Publicado el 27. julio 2017 In José Kentenich

El compromiso: siempre fundadores

CHILE, María de los Ángeles Miranda Bustamante •

Abrazos entre schoenstattianos de distintas generaciones y ciudades, dieron inicio a la celebración de los 70 años de la Fundación del Movimiento en Chile, aquel lluvioso 27 de junio de 1947, en la casa del Pasaje Quinta Nº 28, en el plan de Valparaíso.

El Acta firmado por el Fundador

En esa ocasión un grupo de señoras y el Padre Kentenich firmaron el Acta de Fundación, donde se comprometían a llevar por siempre el ideal de fundadores, que los llamaba a distinguirse de la masa donde quiera que estuvieren.

Setenta años después

La fiesta comenzó en la Casa Mena, antiguo hospital que recibió a las primeras Hermanas de María y las visitas del Padre Fundador, cuya construcción fue recién remodelada por la Familia de Schoenstatt para transformarse en un lugar de peregrinación.

Luego, pese al amenazante cielo porteño, recorrieron a pie el Camino Cintura hasta llegar al Cerro Alegre y repletar la Parroquia San Luis Gonzaga, antiguamente administrada por los Padres Pallotinos y que acogió a los primeros grupos de señoras, matrimonios y las nacientes juventudes masculina y femenina.

“Mi abuelita fue una de las fundadoras”

Al inicio de la misa en la Parroquia San Luis, Presidida por el Obispo de Valparaíso, Monseñor Gonzalo Duarte, los jefes de rama y los representantes de las Familias de Agua Santa, Los Pinos, Quillota y Villa Alemana, llevaron en procesión las banderas hasta el altar, mientras el coro de Familias de Agua Santa entonaba “Te cantaremos tras la última conquista…”.

En la homilía, monseñor Duarte recordó que su abuelita era una de las fundadoras y que su nombre aparece en el reverso del Acta, que se exhibe actualmente dentro del Santuario de Agua Santa. “Así que yo nací viendo en la casa de mis  abuelitos al lado de la cama la típica estampita de la Mater en blanco y negro”, compartió.

Volver a asumir los grandes valores del Padre José Kentenich y de Schoenstatt

Monseñor Duarte recordó que los desafíos de la Iglesia de hoy no son los mismos que hace 70 años y que la visita del Papa Francisco en 2018 no será la misma que la del Papa Juan Pablo II en 1987, porque habrá más confrontación. “La Iglesia va caminando entre las penas del mundo y los consuelos de Dios. Entonces, este momento tan significativo, en discernimiento personal e institucional, de volver a asumir los grandes valores del Padre José Kentenich y de Schoenstatt, preguntarnos en qué situación estamos como Movimiento, qué es lo que tenemos que aportar a la Iglesia y al mundo. Son preguntas que son inexcusables”, afirmó.

La fidelidad de las fundadoras

La crónica cuenta que el 27 de junio de 1947, el Padre Kentenich se encontró con un grupo  de 17 señoras que se reunían en Valparaíso desde 1940, guiadas por Benedicta Daiber. Ellas habían mostrado tanta fidelidad, que ya el 23 de junio de 1942 se habían ofrecido en la eucaristía por la vida del Padre Fundador, que en esa fecha estaba en el campo de concentración de Dachau. Recién en su encuentro con ellas cinco años después, el Padre descubrió conmovido que ese mismo día había sido salvado del “transporte de inválidos” –la muerte segura– gracias a la intervención de un guardia conocido suyo.

A ellas, el Fundador les recordó ese día la misión de nuestro país en la gran tarea de Schoenstatt, a través de tres puntos que constan en el Acta: que se trata de una misión divina, por lo que no importa lo débil de los instrumentos; que somos élite, porque debemos aspirar a lo más alto y, por último, que tenemos la gran responsabilidad de ser siempre fundadores.

Fuente: Revista Vínculo, julio de 2017

 

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1 Responses

  1. “Nada sin tí. Nada sin mí.”

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