Publicado el 4. abril 2017 In José Kentenich

Encender una vela en el campo de concentración de Dachau – para cumplir un deseo del P. Kentenich

ALEMANIA, Hna. M. Elinor Grimm •

A 75 años de la llegada del P. Kentenich al campo de concentración de Dachau – 13 de marzo de 1942:

En la ocasión se realizó el sábado 11 de marzo un evento de un día en el memorial del campo de concentración. El 13 de marzo es el día en el que, en 1942, llegó a Dachau el P. Kentenich desde Coblenza en un convoy de prisioneros. Sabemos que hubo encuentros secretos inesperados antes de la partida, sobre todo en la estación de ferrocarril. Allí esperaba con su esposa el “pequeño mensajero”, un evangélico, encargado de la prisión de la Gestapo. Quería que su mujer conociese al padre, para el que él había hecho de correo en la cárcel, jugándose la vida. También unas Hermanas de María pudieron lanzar una mirada rápida desde el andén a su fundador. No fue posible nada más, había perros vigilando a los prisioneros.

Recorrer el audaz camino de la fe

Para el 11 de marzo se había preparado la Federación de Mujeres de Schoenstatt de Baviera con una jornada de todo un fin de semana en Klein-Schoenstatt, Munich y se había responsabilizado de la preparación de la misa. Regalaron a los participantes un folleto del P. Kentenich, centrado en el tiempo que estuvo prisionero, con el título: “Recorrer el audaz camino de la fe, 75 años después del 20 de enero de 1942”. Schoenstattianos de los alrededores asistieron a la misa en la Capilla de la Agonía de Cristo. Hubo representación de varias diócesis de Baviera y de Austria.

El P. Babel, presidente de la Familia de Schoenstatt en Regensburg insistió en su homilía en que también nosotros hoy podemos encontrarnos con nuestro fundador, el P. José Kentenich, en este lugar cargado de historia.

Algunos, que volvían a Dachau después de muchos años, se mostraron positivamente sorprendidos frente a la exposición. En muchos lugares del museo se puede hace referencia  al P. Kentenich. También se asombraron  de la multitud de visitantes. Resultó reconfortante el bistró en el Centro de Visitantes. Allí estaba planificado el almuerzo. A continuación se pudo ver en la Sala de Estudios un vídeo del prelado Heinz Dresbach, testigo de esta época.

Un tour bajo el tema”Prisionero nº 29 392 – Padre J. Kentenich“

El 13 de marzo vinieron sobre todo Hermanas de María, unas de lejos – desde Liebfrauenhöhe, otras de Wurzburgo, para participar en un tour bajo el tema: “Prisionero nº 29.392 – Padre J. Kentenich”. También había gente del círculo de adoración del santuario de Munich, un representante de la Rama de Hombres y tres miembros de la Rama de Mujeres Profesionales. Una de las señoras, de casi 90 años, realiza todos los meses una peregrinación a Dachau. Se considera responsable desde la coronación de un cuadro de la MTA, hace 25 años, en el antiguo campo de concentración de Dachau. El cuadro de la Mater se encuentra desde la reforma de la exposición en la sala conmemorativa, al final del museo.

También otros asistentes participaron en la visita guiada, a saber, una estudiante, una franciscana de la sede de Augsburgo y dos cristianos evangélicos. El pequeño rebaño era ecuménico.

El grupo se detuvo en determinados lugares del campo de concentración, a los que el P. Kentenich llegó aquel 13 de marzo: por ejemplo, el edificio de acceso de las SS, en la entrada del recinto o en el lugar en el que se encontraba el edificio del departamento político. Allí se hizo la famosa foto de la llegada, que posteriormente enviara el P. Kentenich a Schoenstatt.

En un texto para la meditación se dice: “¡Hoy llegó! Hoy hace 75 años…aquí, al infierno de Dachau. ¿Por qué dejó caer sobre sí tanta degradación? El P. Kentenich recorrió este camino para su fundación…estaba convencido de que Dios le exigía este ‘camino de Dachau’. Su prisión era el precio de rescate para la libertad de su obra de Schoenstatt”

¡Hoy hemos llegado nosotros! Nos hemos puesto en camino y traemos las experiencias de nuestro quehacer diario: el estar prisioneros de obligaciones, de trabajo y stress, los asesinatos de nuestros días, terror y persecución, guerra, el pasar por alto los mandamientos de Dios, el alejamiento de Dios…buscamos la esperanza en estos lugares de desesperación. Hemos venido para que nuestro pequeño Dachau propio sea un poco más santo, y pueda ser un pedazo de cielo…”

En el bloque 13, por entonces el bloque de acceso, se relataron las impresionantes vivencias del día de llegada, con el jefe del bloque, Hugo Guttmann.

La santa misa, en el Convento de Carmelitas de la Preciosísima Sangre, fue celebrada por el P. Eschbaumer presidente de la Familia de Schoenstatt en la Arquidiócesis de Munich-Freising. En su homilía explicó que el P. Kentenich describió el campo de concentración como una ciudad de paganos, de locos, de esclavos y de muerte. Animó a meditar sobre qué nos puede decir esto hoy. Nuestro mundo confuso, en el que apenas se habla de Dios, se parece, en muchos aspectos a una ciudad pagana. Muchas personas no son interiormente libres, están esclavizados, dependen de las más diversas cosas, sean drogas u otras. En muchos países el mundo se parece a una ciudad de muerte, por el terror y la guerra.

Nos sentimos desamparados a la vista de tantos problemas. ¿Qué previvió para nosotros el P. Kentenich bajo las difíciles condiciones del campo de concentración?, preguntó el P. Eschbaumer. La respuesta: una confianza ilimitada en Dios y en la Mater. Él pudo experimentar el lema del año de la Familia de Schoenstatt en Alemania: “se acercó y caminaba con ellos”.

El celebrante eligió conscientemente el relato evangélico de Emaús.

El P. Kentenich lo experimentó en el campo de concentración de Dachau: Dios y la MTA estuvieron muy cerca de él. Eso le dio mucha fortaleza en la fe. Por eso también pudo acercarse a los schoenstattianos, que estaban en el campo de concentración, a los muchos prisioneros a los que ofrecía consuelo, confianza, esperanza o, más tarde, pudo ayudar compartiendo sus paquetes de alimentos.

“Se pudo notar durante los dos días: caminaba con ellos”.

Así escribe una participante del evento del 11 de marzo:”Mi más profunda impresión en este día se incrementó durante la misa en la Capilla de la Agonía de Cristo:

‘Qué padre tan grande tenemos – realmente un profeta y un santo. Yo también he encendido una vela en la Capilla del Carmelo frente a la Madona del Campo de Concentración. Debe ser señal y agradecimiento por el bendecido día 11 de marzo, con auténticos y variados encuentros con el padre en el memorial del campo de concentración. Con la vela he querido cumplir un deseo del P. Kentenich, que expresó en 1967 a unas madres, antes de un viaje a Dachau, el 2 de julio. Ellas lo habían invitado al viaje, pero él se había comprometido para el evento del 16 de julio y no podía. Así que les regaló a las madres una vela con estas palabras: Esta vela la llevan en mi lugar, enciéndanla en cada Santuario en la que entren y también dentro del Campo de concentración. Agradezcan a la Mater en mi lugar’.

 

Original: alemán, publicado 2 abril 2017. Traducción: M Paz Leiva, Madrid, España/mf/cr

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