Publicado el 26. noviembre 2017 In Francisco - Mensaje

Fidelidad es cambio

MENSAJES DEL PAPA FRANCISCO •

El cambio es saludable no solo cuando las cosas van mal, sino también cuando todo funciona bien y estamos tentados de acomodarnos sobre los resultados obtenidos.
Fue en los años noventa del siglo pasado, cuando un teólogo metodista ingles escribió sobre la visión del Padre Kentenich, contrastando sus ideas y su actuar con lo que comenzó a detectar en unos sectores de la iglesia como “una ideología conservadora, cuyos protagonistas llaman fidelidad”. Para este hombre que se fascinó con lo audaz y renovador en los escritos del P. Kentenich, la palabra surgida en el contexto del centenario del nacimiento de José Kentenich, “fidelidad creadora”, fue como una revelación esperanzadora no solo para la corriente ecuménica sino para toda la iglesia y para el dialogo social – y también para el rumbo de Schoenstatt.

Tenemos en la historia de Schoenstatt un acontecimiento que marca este rumbo. Hoerde. La jornada en el pueblo de Hoerde, en 1919, que terminó con la fundación de Schoenstatt como Movimiento independiente de la Congregación Mariana en el lugar de Schoenstatt. Más allá del evento mismo, Hoerde signfica una actitud que no se conforma con lo que ya se tiene, se sabe, se conoce y se hace. O sea: Una fidelidad que es cambio.

Cada organismo, tarde o temprano, corre peligro de “sentarse”, de “instalarse”  en lo de siempre. Llamalo conformismo, fidelidad, comodidad, conservación o simplemente debilidad humana. Hace falta lo que perturbe, irrumpe, exige cambio para no petrificarse.

Hoerde es “lo que perturba” a través de un tal Luis Zeppenfeld, de un tal Klaus Scheuffgen, que no dejan en paz con su inquietud y su insistente: “Y ahora que?”, con lo que nos hace salir de lo acostumbrado, y nos hace ir más allá del “punto sin retorno”, al preguntar a todos: “La guerra terminó. ¿Y ahora qué?”

En concreto, hubo que decidir entre dos opciones: “la guerra terminó. Volvamos a lo acostumbrado” y “la guerra terminó. Las formas excepcionales que se elaboraron para la situación excepcional de la guerra, se convierten ahora en la situación normal y se crea la ‘Federación Apostólica’”. Se escogió la segunda alternativa; una decisión, en todo caso, por la que hay que volver a optar una y otra vez, tal como se explicó más arriba.

En este contexto el Papa Francisco nos regala, en su mensaje a los participantes del 7° Festival de Doctrina Social de la Iglesia en Italia, un manual para la fidelidad creadora, para el paso desde la zona de confort a la zona de riesgo, desde la mirada hacia atrás a la mirada hacia el “más allá”, desde el “siempre se ha hecho así” al entender que “ser fieles comporta la capacidad de cambiar”.

 

 

Texto completo del saludo del Papa Francisco a los participantes en el 7° Festival de Doctrina Social de la Iglesia

Queridos hermanos y hermanas:

La fidelidad es este camino que activa procesos y no nos permite detenernos en los espacios que nos defienden de cualquier creatividad, espacios que eventualmente van en la dirección del siempre se ha hecho así.
Saludo a todos vosotros, participantes en el 7° Festival de Doctrina Social de la Iglesia, que este año se titula “La fidelidad es cambio”.  Esta expresión, que intencionalmente suscita una cierta sorpresa “lógica”, nos lleva a considerar que, en realidad, ser fieles comporta la capacidad de cambiar.

Pensemos en la experiencia de Abraham, que la Biblia nos muestra como un modelo de fe. Cuando ya era anciano, Dios le dijo, “Vete de tu tierra y de tu patria y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. De ti haré una nación grande, y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre y sé tu una bendición” (Génesis 12: 1-2). Para ser fiel, Abraham tuvo que cambiar, partir. La Palabra de Dios nos ayuda a distinguir las dos “caras” del cambio: la primera es la confianza, la esperanza, la apertura a lo nuevo; la segunda es la dificultad de dejar  la seguridad para salir al encuentro de lo desconocido. En efecto, nos sentimos más tranquilos quedándonos en nuestro recinto, conservando, repitiendo palabras y gestos habituales. Esto hace que nos sintamos más seguros.  En lugar de salir, partir y comenzar nuevos procesos.

Preguntémonos entonces, qué sucede si mantenemos nuestra fidelidad a Dios y al hombre. Hemos visto en la historia de Abraham el efecto de la llamada del Señor: le cambió radicalmente la vida, lo hizo entrar en una nueva historia, le abrió horizontes inesperados con nuevos cielos y nuevas tierras. Cuando se responde a Dios, siempre se activa un proceso. Ocurre algo inédito que nos lleva a donde nunca hubiéramos imaginado. Esto es importante. Siempre se activa un proceso, se va adelante, no se ocupan espacios. Se activan procesos.

Fidelidad al hombre significa salir de sí mismo para encontrarse con la persona concreta, con su rostro, su necesidad de ternura y misericordia, para sacarla del anonimato, de las periferias de la existencia. Fidelidad al hombre significa abrir los ojos y el corazón a los pobres, los enfermos, a los que no tienen trabajo, a los muchos heridos por la indiferencia y por una economía que descarta y asesina, abrirse a los prófugos que huyen de la violencia y la guerra. Fidelidad al hombre significa vencer a la fuerza centrípeta de los propios intereses, intereses egoístas y dar cabida a la pasión por el otro, rechazar la tentación de la desesperación y mantener viva la llama de la esperanza.

De esta manera, la fidelidad a Dios y la fidelidad al hombre convergen en un movimiento dinámico que toma la forma del cambio de nosotros mismos y del cambio de la realidad, superando inmovilismos y conveniencias, creando espacios y trabajo para los jóvenes y para su futuro. Porque el cambio es saludable no solo cuando las cosas van mal, sino también cuando todo funciona bien y estamos tentados de acomodarnos sobre los resultados obtenidos. Expandir nuestro servicio, hacer que otros sean parte de nuestros proyectos, dilatar los espacios de la  creatividad significa aceptar el desafío del cambio precisamente para permanecer fieles a Dios y al hombre. Parece una contradicción, pero la fidelidad es este camino que activa procesos y no nos permite detenernos en los espacios que nos defienden de cualquier creatividad, espacios que eventualmente van en la dirección del siempre se ha hecho así.

Enviándoles este breve mensaje, dirijo también un saludo fraterno a Su Excelencia Monseñor Zenti, obispo de Verona, ciudad anfitriona del Festival de la Doctrina Social de la Iglesia, a Don Vincenzi y todos los colaboradores, relatores y voluntarios. Ojalá esta iniciativa contribuya a animar y sostener la misión evangelizadora de la Iglesia en el mundo del trabajo, de la economía y de la política.

Os bendigo y os pido por favor que recéis por mí. ¡Gracias!

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