Publicado el 6. Septiembre 2017 In Dilexit ecclesiam

Ordenación episcopal de Ramón Benito Ángeles Fernández, sacerdote diocesano de Schoenstatt

REPUBLICA DOMINICANA, redacción con material de agencias locales •

El sábado 26 de agosto de 2017 se celebró la solemne ordenación episcopal de tres obispos auxiliares nombrados por el Papa Francisco, para la diócesis de  Santo Domingo, en la Republica Dominicana: Mons. Ramón Benito Ángeles Fernández (miembro del Instituto de Sacerdotes Diocesanos de Schoenstatt), Mons. Faustino Burgos Brisman, C.M., y Mons. Jesús Castro Marte. Fue un evento impactante para la iglesia de Santo Domingo.  En la liturgia participaron dos arzobispos y 21 obispos del país y el extranjero, más de 350 sacerdotes, diáconos, acólitos y ministros de las diferentes diócesis, que resaltaron el simbolismo y el significado de los momentos claves del rito de ordenación, que se inició con una procesión de 15 minutos.  Estaban también el presidente de la república,  Danilo Medina y muchas autoridades políticas. El P. Christian Löhr, rector general del Instituto de Sacerdotes Diocesanos de Schoenstatt, acompañó al segundo miembro de la comunidad a ser ordenado obispo.

La feligresía católica se congregó en el Centro de Convenciones Sansouci, donde tuvo lugar la solemne e histórica ceremonia encabezada por el arzobispo metropolitano de Santo Domingo, monseñor Francisco Ozoria Acosta. Era  la primera vez que en el país se realizó una ordenación episcopal de tres obispos auxiliares en una misma ceremonia.

Mejor atención pastoral

En la homilía, monseñor Francisco Ozoria Acosta dijo que, a partir de ahora, será posible una mejor atención pastoral. En ese contexto, explicó que el Concilio Vaticano II define a la Iglesia como “Misterio de Comunión”. Manifestó que ha trabajado y continuará trabajando para hacer realidad este ideal.

Subrayó que siente el firme propósito de formar un equipo de trabajo con los obispos auxiliares y los vicarios episcopales. De esa manera, se expresará con hechos y palabras esa comunión eclesial que se hace cada vez más necesaria.

Motivo de agradecimiento 

En representación de los tres nuevos obispos auxiliares, habló monseñor Ramón Benito Ángeles Fernández:

“Apreciamos y valoramos con plena humildad, la acogida que estamos recibiendo de los hermanos obispos, de nuestros sacerdotes, diáconos, del pueblo en todos sus laicos, de nuestros seminaristas, de las comunidades religiosas masculinas y femeninas, de nuestras autoridades civiles, militares y legislativas y muy particularmente de nuestras familias. Cuanto agradecemos la presencia aquí hoy de obispos, sacerdotes y laicos del todo el país, de Alemania, Puerto Rico, Haití, New York, Boston, Argentina y México

Su presencia aquí habla el lenguaje del Espíritu de Dios que se manifiesta en fraternidad, solidaridad, cercanía, identidad y alegría con la misión evangelizadora que compartimos. Habla el lenguaje testimonial del Amor que del Maestro Jesús recibimos para compartirlo, repartirlo y celebrarlo.

Hoy es un día de fiesta para nuestra Iglesia local, dominicana y universal.

Nosotros queremos seguir construyendo y conquistando el Reino de Dios en estas tierras benditas de primicias evangelizadoras, desde donde se ha expandido para un Nuevo Mundo el Evangelio de Jesucristo, en nombre de una comunidad universal que es la Iglesia.

No somos llamados y enviados en solitario. La tarea que nos toca es con la Iglesia y para la Iglesia. Confiamos plenamente en Dios y en ustedes que son nuestros hermanos. Recordemos unidos esta maravillosa expresión de San Agustín: “Si necesitas una mano recuerda que tengo dos”.

Venimos a servir, como obreros, no como dueños. Como corderos en medio de un mundo difícil: arriesgados sí, imprudentes no. Entregados sí, ingenuos no.

Venimos con el espíritu que nos ha dado el Maestro: en pobreza y en libertad. Sin detenernos, ni estacionarnos, ni apalancarnos, ni apegarnos a nada ni a nadie.

Queremos ser facilitadores de la paz, la justicia, la solidaridad, la equidad, la inclusión, el desarrollo humano integral; signos y testigos de un pastor que al compartir su vida con cada persona mantengamos siempre abiertos nuestros corazones para ser acogedores, receptivos, sencillos, amorosos y pastores con “olor a ovejas”.

Queremos llevar adelante nuestro ministerio episcopal con valentía, dignidad y respeto, no a nosotros mismos, sino al evangelio de Jesucristo, a la Buena Nueva: con humildad, sencillez y nobleza… Sin miedos ni cobardías ante las verdades esenciales de la fe y de la humanidad. Como los profetas y los mártires, de rodillas sólo ante Dios. Conscientes de que si queremos estar de pie ante los hombres, es preciso estar de rodillas ante Dios.

Participamos de una Iglesia bella. De una Iglesia que es útil. Y nuestra Iglesia es “útil porque es bella”, para que se establezca el soñado y esperado Reino de Dios.

Como llamados y enviados a tan maravillosa y hermosa misión de servir, (como lo expresa el escudo de Mons. Faustino: DILECTIO IN SERVITIO), de evangelizar (como lo expresa el escudo de Jesús Castro: VAE MIHI SI NON EVANGELIZA VERO) y de amar sin límites (como expresa mi propio escudo: EL AMOR NUNCA PASA). Les decimos que no queremos otra cosa más que imitar al Maestro, o como podría decir la Magdalena o la Madre Teresa de Calcuta o bien San Vicente de Paul: “no soy sino perfume dispuesto a derramarse a los pies de Jesús y de los pobres”; que son los destinatarios privilegiados del Evangelio. Aquí con nuestro Papa Francisco: “Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca los dejemos solos

Este tiempo desafiante es muy bueno y apropiado para soñar. No hay que tener “miedo” para soñar en nuestra Iglesia, siempre que seamos capaces de “tener las manos en el pulso del tiempo y los oídos en el corazón de Dios”. Hay sueños que unen e integran a soñadores. Hoy tenemos un gran soñador, nuestro Papa Francisco. Compartimos con él nuestro ministerio episcopal en el espíritu de una Iglesia en salida, que se encarna en las periferias, a la escucha de las inquietudes de la gente y siempre con alegría, al servicio de la niñez, la juventud, la familia, la educación y la sociedad en todos sus componentes humanos y espirituales.

Recordemos que la Iglesia nace del Corazón de Cristo y en el Corazón de Cristo encontramos el Amor sin límites y el perdón misericordioso, hasta tocar la carne sufriente de Cristo en el pueblo.

Tengamos el coraje de dar el paso y entrar en la Iglesia, subir con Jesús a orar y soñar una Iglesia con visión de presente, de largo plazo y perseverar, poniéndonos siempre sólo y en todo en las manos de Dios y la muy amada Madre de Jesús, la Santísima Virgen María (…)

El corazón tierno de nuestra Madre María de las Mercedes y de la Altagracia, nos acompañe, nos proteja y nos haga obedientes siempre a la voluntad de Dios.

Gracias por su amor y por su oración para con nosotros.”

Misceláneas

La archidiócesis de Santo Domingo tiene más de cuatro millones de católicos. Está dividida en cuatro unidades territoriales denominadas vicarías episcopales, en adición al distrito nacional. Cuenta con más de 215 parroquias y 18 zonas pastorales.

En República Dominicana hay presencia de dos Institutos de Schoenstatt: unas veinte Hermanas de María, treinta y tantos sacerdotes del Instituto de los Sacerdotes Diocesanos de Schoenstatt (incluyendo tres obispos, monseñor Fausto Mejía,  monseñor Napoleón Romero, y ahora Mons. Ramón Benito Ángeles Fernández, así como el rector de la Universidad Católica de Santo Domingo), más una veintena de miembros de dos cursos de la Federación de Sacerdotes Diocesanos de Schoenstatt.

En República Dominicana hay dos santuarios: en La Victoria, a las afueras de la capital,  y en San Francisco de Macorís. El  secretario de la Nunciatura,  es el P. Álvaro Izurieta de la Federación de Sacerdotes Diocesanos de Schoenstatt de Argentina.

Video de la ordenación

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