Publicado el 14. abril 2017 In Francisco - iniciativas y gestos

Para sembrar amor entre nosotros

FRANCISCO en la periferia, por Maria Fischer con material de Radio Vaticano y Aleteia •

El lavatorio de los pies del Jueves Santo, evocando a Jesús, nos recuerda que «Dios nos ama hasta el extremo» a pesar de nuestros pecados. Lo recordó el Papa Francisco en la Misa de la Cena del Señor, que celebró en la cárcel de Paliano, la única en Italia destinada a la reclusión de colaboradores de la justicia. En 2013, pocos días después de asumir como Papa, Francisco sorprendió a todos con el gesto de celebrar la Misa de la Ultima Cena fuera del Vaticiano y en Cárcel de menores de Casal de Marmo. En los años siguientes ha presidido la misa en “in Coena Domini”, fuera del Vaticano; en 2014 en la Fundación Don Gnocchi, Centro Santa María de la Provindencia, en ese lugar lavó los pies a personas minusválidas y no suficientes. En 2015, visitó la cárcel romana de Rebibbia. Los que no se sorprendieron de estos gestos fueron los feligreses de la arquidiócesis de Buenos Aires – pues su Cardenal Jorge Mario Bergoglio celebró cada Jueves Santos en la periferia…

Hace recordar a los innumerables y fuertes abrazos recibidos en cada visita a la Cárcel de Menores cerca de Tuparenda, con el Padre Pedro Kühlcke. Nunca en mi vida recibí tantos abrazos en tan poco tiempo y pocas veces tan cálidas. Salí, cada vez, con un cansancio feliz, de tanto cariño dado y recibido. Es la alegría del evangelio hecho abrazo. Alegría pura.

El Papa lavó los pies a doce detenidos. Se trata de tres mujeres y un hombre musulmán que será bautizado en junio; un argentino y un albanés y el resto de nacionalidad italiana. Entre ellos, dos condenados a “cadena perpetua” y todos los demás que deberían terminar sus penas con la sociedad entre el 2019 y el 2073.

Dirigiéndose a los 70 encarcelados y al personal penitenciario, el Obispo de Roma señaló que, como nos enseña Jesús, el Papa es el primero que está llamado a «servir», para «sembrar amor». Y exhortó a los detenidos a ayudarse mutuamente.

«Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo». En su homilía, el Papa Francisco reflexionó sobre el pasaje evangélico que narra la Última Cena de Jesús con sus discípulos.

Dios nos ama hasta el extremo, a pesar de nuestros pecados

El Señor sabía que había sido traicionado, que Judas lo iba a entregar, pero ama «hasta el extremo» y dona su vida «por cada uno de nosotros»:

«Amar hasta el extremo. No es fácil, porque todos somos pecadores, todos tenemos límites, defectos, tantas cosas. Todos sabemos amar, pero no somos como Dios que ama sin mirar las consecuencias, hasta el extremo. Y nos da el ejemplo: para hacer ver esto, Él que era el ‘jefe’, que era Dios, lava los pies a sus discípulos».

Jesús vino al mundo para servir y el Papa debe hacer lo mismo

Recordando que la de lavar los pies era una costumbre de entonces, antes de los almuerzos y de las cenas, porque la gente por el camino se ensuciaba los pies de polvo, y que eso lo hacían los esclavos, el Santo Padre hizo hincapié en que Jesús invierte esa regla. Y que cuando Simón Pedro no quería permitírselo, Jesús le explica que «Él ha venido al mundo para servir, para servirnos, para hacerse esclavo por nosotros, para dar su vida por nosotros, para amar hasta el extremo»:

«Hoy, en la calle, cuando estaba llegando, había gente que saludaba: ‘Viene el Papa, el jefe de la Iglesia. El jefe de la Iglesia…’ ¡El jefe de la Iglesia es Jesús, hablemos en serio! El Papa es la figura de Jesús y yo quisiera hacer lo que hizo Él. En esta celebración, el párroco lava los pies a los fieles. Hay un vuelco: el que parece más grande debe hacer un trabajo de esclavo, para sembrar amor. Para sembrar amor entre nosotros».

El lavatorio de los pies no es algo folclórico, es un signo del amor de Dios

Alentando a los detenidos a ayudarse mutuamente, a servir a sus compañeros, «porque esto es amor, es como lavar los pies. Es ser servidor de los demás», el Papa Francisco recordó que una vez los discípulos discutían entre ellos sobre quién era el más grande, el más importante. Jesús les dijo: «el que quiere ser importante, debe hacerse el más pequeño y servidor de todos». Y es lo que hizo Dios con nosotros: es nuestro ‘Servidor’ nos sirve a nosotros:

«¡A todos nosotros, que somos pobre gente, a todos! Pero Él es grande, Él es bueno. Y nos ama como somos. Por ello, durante esta celebración pensemos en Dios, en Jesús. No es una celebración folclórica: es un gesto para recordar lo que hizo Jesús. Después de esto, tomó el pan y nos dio su Cuerpo. Tomó el cáliz con el vino y nos dio su Sangre. Así es el amor de Dios. Hoy, pensemos sólo en el amor de Dios».

 

Homilia del Papa Francisco en la Santa Misa Crismal

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