciendo a la lepra. El número de contagiados se ha reducido en un 97% desde 1985, y ahora es fácilmente tratable. Un plan global estableció el 2020 como la fecha límite para que ningún niño sea deformado por la lepra. La lucha contra esta enfermedad bíblica habla de los grandes avances en la lucha contra la pobreza y otras enfermedades anexas. La malaria, que mata millones de personas cada año, ha sufrido un duro golpe que puede significar su eliminación definitiva en los próximos lustros. Desde 1990 se les ha salvado la vida a más de cien millones de niños gracias a las vacunas, una mejor alimentación y la atención médica. Los niños ya no mueren de malaria, diarrea o la obstrucción intestinal causada por los gusanos. La pregunta “¿podrán sobrevivir mis hijos?” dejó de ser relevante. Ahora nos preguntamos ¿podrán estudiar?, ¿podrán trabajar?

Aún hay razones para preocuparse

Sí, la realidad se ha vuelto más compleja. Aumenta el riesgo del terrorismo, del nivel del mar producto del calentamiento global e incluso la posibilidad de una guerra nuclear de fatídico pronóstico. Hay aún muy buenas razones para preocuparse.

Pero, junto con destacar los conflictos, las enfermedades y los sufrimientos que abundan, sería necesario reconocer el progreso de los últimos lustros, único desde que tenemos registros. En los últimos 50 años el hombre ha progresado más que en toda su historia. “La verdad es que el mundo actual no es deprimente, sino inspirador” como dice el cronista.

Los esfuerzos del bien rinden frutos

La fuerza histórica más importante del mundo actual no son los terroristas ni Corea del Norte. Más bien son los asombrosos avances en el combate a la pobreza extrema, al analfabetismo y las enfermedades. Son todos esos niños que no se enferman de lepra y sí van a la escuela. Colocar en pausa al pesimismo permite comprobar que los esfuerzos del bien rinden frutos, a pesar de los signos de alarma que no deben dejar de ocuparnos.

 

Fuente: Revista Vínculo, septiembre de 2017, Chile

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