Publicado el 13. agosto 2017 In Dilexit ecclesiam

Un poco como en la visita del Papa a Paraguay…

PARAGUAY, P. Alfredo Pereira •

A mediados de junio pasado se celebró el tercer Congreso Eucarístico Archidiocesano. En él pude participar de cerca, ya que como parte del Movimiento, colaboraré junto con otros en la organización de la apertura del Congreso, con la celebración en la Costanera de la Santa Misa en memoria de la solemnidad de “Corpus Domini”,.

Todo nace en noviembre del año pasado, cuando en la archidiócesis se pensaba cómo empezar el trienio de la juventud. La Conferencia Episcopal se había comprometido tas la visita apostólica del Santo Padre. Nuestro Arzobispo, Mons. Edmundo,  motivado por algunos laicos y por la experiencia positiva realizada en Argentina y en Bolivia de sus respectivos congresos eucarísticos, propone así colocar a Jesús, nuestro Señor, en el centro, y con Él caminar en la aventura de lo que significaría dar contenido y horizonte al trienio. De la idea fueron saliendo propuestas cada vez más concretas y así se fue armando el programa del Congreso.

Había también algo muy claro: la organización de la venida del Papa significó un gran esfuerzo para todos, significó un montón de tensiones y sin lugar a dudas puso a prueba muchas veces nuestro ser Iglesia. Sin embargo, pasada la visita, se tuvo la conciencia de que el desafío nos había hecho bien y que había sido fundamental el haber tenido que trabajar juntos; parroquias, arzobispado, conferencia episcopal, movimientos, colegios, etc. Sí… nos cuesta juntarnos y seguramente nos costará siempre, pero vale la pena, porque nos hace bien a todos y hace bien a la comunión de la Iglesia. Sólo así, se podrán generar relaciones auténticas, derribar prejuicios, enriquecernos mutuamente y establecer esa cooperación natural, ya que a todos “nos urge” y nos compete llevar el mensaje de Cristo.

Se quisieron repetir ciertos lugares, que marcados fuertemente por la presencia del Santo Padre en su última visita, evocarían automáticamente la memoria de las gracias recibidas en aquel momento tan especial e inolvidable y a su vez el compromiso asumido ante él por todo lo que significó su venida al Paraguay. Es por ello, que también se decidió invitar al cardenal arzobispo de Montevideo, Daniel Sturla. Un cardenal siempre evoca a los sentidos la cercanía al Santo Padre.

Los desafíos, sin embargo, no eran menores,  porque el verano había apagado prácticamente lo comenzado. Así que a finales de marzo se retomó el trabajo con mucha intensidad, sabiendo que el tiempo escaseaba. Pero como hemos apreciado, todo salió bien y se nota que este Congreso estuvo en los designios de Dios, porque lo ocurrido con el clima ha sido notable: después de más de tres semanas donde el país se vio azotado por las continuas lluvias, esa semana el cielo estuvo despejado, no hizo frío, no hizo calor…

Una mayor conciencia de participación e integración eclesial

¿Que nos deja este Congreso? Muchas cosas. Yo enumero tres:

  1. Cardenal Daniel Sturla. Fue para muchos, la experiencia de encontrarse con un hombre cercano, amable, dócil, paciente, atento… y que a su vez expresa solidez, convicción, y coraje. Este extraño equilibrio produjo en muchos un impacto positivo, de quien con firmeza y ternura ama a Cristo e invita a otros a seguirlo. Eminencia: nos comprometemos a rezar por usted y por su misión. Su sonrisa alentadora nos queda impresa en el recuerdo. Esperamos que vuelva pronto.
  2. La misa en la Costanera. Podemos decir que todo salió bien, que la organización fue impecable y que no faltó nada. Sí, eso también ocurrió. Sin embargo, la fiesta fue tal, porque Dios estuvo presente. Esa noche la gente lo experimentó vivo: en la brisa de la costa, en la diversidad de colores, en la exultación de los cantos, en la solemnidad de la Misa, en la majestuosidad de la adoración eucarística. Por eso hubo alegría, porque Dios estuvo más que presente. Dios nos miró, nos eligió, y quiso compartir esa noche con nosotros y al hacerlo, produjo que aquella noche fuera única e inolvidable. “La gloria de Dios es la vida del hombre”, dice San Ireneo, y la alegría del hombre es cuando encuentra a su Dios, lo decimos quienes participamos en esa misa aquella noche.
  3. Dilexit Ecclesiam, señala el epitafio de la tumba de nuestro padre fundador. Es bueno recordar cómo él en las décadas de los años 20 y 30, incansablemente visitó a párrocos y a comunidades parroquiales por toda Alemania. Schoenstatt era eminentemente diocesano. Los schoenstattianos eran muy apreciados por los párrocos en aquel tiempo, por el compromiso pastoral y por el favorable ambiente comunitario que ejercían. Líderes en humanidad si podemos decir hoy con otras palabras. Sin lugar a dudas, Schoenstatt desde su fundación ha cultivado y desarrollado en la archidiócesis un compromiso notable en varios aspectos y lo sigue haciendo. En eventos como éste, no lo podemos negar. Se nos plantea siempre la pregunta sobre nuestra pertenencia y compromiso a la diócesis. Yo diría que nuestro padre fundador esta vez puede estar serenamente orgulloso.

Fuente: Revista Tuparenda, julio 2017

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