Publicado el 27. agosto 2017 In S18 aportes, Sinodo 18

Joven, el Papa Francisco quiere escucharte – Andrea Plaatjes, Sudáfrica

Hacia el Sínodo de la Juventud: “Joven, Francisco quiere escucharte”  •

Mi historia

Nací y crecí en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Vengo de una familia de 4 personas. Tengo 26 años y creo firmemente en la unidad familiar. Fui criada en un ambiente muy católico, y tengo la suerte de que mis padres han sido siempre modelos de rol para mí. Cuando era más chica, la misa dominical no era negociable, y si me la perdía mi madre me hacía ir a confesarme. Tengo que admitir que en mi adolescencia no disfrutaba precisamente de ir a la iglesia. Iba porque era lo que se esperaba de mí y satisfacía a mi madre. Se volvió algo tan automático y rutinario que me sentaba en misa y no escuchaba ni una palabra de lo que decía el sacerdote. Mis padres se esforzaron para explicarme mi fe cuando era niña. La escuela dominical era pasable, pero cuando recibí la confirmación quedé como en un limbo. Reflexionaba que ya no era una niña, pero tampoco era un adulto. ¿Qué seguía ahora? ¿Ir a misa los domingos como de costumbre y tal vez casarme? ¿Iniciar una familia? ¿Convertirme en sacristán? ¿Cuál era mi siguiente meta en mi fe después de la confirmación? Me hacía tantas preguntas a mí misma. Tampoco era yo una persona que rezara mucho, ya que sólo rezaba cuando tenía que hacerlo. Muy dentro de mí sabía que eso no era lo que la fe debería ser y sentirse. Una Hermana de María vino a nuestra parroquia un día y habló acerca de la Rama de Mujeres de Schoenstatt. Dijo que si había mujeres de entre 18 y 40 años, solteras y sin hijos, y les interesaba unirse a una red de mujeres que discutían varios temas, deberían asistir a una reunión.

Azuzada por la curiosidad, fui y me encontré 3 años después enamorada de la comunidad de Schoenstatt. Este camino me ha hecho en esencia una mejor mujer, mejor colega y amiga. Me equivoco la mayoría de los días y hay días donde las cosas no van bien, pero al final todo se reduce a nuestra capacidad de elegir. Cada día elijo a Jesucristo y a la Santísima Virgen y les pido que me ayuden a intentarlo nuevamente.

Mis preocupaciones

La cultura en la que vivo es muy superficial. Las relaciones en todos los niveles son desechadas en un instante. La satisfacción inmediata parece ser la norma. Las mujeres (no todas, pero sí la mayoría) son agresivas con sus congéneres. Cuando deberíamos apoyarnos una a la otra, nos destruimos. Cuando deberíamos rezar por los demás, hablamos mal de ellos. Entiendo que no todos tienen la misma educación ni las mismas experiencias de vida, pero mi mayor preocupación que no podamos amar sin razón aparente. Ni siquiera nos amamos a nosotros mismos cuando pasamos por triunfos o tribulaciones en nuestras vidas.

Mi compromiso

Me gustaría compartir mi luz empoderando a los que son más jóvenes que yo. En mi comunidad el embarazo de adolescentes es un reto muy grande. Mis orígenes son muy desventajosos y mi comunidad así lo refleja. La mayoría de los jóvenes son víctimas de la guerra de pandillas, consumo de drogas y embarazo adolescente, en un ciclo que se repite una y otra vez. Los problemas sociales me interesan mucho. No sé exactamente a qué me quiero comprometer, pero sé que me apasiona ayudar a los jóvenes. Le pido al Espíritu Santo que me ilumine en este llamado que sé que está ahí.

Mi experiencia de fe

¿Ha sido fácil? Absolutamente no. Vivir para la gloria de Dios y su Reino – La biblia lo hace parecer tan fácil. Haz lo correcto. Sé obediente. Santifica las fiestas, honra a tus padres, no robes, no mientas. Gracias a Dios que tenemos los 10 mandamientos, pero la vida y la fe no son tan simples. Los retos diarios me exigen mucho. El colega molesto, el tren que siempre llega tarde, las labores del hogar y las constantes fechas de entrega. Balancear el trabajo y la vida social, el mundo de las citas, atemorizante y emocionante a la vez.  Estudiar y trabajar. Todo se acumula y encuentro que, si no tuviera una base y la seguridad de que, sin importar dónde esté, Dios está ahí, mi fe no sería tan fuerte. Me parece que estoy en buena condición física. Mantengo activo mi cuerpo casi todos los días, de la misma forma en que mantengo mi espíritu en forma y saludable, ya que necesita comida igual que mi cuerpo. La oración es el alimento. Descubrí que abandonar la necesidad constante de controlar mi vida es el secreto de una buena relación con Dios. La confianza en Él ha sido el combustible de mi fe, sin importar las circunstancias por las que estuviera pasando, desde rompimientos amorosos hasta fallecimientos, desde decepciones hasta bendiciones. La oración, el abandono y la confianza componen mi fórmula para la fe. Creer que todo estará bien, sin importar lo que ocurra externamente.

Mis dudas y cuestionamientos

Estamos perdiendo a la juventud. Es un hecho. Reciben la confirmación y se van a otras instituciones más vibrantes o carismáticas. Están bastante bien hasta que llegan a la confirmación, pero después simplemente dejan de acudir. Algunos pocos asisten todavía a misa obligados por sus padres (lo sé, yo era una de esas personas). ¿Qué estamos planeando hacer para convertirnos en una Iglesia más incluyente y espiritualmente dinámica? Entiendo que no se trata del sacerdote o de su homilía, ni de los cantos, sino de la consagración y memoria de la muerte de Jesucristo, de la celebración de la Eucaristía, pero un joven de 15 años difícilmente se identifica con eso.

Mis sueños

Mi sueño sería tener un taller para mujeres, iniciativas enfocadas en Jesucristo que tocaran temas como

  • Relaciones sexuales prematrimoniales.
  • El concepto del control natal y lo que realmente significa para las mujeres en la Iglesia.
  • Relaciones y los retos de tener citas con personas que no comparten tu fe y tu religión.
  • María y de qué manera puede ser ella una fuente de fortaleza para nosotros.
  • Un mini-repaso de los ritos de iniciación católica para adultos (RCIA), etc…

Original: Inglés, 27.08.2017. Traducción: Eduardo Shelley, Monterrey, México

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