Publicado el 12. marzo 2017 In Temas - Opiniones

Un camino cuaresmal en busca de la verdad

Por Sarah-Leah Pimentel, Ciudad del Cabo, Sudáfrica •

Hay una historia que dice así: Un rey perverso quería destruir la fe de su pueblo en Dios. Así que llamó a sus consejeros más sabios y les preguntó dónde podían ocultar la verdad de la existencia de Dios para que la gente nunca lo encontrara.

El primer consejero dijo: “Ocultar la verdad de su Dios en la estrella más lejana, donde nunca podrán encontrarla”.

-No -dijo el segundo consejero-. “Un día, aprenderán a volar y encontraran a su Dios. Sería mejor ocultar la verdad bajo las profundidades del océano. Allí, nunca la encontrarán.”
“Eso tampoco funcionará”, dijo el tercer consejero sabio. “Un día, aprenderán a nadar hasta el fondo del océano y la encontrarán. Mas bien, escondan la verdad sobre su Dios en lo profundo de sus corazones, porque el hombre nunca aprenderá a buscar a Dios dentro de sí mismo”.
La moraleja de la historia es que si encontramos “la verdad”, encontramos a Dios. Nuestro Dios, que es el camino, la verdad y la vida, vive dentro de nosotros. Pero a menudo, estamos tan ocupados persiguiendo versiones de la verdad, o falsedades pintadas como verdad, que no reconocemos la verdad real que vive dentro de nosotros.

La búsqueda de Pilato sobre verdad  

Esta búsqueda de la verdad obsesionó a Poncio Pilato. Como embajador de Roma, Pilato era un hombre poderoso. Tenía el mundo a sus pies. Tenía todo el lujo que podía soñar. No le faltaba nada. Sin embargo, en el fondo, él reconoció su profunda pobreza espiritual. Reconoció que la realidad que había creado a su alrededor era solo un espectro de la verdad. Sabía, en el fondo, que no era toda la verdad.

Cuando se encuentra con Jesús, golpeado y flagelado, el corazón de Pilato se agita, y se quita un gran peso de encima cuando le pregunta a Jesús: “¿Qué es la verdad?”.

En el pasaje de la Escritura, Jesús no le responde, si no que permanece en silencio. Pero me pregunto si es que en ese momento hubo una profunda conversación de almas entre el corazón de Jesús y el corazón de Pilato.

Una parte de nosotros quiere que Jesús le dé a Pilato una respuesta directa. ¿Por qué Jesús no puede decirle que es Hijo de Dios? Quizás la razón es que la verdad es algo que se descubre en el corazón, y no sólo con el poder de la mente. Sí, la verdad hace uso de nuestra razón e intelecto, pero es ante todo una experiencia espiritual que no puede ser retorcida o esclavizada por argumentos inteligentes y bien articulados.

Vivir una época que escoge y elige su propia “verdad” 

Nuestra época lucha con el discernimiento de la verdad, precisamente porque hemos tratado de doblar nuestra voluntad. Hemos encadenado la verdad a nuestra manera de pensar, y la hemos moldeado de acuerdo  a nuestras diversas cosmovisiones. Los recientes acontecimientos políticos en Europa, América y África han demostrado que ni siquiera es la verdad lo que más importa; en su lugar las versiones de la verdad (o incluso mentiras absolutas) se convierten en parte de una descripción de objetivos. Y depende de cada uno de nosotros escoger nuestro objetivo, o “verdad”.

Vemos lo mismo con los grupos fundamentalistas que utilizan la religión para promover sus objetivos políticos e ideológicos. Su mensaje es contrario al amor de Dios, pero han tenido éxito en enfrentar al hermano contra hermano -como Jesús predijo antes de su muerte- tomando elementos de la verdad y promoviendo el temor (Mc 13, 12).

El resultado es que el hombre moderno se ha vuelto tan desconfiado de la verdad, que hemos dejado de buscarla. También hay un gran cansancio al respecto, estamos demasiado cansados y demasiado ocupados para buscar activamente la verdad. Es mucho más fácil consumir las versiones de la verdad a través de Facebook o en nuestro periódico favorito. Es más fácil ir con la corriente o permanecer en las zonas de confort que nos propone una verdad que no nos desafía.

Síntoma del hombre masa 

Esta es la mentalidad de las masas. Pensamos en lo que la sociedad nos dice que pensemos. Nos comportamos de acuerdo con la idea moderna de hoy. Nuestro comportamiento puede cambiar mañana si eso se convierte en la nueva moda.

Nunca deja de asombrarme como el Padre Kentenich fue capaz de ver esto con tanta claridad a principios de los años sesenta. Hablando a la comunidad de Milwaukee (ver Homilía del 28 de octubre de 1962) [1], describe las características de la persona consumida por la mentalidad de las masas. Según el P. Kentenich, el hombre masa es alguien que:

  • “No hace preguntas profundas”
  • “Piensa lo que otros piensan porque otros lo piensan”
  • “Ha perdido la capacidad de pensar algo por sí mismo”
  • “No tiene energía, ni habilidad para estudiar por sí mismo”.

Llamados a ser un hombre nuevo en una sociedad nueva 

Sin embargo, estamos llamados a ser un hombre nuevo en una sociedad nueva. El hombre nuevo es lo opuesto al hombre masa. El hombre nuevo es una personalidad firme, libre y sacerdotal. El hombre nuevo no está encadenado por las modas de la época. El hombre nuevo es llamado a adoptar una actitud firme, a pronunciarse.

El P. Kentenich nos pide que nos modelemos en María, la mujer que “atesoraba todas estas cosas y las meditaba en su corazón”.

María no siempre entendió lo que Dios le había pedido. El plan se hizo claro a medida que se desarrollaba. María probablemente no podía entender exactamente cómo ella quedaría  embarazada a través del poder del Espíritu Santo. Es posible que ella no haya entendido las palabras del profeta que dijo: “Este niño está destinado a causar la caída y el resurgir de muchos en Israel”. Pero María comprendió que todo sería revelado a su debido tiempo si tan solo depositaba su fe en Dios. Y mientras tanto, reflexionaba sobre los acontecimientos de su vida y la vida de su Hijo.

 

Interpretar las verdades del mundo con los ojos de la fe 
Esta es exactamente la actitud que el P. Kentenich nos llama a adoptar. Nos insta a ver los acontecimientos del mundo a través de los ojos de la fe. Y ver los acontecimientos mundiales en el contexto de la realidad sobrenatural:

“Mi conocimiento de la fe debe ser luminoso y seguro. Debe ser un conocimiento que conecte todo a una imagen más amplia… Nuestra fe debe irradiar mucha luz, debe crear una atmósfera de luz a mi alrededor… Debo ver la luz que otros no ven”. 

Un desafío cuaresmal 

Tal vez, mientras transitamos esta Cuaresma, podemos pedir el don de la fe y el discernimiento.

Estos cuarenta días son un buen tiempo para hacernos a nosotros mismos la pregunta de Pilato: ¿Qué es la verdad? Durante cuarenta días desconectémonos de las muchas verdades que el mundo está tratando de vendernos. En su lugar, busquemos la verdad. Busquemos la verdad que conduce a Dios y vive dentro de nosotros.

Entonces, aceptemos el reto del P. Kentenich de ver y discernir cómo la verdad eterna coincide con lo que varios grupos de la sociedad están vendiendo como la verdad. ¿Veo la verdad de Dios en mi cosmovisión? Si no, tal vez esto requiera un cambio de pensamiento de mi parte, para que realmente pueda compartir en la “fe sólida de personalidades formadas por una sola idea”.

[1] Niehaus, J (ed.). 2012. Exchange of Hearts: The Transforming Power of Consecration to the Immaculate Heart of Mary by Fr. Joseph Kentenich. Schoenstatt Fathers.

Original: inglés. Traducción: Susana A. Llorente, Pilar, Buenos Aires, Argentina

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