Publicado el 14. octubre 2017 In José Kentenich

Yo, una hija del Padre Kentenich

PORTUGAL, Lena Castro Valente •

El 14 de septiembre tuve el privilegio de traducir al portugués la Homilía que el P. Juan Pablo Catoggio pronunciaría al día siguiente -15 de septiembre de 2017- en la apertura del Año Internacional del Padre Kentenich.

En ese momento, me di cuenta de la profundidad que, en su sencillez, sus palabras alcanzaban. Era tan grande su profundidad, su intimidad y sobrenaturalidad, que tocaron las más profundas fibras de mi corazón schoenstattiano. Volví a leerla y a releerla, y sigo descubriendo un manantial de vida, de enseñanzas y de fuerza apostólica para mejor vivir y difundir el carisma, el mensaje con su peculiar pedagogía y el fuego evangelizador: “Vayan e incendien el mundo” (P. Kentenich), que animaba a nuestro Fundador. Y eso es lo que quisiera, en breves palabras, compartir.

Un carisma compartido

Yo, su hija, participo del carisma que el Fuego del Espíritu suscitó en el Padre Kentenich. Este carisma dado gratuitamente a nuestro Fundador para el cumplimiento de su misión -que es la misión de Schoenstatt- también anima mi corazón y fortalece mi alma. Este carisma es, además, una “vocación” – fui llamada – no porque merezca o sea mejor que otros, sino por un don especial de lo alto. Hace muchos años, una Señora del Instituto Nuestra Señora de Schoenstatt, Lucília Catalino, que tuvo mucha cercanía con el Padre Kentenich durante los años que vivió en Schoenstatt tras el exilio, me dijo que le había escuchado esta afirmación: “Nadie llega a Schoenstatt sin que la Mater y yo mismo, nos hayamos puesto de acuerdo”. Un carisma es un don y una tarea … por eso, cuando me decidí por Schoenstatt, asumí la misión del Padre Kentenich como una “obligación voluntaria” en mi vida.

Cuando, por gracia de Dios, sellé la Alianza filial con el Padre Kentenich y, años más tarde, me implanté en el Jardín de María por la Inscriptio, reforcé mi “obligación voluntaria” y, en vista de ello, recibía ayuda y gracias de lo alto para mantenerme fiel – lo que no siempre es el caso. Pero este carisma compartido con el Fundador es también, por designio de Dios, compartido con todos mis hermanos en la Alianza de Amor -los que estuvieron, están y han de venir- como siempre lo ha afirmado nuestro Padre en los momentos más importantes de la nuestra Familia. Sólo, todos unidos de la mano de unos con los otros, llevaremos al Padre Kentenich a la Iglesia y al mundo. Es el misterio de las Alianzas Fraternas. Cuando sellé la Alianza con la Mater, sellé también, en el plano horizontal, con todos los que sellaron, sellan y sellarán en el futuro su Alianza de Amor. Es la realidad del Cuerpo Místico de Cristo.

“Dios nos ha pensado juntos desde toda la eternidad”

El Fundador siempre afirmó que no hacía nada solo. Y el 20 de agosto de 1947, lo expresó de manera muy clara: “Estaba previsto en los designios de Dios que ustedes y yo nos perteneciésemos con una profundidad singular. En los planes de Dios nunca debo haber existido sin ustedes, ni ustedes sin mí. Desde la eternidad, Dios nos pensó en una Alianza de Amor…“.

Entonces, no es por casualidad que mi camino se cruzó en esta tierra con el del Padre Kentenich, porque en los planes de Dios siempre fuimos uno. De aquí, también se deriva la “vocación por Schoenstatt” que es necesaria para el cumplimiento de la misión. Sin el Fundador no hay Schoenstatt, ni cada uno de nosotros y todos juntos seremos capaces de difundir el carisma y el mensaje. “Dios lo pensó así, no me vio nunca sin ustedes, ni a ustedes sin mí, Él no quiere que cumpla mi misión sin ustedes – como tampoco vio a María separada de Jesús -, Él los pensó, desde toda la eternidad, como mis colaboradores permanentes en el cumplimiento de mi misión…”. Una gran alegría y una tremenda responsabilidad.

Entonces, yo pertenezco al Padre y él me pertenece. Él es, verdaderamente, mi padre en el sentido teológico y yo soy su hija. Él cuida de mí e inculca en mí un poco de su fuego y de su carisma. El Movimiento de Schoenstatt es patrocéntrico. Verlo y vivirlo sólo como un movimiento mariano es incorrecto y es reductor. Mi relación con el Padre Kentenich prefigura la relación que debo tener con Dios Padre. Este es el plan de Dios.

El Año del Padre Kentenich, no el Año del Padre

Por mucho que ame al Fundador, este vínculo no puede ser, simplemente afectivo, sentimental. El vínculo es vital y me hace partícipe del espíritu de Fundador del Padre Kentenich. Este año es el Año del Padre Kentenich, no es el Año del Padre – ese, ya lo vivimos en la preparación para el Jubileo de los 50 años del 31 de mayo. He escuchado, y hasta leído en algunos lugares, que es el Año del Padre lo que debemos colocar en el centro. No es verdad. La finalidad de este Año Internacional es la de “abrir las puertas de Schoenstatt” o sea, las de nuestro corazón, para dejarlo “salir” a evangelizar el mundo. No es sólo un año para conocerlo mejor y para amarlo más – lo que es de extrema importancia; no es un año para “aferrarlo” sólo para nosotros y consolarnos con la maravilla de los términos como Padre, sino para permitirle que, a través de nuestro ser y nuestras obras, la Iglesia y el mundo lo conozcan. Para que él pueda, a través de la vida de sus hijos, responder a las dudas, a las inquietudes y los males de nuestro tiempo. No debemos mirar “hacia adentro” de la Familia de Schoenstatt sino, para “afuera”. El Padre Kentenich en salida, al encuentro de las personas, de la realidad, de la vida.

Padre Kentenich, ¿qué harías tú en mi lugar?

La constatación de estas realidades me hace ver, aún con más agudeza, mi infidelidad, mi debilidad, mi pereza, el lugar que muchas veces ocupo, en el sofá de mi vida… Por eso, antes de tener la idea de compartir esta reflexión, con dolor en el corazón le pregunté: “Padre Kentenich, ¿qué harías tú en mi lugar? ¿Qué debo hacer para que tu Año sea fecundo para mí, no como objetivo final, sino como donación de ti, a través mío, a mis hermanos? Dime lo que quieres que haga”.

Que cada día de este Año me acuerde de hacerle estas preguntas y tenga la paciencia y la humildad de escuchar sus respuestas y el coraje de ponerlas en práctica. ¡Un fecundo Año del Padre Kentenich para todos y cada uno de nosotros, para la Iglesia y para el mundo!

Original: portugués, 09/10/2017. Traducción: Kikito Vázquez, Asunción, Paraguay/CE

Apertura del Año del P. Kentenich

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