Publicado el 13. febrero 2016 In Temas - Opiniones

Un hombre extraordinario – también al servicio de Schoenstatt

Oskar Bühler – Con ocasión del centenario del nacimiento de Mons. Wilhelm Wissing (1916-1996), el 31 de enero de 2016 •

“¿Qué muchachito nos han enviado los obispos?”, le consultó el Canciller Dr. Konrad Adenauer a uno de sus ministros, luego que le presentaron al nuevo jefe de la “Oficina Católica”, que corresponde al representante de los obispos católicos ante el gobierno y el Parlamento en Bonn. El nuevo jefe era Wilhelm Wissing, sacerdote de la Diócesis de Münster, hasta entonces vicario del Movimiento juvenil rural católico alemán, que en aquel entonces tenía 42 años. Un año más tarde, el mismo Canciller dijo al mismo ministro: “Wissing no es poco piadoso, y también entiende algo del mundo”. Cuando le recordaron el juicio expresado un año antes, Adenauer hubiera preferido no haberlo dicho.

¿Quién era Wilhelm Wissing?

IMG_20160121_0002 abEl 31 de enero de 2016 se cumplieron 100 años del nacimiento de Mons. Wilhelm Wissing. ¿Quién era Wilhelm Wissing? ¿Por qué lo recordamos ahora? Algunos hitos de su vida: sucesor de Karl Leisner como jefe de la juventud de la Diócesis de Münster – pastor de juventudes y estrecho colaborador de Monseñor Heinrich Tenhumberg – Vicario de la juventud rural católica alemana y fundador del ‘Klausenhof’ – Director de la ‘Oficina católica’ / Comisionado de los obispos católicos en Bonn – Director de las Obras Misioneras Católicas “Missio” en Aachen; además de algunas otras tareas secundarias, como por ejemplo, director sacerdotal del Instituto Nuestra Señora de Schoenstatt – Asistente del Obispo Dr. Josef Höffner en su calidad de “Moderator et Custos” de la Obra de Schoenstatt – Administrador Apostólico de la Obra de Schoenstatt – primer superior general del recién fundado Instituto Secular Padres de Schoenstatt – Consultor de la Congregación para los Religiosos en el ámbito de los institutos seculares.

Que el mundo no termina en los límites de Alemania”

Además de la casa paterna en Köckelwick/Vreden, Wilhelm Wissing fue marcado por el movimiento juvenil católico de los años 30. El trabajo eclesial con la juventud implicaba en aquel entonces, inevitablemente, entrar en controversia y en conflicto con el nacionalsocialismo. Wilhelm Wissing se comprometió, ya tempranamente, en el trabajo con la juventud católica, el ‘rebaño juvenil’. Un gran ejemplo para él fue Karl Leisner, el primer dirigente juvenil diocesano del obispado de Münster y, más tarde, mártir en Dachau. “En nuestros encuentros en Vreden nos hacía experimentar, sobre todo de la mano de algunos pasajes de las Sagradas Escrituras, lo que él mismo escribió en su diario: ‘Cristo es mi pasión.’ . . . Las situaciones con frecuencia no fáciles de la juventud de Vreden no se hubieran podido manejar sin el empuje de Leisner, sin su entusiasmo y su voluntad de sufrimiento, incluso al atreverse al máximo en contra del estado. Detestaba el falso sistema y lo decía abiertamente en el grupo de líderes”, recordaba el entrevistado de 73 años en un detallado interviú en su ciudad natal de Vreden. Y continuaba: “En mi época de juventud, raras veces escuché algo mejor o experimenté mayor alegría que cuando él nos acompañaba y nos explicaba las Escrituras. Karl Leisner también nos comentaba en sus relatos sobre la gran Alemania y sobre Europa. Con entusiasmo nos describía sus viajes, por ejemplo, por Flandes o por Suiza. En una época tan restringida por el nacionalismo, nos recordaba que el mundo no termina en los límites de Alemania. Se movía por los países del viejo continente y para nosotros nunca era suficiente lo que le escuchábamos. Incluso se llegó a generar entre nosotros algo así como un entusiasmo por Europa”. En el otoño de 1936, Wilhelm Wissing asumió el cargo de jefe de la juventud diocesana, que hasta entonces había tenido Karl Leisner. No tenía ante sí una tarea fácil. Aprobó su bachillerato solo porque fue llamado al examen oral el día en que el representante de la inspección escolar del estado se encontraba ausente, aunque de acuerdo al orden alfabético, le hubiera correspondido dar dicho examen tres días después.

Acerca de su servicio militar, Wilhelm Wissing relata que una enfermedad le salvó la vida. Debido a esta enfermedad fue devuelto desde el frente, mientras que la mayor parte de sus compañeros encontraron la muerte bajo el fuego enemigo. Su comentario al respecto fue: “Dios no hace más que acomodar las circunstancias”.

Desde las personas reales

Luego de la ordenación sacerdotal el 21 de diciembre de 1946, Wissing fue capellán en Coesfeld, por unos tres años. El trabajo con la juventud que organizó allí le sirvió como recomendación para algo “más elevado”. En octubre de 1949 fue nombrado asesor de la juventud masculina diocesana en el obispado de Münster. Ya en Coesfeld se había dado cuenta que era necesario desarrollar un modelo claro para el trabajo con la juventud. Ahora tenía la oportunidad de hacerlo. En estrecho contacto con Heinrich Tenhumberg – ellos se conocían desde la juventud – desarrolló un modelo, el cual, en parte, contenía acentos distintos a los entregados por la central en Düsseldorf, bajo la dirección de Mons. Ludwig Wolker. Mientras que allá se querían atener exclusivamente a las estructuras eclesiales (“juventud parroquial”), Tenhumberg y Wissing partían de la base que los intereses de los jóvenes entre los 17 y los 18 años estaban fuertemente marcados por la vida profesional. De estas consideraciones nació el movimiento católico juvenil rural (KLIB), en cuya construcción Wissing jugó un papel decisivo. Este modelo también fue una respuesta para los jóvenes trabajadores cristianos (CAJ) y para la obra de Kolping, en aquel entonces aun fuertemente orientada a los trabajadores artesanales.

También este trabajo de desarrollo de algo nuevo a nivel diocesano le sirvió a Wilhelm Wissing como recomendación para algo “más elevado”. En 1952 fue llamado a ocupar el cargo de vicario para el movimiento católico juvenil rural (KLIB) a nivel nacional. Se trataba de aplicar, a nivel de toda Alemania, el modelo desarrollado para Münster. Un punto central de este trabajo, que duró cinco años, fue la construcción de la Academia Klausenhof. (www.akademie-klausenhof.de).

1980_Wilhelm Wissing abLa idea de una solidaridad internacional

En 1958, aun antes del término de su trabajo como vicario, Wilhelm Wissing fue escogido por la Conferencia Episcopal de Fulda – así se llamaba entonces la Conferencia Episcopal alemana – para una nueva tarea: debía convertirse en el Director de la “Oficina Católica”, con sede en Bonn, lo cual implicaba pasar desde un trabajo pastoral a un trabajo más político. Y esto para alguien que decía de sí mismo, que hasta entonces nunca se había interesado por un compromiso político. Pero las consultas que planteó a los obispos, al comenzar su nuevo trabajo, relativas a la concepción del servicio que debía prestar, demuestran sin lugar a dudas las capacidades que lo recomendaban para dicha tarea.

El trabajo en este nuevo cargo era extremadamente diverso. Solo destacaremos un punto central. Era la época en que los obispos alemanes tomaron conciencia de su responsabilidad por la Iglesia universal, dado el incipiente ‘milagro económico alemán’ y que prepararon la fundación de las obras de caridad MISEREOR (“en contra del hambre y la enfermedad en el mundo”) y ADVENIAT (“para las necesidades pastorales en Latinoamérica”). Al mismo tiempo, en el ámbito de la política se descubrió una nueva tarea: la ‘ayuda para el desarrollo’. Como suele ser el caso en la política, la cuestión de los beneficios económicos propios jugaba un papel no menor. Fue Wilhelm Wissing quien reconoció la oportunidad para que, mediante una ayuda conjunta para el desarrollo entre la Iglesia y el estado, no solo se alcanzaran efectos mayores, sino también que las metas de la ayuda estatal para el desarrollo no estuvieran tan orientadas al beneficio económico propio, sino más bien al esfuerzo por colocar en un primer plano a las personas, en su dignidad y sus necesidades. Wissing describe el desarrollo de su idea de la siguiente forma:

“Una de las grandes tareas que la Oficina Católica abordó… de manera voluntaria… fue la ayuda para las personas que sufren en el tercer mundo. La idea de una solidaridad internacional también debía ser realizada en la República Federal Alemana, mediante un trabajo conjunto entre la Iglesia y el estado. Hay que convenir que para ambas partes era un camino no acostumbrado y que, además, para ambas partes también implicaba un riesgo. Al comienzo, nadie sabía exactamente como se realizaría en concreto este trabajo conjunto, ni qué dificultades surgirían, ni cómo se debían allanar”. En sus memorias Wissing describe detalladamente las muchas y variadas conversaciones y negociaciones que fueron necesarias para poner en marcha este proyecto, y para hacer de él un instrumento útil y permanente de ayuda para el desarrollo humano. Lo que entonces puso en marcha Wilhelm Wissing, y que construyó en forma prudente y bien pensada, sobrevivió a las diversas coaliciones y constelaciones políticas, y es aun hoy un camino importante para la ayuda conjunta entre la Iglesia y el estado para el desarrollo. Se trata de una obra de Wilhelm Wissing, tal como el Ministro de Relaciones Exteriores Schroeder escribió en el saludo que le envió con motivo de su quincuagésimo cumpleaños: “los beneficiosos efectos de la ayuda para el desarrollo patrocinados por el gobierno de la Iglesia son, en gran medida, el resultado de su esfuerzo”.

Una tarea adicional: Schoenstatt

Wissing - Kentenich acDurante el período de su labor al frente de la Oficina Católica, asumió también su compromiso con el Movimiento de Schoenstatt como “una tarea voluntariamente aceptada”. Cómo llegó a ello lo relata Wissing en sus memorias, las cuales escribió en los últimos 18 meses de su vida: “En uno de nuestros encuentros de dos semanas me preguntó (el Cardenal Frings, en aquel entonces Presidente de la Conferencia Episcopal de Fulda) si estaría dispuesto a asumir adicionalmente una tarea más bien pastoral, a saber, el participar en la dirección y en la asistencia pastoral del Instituto Secular de Nuestra Señora de Schoenstatt”. Con esto comenzó para Wissing una serie de tareas que requerían de un “diplomático creyente”.

Schoenstatt era para Wissing un campo de trabajo hasta entonces desconocido. Puede que, en ocasiones, lo haya percibido como un ‘campo minado’. Dos visitaciones eclesiásticas – una diocesana y otra papal – habían colocado a la Obra de Schoenstatt en una situación difícil: en el año 1951, el Santo Oficio envió al fundador al destierro en Estados Unidos. Esta autoridad suprema de la Iglesia trató de influir en las distintas comunidades de la Obra de Schoenstatt por sobre el superior general de los padres palotinos, instituido por el Santo Oficio en 1953. Schoenstatt debía continuar su desarrollo según el parecer del Visitador y no de acuerdo a la idea del fundador. Los padres palotinos que trabajaban en el sentido del fundador, fueron retirados del Movimiento de Schoenstatt. Otros padres palotinos, y también otros sacerdotes que no pertenecían al Movimiento, debían asumir la dirección de las comunidades schoenstattianas.

El que para el caso de las “señoras de Schoenstatt” se pensara en Mons. Wissing, puede que se debiera a su buena relación con el Obispo Auxiliar Heinrich Tenhumberg. Con esto queda señalado que Wissing no se dejó simplemente involucrar en el sentido pretendido. Se dio cuenta de la situación y Schoenstatt confió en él.

Para Schoenstatt, un golpe de suerte

Como durante el Concilio Vaticano II (1962-1965) se sostuvieron intensas conversaciones con diferentes organismos de la curia romana – principalmente el Obispo Auxiliar Heinrich Tenhumberg y también el Obispo Adolf Bolte – y como hacia el término del segundo periodo de sesiones se perfilaba una solución a la cuestión de Schoenstatt (aunque no todavía una solución al caso del fundador), nuevamente se consideró a Wilhelm Wissing. La solución que se perfilaba se decretó el 3 de diciembre de 1963, en un documento de la Congregación para los Religiosos, dirigida al Obispo de Münster de aquel entonces, el Dr. Joseph Höffner. Allí se dice: “1. Se nombra al Reverendo P. Albers O.P. como Delegado de esta santa Congregación, para que examine la situación actual de las distintas agrupaciones de Schoenstatt e informe al respecto. 2. Se nombra a vuestra Excelencia como Moderator et Custos de la Obra de Schoenstatt, hasta que concluya la tarea encomendada al Reverendo P. Albers. 3. Para que pueda realizar mejor esta tarea, quiera vuestra Excelencia nombrar como Asistente y Delegado a Mons. Wilhelm Wissing . . .” (H. Tenhumberg, Diario del Concilio 03.12.1963). Mons. Wissing recibía así un encargo oficial para actuar en la causa de Schoenstatt. Este encargo le abría también las puertas a los organismos competentes de la curia romana. Este nombramiento fue para Schoenstatt un golpe de suerte – él mismo diría, muy en concordancia con nuestra forma de pensar, aquello que repetía con frecuencia: “Dios no hace más que acomodar las circunstancias”.

La meta de su trabajo al servicio del “Moderator et Custos” era lograr la independencia y autonomía de la Obra de Schoenstatt frente a la Sociedad de los Palotinos, siendo la mayor dificultad el que la Dirección de entonces de los padres palotinos quería impedir esto a toda costa. La deseada independencia de Schoenstatt fue declarada mediante un decreto de la Congregación para los Religiosos del 6 de octubre de 1964 y fue anunciada el 18 de octubre, durante la celebración jubilar en Schoenstatt, por el Administrador Apostólico nombrado en el mismo decreto. Este Administrador Apostólico era Mons. Wilhelm Wissing.

Hasta el límite de sus fuerzas

Esta nueva posición – tenía llegada directa al Papa y respondía directamente ante él – le dio a Wissing la posibilidad de hacer avanzar la solución de las difíciles cuestiones pendientes en torno a Schoenstatt. Estos problemas eran, entre otros:

  • la situación en el lugar de Schoenstatt – el Santuario Original era propiedad de la Sociedad de los Palotinos,
  • la situación y futuro de los padres palotinos que se querían comprometer con la construcción de la Obra de Schoenstatt en el sentido del fundador, y que veían en ello su vocación y, unida a ella, la formación de una comunidad que asumiera, en la Obra de Schoenstatt, el lugar de la ahora separada Sociedad de los Palotinos,
  • y no en último término, el destierro del fundador aun vigente, bajo la responsabilidad del Santo Oficio.

El Obispo Auxiliar Tenhumberg comentó este nombramiento en su diario del Concilio con las siguientes palabras: “Mons. Wissing está plenamente consciente de la dificultad de la tarea que tiene ante sí, pero está dispuesto a asumirla por amor a la causa, toda vez que durante su actividad como Asistente General de las ‘Señoras de Schoenstatt’, y como asistente del Obispo Höffner con respecto a todo el Movimiento de Schoenstatt, pudo darse cuenta que se trata de una Obra sumamente importante para la Iglesia” (11.10.1964). Wissing se puso a trabajar con vigor y habilidad y con una dedicación que le exigía hasta sus últimas fuerzas, y que realizaba adicionalmente a su trabajo diario en Bonn. El mismo Wissing escribe: “se trataba de un trabajo que requería de mucho tiempo, con muchos documentos y con un sinfín de conversaciones en Alemania, Suiza, en Roma. Había meses en los cuales volé tres veces a Roma en treinta días – partía el viernes y regresaba el lunes en la mañana. – para comenzar nuevamente las gestiones y mi verdadero trabajo en Bonn”. En el diario del Concilio del Obispo Auxiliar Tenhumberg se puede leer que a los colaboradores en Bonn les preocupaba la salud de su jefe; en una ocasión su sustituto solicitó expresamente que Wissing fuera relevado de su tarea en Schoenstatt, porque estaba completamente sobre exigido, lo que afectaba su salud. (05.12.1965)

Acerca del contenido de su trabajo, Wissing recuerda en sus memorias: “mis disputas con el Santo Oficio tenían relación sobre todo con dos cuestiones: el tema de la obediencia y el tema del carisma. Y de hecho, el P. Kentenich sustentaba un concepto de obediencia que poseía un carácter más familiar y que no correspondía al concepto habitual que existía en la Iglesia. [El P. Kentenich utiliza en este contexto el concepto de “obediencia familiar” – O.B.] Y acerca del carisma, en el fondo existía la sospecha que valoraba más su misión que la misión de la Iglesia, y que él tenía personalmente la última palabra. En muchas conversaciones y exposiciones pude aclarar estos problemas, de modo que nada se oponía a un regreso del fundador”.

El tema Kentenich

Sin embargo se presentarían otras dificultades. Mons. Wissing había conseguido del Santo Oficio que el P. Kentenich probablemente fuera llamado a Roma en octubre de 1965 – es decir, durante el cuarto período de sesiones del Concilio. Sin embargo, el primer día de este período de sesiones, el 13 de septiembre de 1965, ocurrió algo que modificó bastante la situación y, en un primer momento, la complicó considerablemente: el P. Kentenich recibió un telegrama que decía que debía ir a Roma inmediatamente, el cual estaba firmado por el reemplazante del superior general de los padres palotinos. Al llegar el 17 de septiembre a la casa generalicia en Roma, se le informó que allí nadie le había enviado un telegrama. El origen del telegrama no pudo ser aclarado, a pesar de una intensa búsqueda que se realizó por parte de Schoenstatt, tanto en Roma como en Milwaukee. La confusión era grande. En la curia romana surgieron sospechas que decían que los schoenstattianos e incluso el mismo P. Kentenich pudieron haber enviado el telegrama. El Administrador Apostólico fue requerido. Fuertemente apoyado por el Obispo Auxiliar Tenhumberg, y luego de numerosas conversaciones, pudo rebatir estas sospechas. Además tuvo que impedir que el P. Kentenich fuera enviado de vuelta a Milwaukee (lo que ya había sido decidido por los cardenales del Santo Oficio), para lo que también tuvo que realizar numerosas conversaciones. El 20 de octubre, los cardenales del Santo Oficio decidieron traspasar la causa Kentenich a la Congregación para los Religiosos, lo que tuvo como consecuencia que el P. Kentenich quedara libre. El Papa Pablo VI confirmó esta decisión el 22 de octubre, con lo que entró en vigor. El P. Kentenich vio en este movido desarrollo una disposición de la Divina Providencia, la que también incluía el telegrama no aclarado. El Administrador Apostólico pudo asentir diciendo: “Dios no hace más que acomodar las circunstancias”.

Superior general de los Padres de Schoenstatt

Junto con las conversaciones para solucionar la causa Kentenich, hubo de negociar sobre muchas otras cuestiones. Ya en julio de 1965 se había fundado el Instituto Secular Padres de Schoenstatt luego de muchas negociaciones. Wilhelm Wissing relata la forma en que, de pronto, recibió un nuevo cargo:

“Para la confección de este decreto [del 6 de octubre de 1964 – s.o.] permanecí cuatro semanas en Roma, luego de recuperarme de una seria operación. Allí negocié cada día. Y el resultado de ello muestra que Dios tiene humor: la nueva comunidad sacerdotal había nacido, tenía estatutos, estaba aprobada pero aun no tenía un superior. El cardenal a cargo me informó diciendo: ‘en Roma no existe ninguna comunidad que no tenga un superior. Tiene que haber un superior. En caso contrario no le puedo proponer al Papa esta comunidad’. Al mirarle por un momento algo desconcertado, el cardenal añadió: ‘por lo tanto propongo que usted sea el superior de esta comunidad’. Mi objeción fue: ‘pero yo ni siquiera pertenezco a Schoenstatt, tampoco a los sacerdotes y tampoco tengo la intención de integrarme a ellos’. Entonces dijo el cardenal: ‘por el momento eso da lo mismo. O bien usted acepta, o yo cierro las actas y no le propondré al Papa esta fundación hoy en la tarde’. Así también me convertí, de la noche a la mañana, en superior de una comunidad sacerdotal en Schoenstatt”.

Santuario Original

En el marco de este artículo no es posible presentar en detalle la cantidad de problemas y materias que debían ser aclaradas en múltiples conversaciones: preguntas en torno al lugar de Schoenstatt, preguntas relativas a los padres palotinos (en Alemania, Suiza, Chile) que deseaban incorporarse al Instituto de Padres de Schoenstatt, entre otros. Mencionaremos un hecho especialmente característico, tanto para el P. Kentenich como para Mons. Wissing. En el decreto de nombramiento del Administrador Apostólico se daba también un poder para que Mons. Wissing pudiera nombrar al rector del Santuario Original en Schoenstatt, aunque este era propiedad de los padres palotinos. Entre el Administrador Apostólico, el Presidente del Consejo General de la Obra, el Obispo Auxiliar Tenhumberg y el fundador, el P. Kentenich, por una parte, y el padre general de los padres palotinos, Wilhelm Möhler, por la otra, se había elaborado, a través de largas negociaciones, un modus vivendi en torno al Santuario Original, en el valle de Schoenstatt. Cuando estas negociaciones estaban prácticamente cerradas y listas para ser firmadas, el P. Kentenich propuso renunciar a dejar por escrito los acuerdos alcanzados y dejar su realización a la magnanimidad de ambas partes, es decir, renunciar a un ‘medio de presión jurídico’. Esta propuesta contenía también la petición al Administrador Apostólico para que se abstuviera de nombrar un rector para el Santuario Original, porque ello sería una intromisión muy profunda en los derechos de propiedad de los padres palotinos, que podría ser considerada una humillación. Mons. Wissing acogió esta propuesta. Él no renunciaría a su derecho a hacer el nombramiento, pero en la práctica no lo ejercería, para así contribuir, de acuerdo al deseo del P. Kentenich, a un acuerdo de paz profunda en el lugar de Schoenstatt. Este es un signo de la relación de confianza que existía entre el Administrador Apostólico y el fundador de Schoenstatt. Desgraciadamente este acuerdo de paz previsto para los años siguientes no llegó a entrar en vigor.

Wilhelm Wissing ejerció el cargo de Administrador Apostólico de la Obra de Schoenstatt hasta el 31 de mayo de 1966. Sin embargo, continuó vinculado a la familia de Schoenstatt y fue miembro consejero del Consejo General de la Obra, hasta su fallecimiento.

Missio

Mons. Wissing tuvo que dar término a su labor en la Oficina Católica en 1967, debido a una grave enfermedad. Recién en 1969 se había recuperado lo suficiente como para asumir una nueva tarea. Su nuevo campo de acción se encontraba en Aachen, en la “Obra Pontificia para la Propagación de la Fe”. Traspasaría los límites de este artículo el mencionar la labor de Wissing en este ámbito, aunque solo fuera de forma muy sucinta. Para terminar solo se mencionará la forma en que comenzó su nuevo trabajo en Aachen. Las palabras que les dirigió a sus colaboradoras y colaboradores revelan no solo la situación en aquel entonces de dicha institución, sino también revelan a la persona que era Wilhelm Wissing y la forma en que abordó esta nueva tarea. Karl Höller, su colaborador de muchos años en Aachen relata:

“El nuevo presidente les pidió a todas sus colaboradoras y colaboradores que fueran a la capilla, el lugar más grande de la central misionera de la calle Hermann en Aachen y les reveló amargas verdades:

La Obra Pontificia para la Propagación de la Fe es un barco que se está hundiendo. No se reciben donaciones para las misiones, y esto amenaza nuestra existencia. La cantidad de miembros disminuye.

Las nuevas obras Misereor y Adveniat, con sus atractivos temas de ayuda social para el desarrollo y de pastoral en Latinoamérica han superado ampliamente la Obra Misionera con su meta de la conversión de los paganos, que ya cuenta con más de 130 años.

‘Si no nos recuperamos a la brevedad, promocionando donativos y conquistando nuevos miembros, así como mediante un intenso trabajo de formación’, dijo Wissing, ‘pueden comenzar a buscar un nuevo lugar para trabajar’”.

La Obra “Missio” que surgió de esta Obra Pontificia para la Propagación de la Fe, tal como la conocemos hoy, es obra de Wilhelm Wissing. ¡No solo Schoenstatt le debe una inmensa gratitud!

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Fuente:
Wilhelm Wissing, Dios no hace más que acomodar las circunstancias. Recuerdos de una vida en tiempos turbulentos, editado por Karl R. Höller, Mainz 2001.
Heinrich Tenhumberg, en el Concilio Vaticano II, Diario 1962-1966 (publicado parcialmente por Joachim Schmiedl, Münster 2015).

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