Publicado el 3. marzo 2017 In José Kentenich

Un vínculo personal con el fundador que lleve a encontrarse con su paternidad y también con su profecía

Entrevista al P. Ángel Strada, quien fuera hasta enero de 2017 el Postulador de la Causa de Beatificación del Padre José Kentenich •

Hubo repercusión inmediata que fue publicada en la misma página. Otros ecos me llegaron en forma personal. Muchos manifestaron que recordar las facetas humanas del Padre Fundador los ayudaba a valorar más su figura. Y que evitaba el peligro de hacer del fundador una figura mítica. Que una insistencia unilateral en las virtudes heroicas y en una vida intachable, a veces, era un obstáculo para identificarse con él. Agradecían, por lo mismo, que en mi calidad de postulador recordara las facetas humanas. Algunas personas tuvieron la impresión de que acentuaba demasiado ese aspecto y me dijeron que hubieran deseado que resaltara más las virtudes y los méritos del Padre Kentenich.

  • El Padre Kentenich habla de un ideal de santidad diferente al de la persona perfecta sin manchas ni errores. Habla de santidad diaria, habla del rechazo del hombre de hoy a un santo “ya santo en pañales” y de su deseo de ver en un santo, a una persona que luchó, que fracasó, pero siguió adelante en el amor de Dios. Corresponde a la “iglesia accidentada” que proclama Francisco. ¿Cómo corresponde un Padre Kentenich a este ideal de Santidad?

Ya en noviembre de 1912, en sus conferencias para los congregantes, el Padre Kentenich mostró un ideal de santidad muy realista. Dijo que los santos, figuras insignes de la humanidad, debieron vencer los mismos obstáculos y dispusieron de los mismos medios que todos para alcanzar tan alto ideal. En sus vidas sintieron el peso del pecado, debieron superar defectos y errores, pero con la ayuda de los sacramentos y la intensa vida de oración santificaron sus vidas. Esto correspondía a su propia experiencia personal. Los duros años de lucha, durante todo el tiempo de su noviciado y de seminario, le enseñaron que el seguimiento incondicional de Cristo implica siempre entrega confiada de la limitación personal, fracasos, búsqueda. Lo sabía además por las vidas de San Pablo, San Agustín, San Francisco de Asís, San Ignacio, quienes llegaron a la santidad después de superar etapas “accidentadas” en sus vidas. No tengo dudas de que el Papa Francisco aspira a la santidad y me impresiona que en forma pública y reiterada se confiesa pecador.

  • Celebramos con muchas personas en Schoenstatt y en Roma el jubileo de 100 años de la Alianza de Amor. ¿Cómo ve usted al Schoenstatt postjubilar en lo concreto? ¿Vislumbra alguna corriente de vida según las categorías del Padre Fundador?

Creo que la celebración del jubileo ha despertado en muchos el anhelo de un Schoenstatt misionero, con presencia viva en la Iglesia y en la sociedad. Han surgido corrientes de vida nuevas, otras se han fortalecido. Pienso en la Campaña de la Virgen Peregrina, en  iniciativas como la Academia de la Familia, las obras sociales en distintos países, los colegios que se orientan con la pedagogía del Padre, etc. Todos son modos muy valiosos de concreción de su mensaje.  Los proyectos apostólicos evitan que Schoenstatt quede reducido a un movimiento de espiritualidad. Y de alguna manera, concretizan la visión profética del fundador: “A la sombra del santuario se ayudará a decidir los destinos de la Iglesia”.

  • A veces parece que reducimos al Padre Kentenich a unas frases del llamado  “Teléfono del Padre”, al hombre con la barba blanca que nos sonríe desde el cielo, y a la oración por un milagro para que se canonice. ¿Cómo evitar reducir al Padre Kentenich a “un santo más”?

Es claro que la riqueza de la vida y del carisma del Padre Kentenich ofrece múltiples formas de encuentro con él. Los miles de testimonios de su fama de santidad van desde una abuela alemana que imploró su ayuda para encontrar las llaves del auto hasta el de una funcionaria del gobierno alemán que en una visita “casual” a la tumba del Padre decidió buscar ayuda para solucionar sus dudas de fe y volver a la práctica religiosa. Lo importante es que cada schoenstattiano cultive un vínculo personal con el fundador, que lo lleve a encontrarse con su paternidad y también con su profecía. El Padre Kentenich no sólo vivió heroicamente las virtudes cristianas sino que también fue portador de un mensaje de renovación. Y ese mensaje lo confió a nosotros.

Volviendo del exilio
  • Muchos preguntan por los escritos del Padre, como la Carta del 31 de mayo, que aún no están al alcance de todos. Por otro lado, se nota que lo que hay, como por ejemplo el Kentenich Reader, muchas veces no se conoce o no se lee. ¿Cómo podemos estudiar bien al Padre Kentenich para llenarnos de su espíritu y no depender del “nos dicen que el P. Kentenich dijo…”?

Creo que quien adhiere al carisma del Padre Fundador está frente a la tarea de conocerlo para poder vivirlo y anunciarlo a otros. Más todavía recordando que el mismo fundador sostuvo que ese carisma no era propiedad privada suya sino un patrimonio de toda la Familia. Una buena experiencia consiste en escoger un tema que motiva y buscar en los diferentes escritos el pensamiento del Padre al respecto. Sería de desear que se formen círculos de estudios para profundizar ese pensamiento y hacerlo entrar en diálogo con otros autores. O bien para publicarlo. Muchos sentimos que debemos encontrar nuevos caminos y desarrollar nuevas iniciativas para superar el escaso conocimiento y la poca presencia del pensamiento y obra del Padre Fundador en los círculos eclesiales.

  • ¿Cómo explica usted la llamativa cercanía entre la imagen de la Iglesia que proclama el Papa Francisco y la del Padre Kentenich? ¿Podemos aun hablar del Padre Kentenich como profeta y de Schoenstatt como movimiento de renovación, cuando la Iglesia, en la era Francisco, parece correr hacia la meta puesta por el Padre Kentenich, pero en parte más rápidamente que nosotros los schoenstattianos?

Pienso que la persona y el magisterio del Papa Francisco son una clara confirmación del carisma profético del Padre Fundador. Es cierto que él parece correr hacia la meta más rápidamente que nosotros. Pero él tiene su campo de responsabilidad y nosotros tenemos el nuestro. Ambos al servicio del pueblo de Dios. Es preciso no olvidar que el magisterio del Papa no alcanza todos sus frutos si no encuentra personas y comunidades que lo encarnen en la vida concreta de la Iglesia. El mismo Papa nos ha pedido que no nos dejemos estar, que no guardemos algo que hemos recibido para entregarlo. Nos dijo que el carisma no es un objeto de museo para conservarlo en una vitrina. Ya antes San Juan Pablo II, en 1985, nos recordó que “habéis sido llamados a ser partícipes de la gracia que recibió vuestro fundador y a ponerla a disposición de toda la Iglesia. Porque el carisma de los fundadores se revela como una experiencia del Espíritu, que es transmitida a los propios discípulos para que ellos la vivan, custodien, profundicen y desarrollen constantemente en comunión y para el bien de toda la Iglesia, la cual vive y crece en virtud de la siempre renovada fidelidad a su Divino Fundador”. No puede ni debe faltar ninguna de las cuatro tareas que menciona el Santo Padre: vivir, custodiar, profundizar y desarrollar el carisma.

  • ¿Cuál fue la tarea más difícil que le tocó realizar durante su trabajo en el Proceso de Beatificación del P. Kentenich?

Una tarea que exigió bastante tiempo y dedicación a mí y a muchas personas que colaboraron generosamente fue la clasificación y evaluación de la gran cantidad de escritos del fundador: miles de cartas y de conferencias, ejercicios espirituales, homilías, estudios sobre diversos temas. A lo que se agregan los escritos referidos a su persona y a su fundación. El Padre Kentenich tuvo una larga vida y poseía una enorme capacidad de trabajo. Además de que, desde muy temprano, se quiso recoger su palabra. Elaboramos un índice de más de 30.000 escritos que se encuentran en los distintos archivos, de los cuales la comisión de historia escogió 8.000 escritos que se incorporaron a la documentación del proceso de canonización y en su idioma original serán presentados a la congregación para las causas de los santos.

  • Para cerrar viene lo típico de cada entrevista a un “famoso” – los gloriosos siete puntos – pero puestos en mirada a su vínculo con el Padre Kentenich:

  • Un libro: La propuesta evangelizadora de Schoenstatt (P. Hernán Alessandri)
  • Una frase: “La mano en el pulso del tiempo y el oído en el corazón de Dios” (PK)
  • Una fecha: 18 de octubre de 1914
  • Una foto: el Padre con el Papa Pablo VI, el 22 de diciembre de 1965
  • Un gesto: la visita del Padre a Mons. Stein después del tiempo de exilio en Milwaukee
  • Una pregunta a él: ¿Cómo hizo para reconciliarse interiormente con su padre?
  • Un sueño: su canonización

 

Las preguntas fueron expresadas por colaboradores de schoenstatt.org de Argentina, España, Estados Unidos y Alemania.

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„Tenemos que renunciar a una imagen de nuestro Fundador, donde todo es perfecto“

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3 Responses

  1. Nuestro Padre fundador fue y es realmente un padre para toda la familia de Schoenstatt, oremos por su pronta beatificación

  2. Realmente un profeta!! El PK es puente que nos lleva hacía nuestro Padre celestial!!

  3. Realmente un profeta!! El PK es puente que nos lleva hacía nuestro Padre celestial!!

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