Publicado el 27. octubre 2017 In Alianza solidaria con Francisco

El Papa Francisco con la bandera de los taxistas de Buenos Aires

ARGENTINA/ROMA, Manuel Díaz con Maria Fischer •

Después de cuatro años de espera, el 11 de octubre llegó el momento tan esperado: Manuel Díaz, de los taxistas católicos de Buenos Aires, volvió a ver a su amigo Jorge Mario Bergoglio y le entregó la bandera de los taxistas que él tan bien conoce, aquella bandera con los colores de los taxis de la capital argentina – amarillo y negro – y con la imagen de Nuestra Señora de Schoenstatt, patrona de los taxistas.

Cuando aquella tarde del 13 de marzo de 2013 se anunció la elección de Jorge Mario Bergoglio como Papa, hubo mucha emoción en Argentina, en su Buenos Aires natal y, de una manera muy especial, entre los taxistas católicos de la ciudad, pues sentían al Cardenal Bergoglio como uno de los suyos. Y al saber que él no iba a volver a hablarles, a celebrar la Misa con ellos y a bendecir sus taxis, nació, especialmente en Manuel Díaz, un sueño: viajar a Roma y saludar a su amigo, el Papa, prometerle sus oraciones y regalarle la bandera.

El Cardenal Bergoglio resalta el “apostolado de la oreja” de los taxistas argentinos

En un artículo en schoenstatt.org del año 2002 leemos:

2002

El arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, Cardenal Jorge Mario Bergoglio, destacó el “apostolado de la oreja” que cumplen los taxistas cada día en la gran ciudad, a pesar de “la apatía, el sufrimiento y la incertidumbre de no poder hacer frente a las obligaciones de la familia”. Durante la misa por el Día del Taxista celebrada en la Catedral metropolitana, el Cardenal encomendó a los taxistas, a sus familias y a los pasajeros, a la Patrona de los taxistas de Buenos Aires, Nuestra Señora de Schoenstatt.

“Ustedes son hombres y mujeres que escuchan -subrayó-. ¡Cuántas veces han escuchado confesiones! ¡Cuántas veces ustedes han dado aliento, han hecho terapia desde el volante! ¡Cuántas veces han abierto puertas de esperanza!”.

Durante la misa celebrada en la Catedral, el arzobispo porteño recordó que “el trabajo de ustedes no es solamente conducir un auto; es dejar que el hermano se aproxime, y aproximar la escucha y el corazón de ese hombre o de esa mujer o de esa familia que ha subido”.

El Primado insistió en valorar la actitud de los trabajadores del volante: “Ustedes hacen bien a la sociedad con ese diálogo con el pasajero, aunque no le hablen de Dios, pero se acercan al alma de un hermano o una hermana y le abren un horizonte de esperanza”.

Tras alegrarse por la presencia en el templo catedralicio de muchos taxistas -y sus mujeres que vinieron a cantar-, el cardenal Bergoglio los alentó a “seguir haciendo el bien de la palabra y de la escucha, el bien del consejo, el bien de la comprensión, aunque estén cansados, aburridos y sudados de tanto estar arriba del auto”.

También le pidió a Nuestra Señora de Schoenstatt -patrona de los taxistas cuya imagen presidía desde el altar sobre una bandera negra y amarilla, color de los taxis en Buenos Aires-, que “los proteja a ellos y a sus familias, que no les haga faltar trabajo, y que los cuide de los accidentes y la delincuencia. Pero sobre todo, que puedan seguir haciendo ese tan gran bien a la sociedad. Ese apostolado de la escucha, el consejo y la fraternidad”.

Con la Virgen Peregrina de “copiloto”

El apostolado de escuchar, comprender, abrir un horizonte de esperanza, cobró un carácter singular a través de la iniciativa de Cliver Beltramo, un taxista de Buenos Aires que conoció a la Virgen Peregrina de Schoenstatt a raíz de un “encuentro casual” con una misionera que viajaba en su taxi. De inmediato se le ocurrió invitarla a la Peregrina a su taxi como “compañera secreta”, regalándole su presencia silenciosa a todas las personas que él traslada de un lado a otro. Varios taxistas más se plegaron a su iniciativa, naciendo así la Campaña de los taxistas en Buenos. Es algo muy simple y a la vez revolucionario, como todas las inspiraciones de la MTA: en el taxi viaja una pequeña Peregrina, y en el respaldo del asiento delantero, a la vista del pasajero, un cartel recuerda: “Usted no viaja solo, con usted va Nuestra Señora de Schoenstatt. Si lo desea, puede anotar sus intenciones en el cuaderno que se encuentra aquí”. Es impresionante la cantidad de mensajes, pedidos y oraciones escritos en este cuaderno. A su vez los taxistas rezan una oración antes de salir a trabajar, encomendándose a la Mater personalmente y también sus pasajeros: “Madre, acompáñame en el peregrinar de este nuevo día, para conseguir el pan cotidiano, guíame en la lucha diaria y acércate con tu hijo Jesús a mis pasajeros. Te doy gracias y pido protección para nosotros y nuestras familias que nos esperan en casa. Amén.”

A raíz de esta iniciativa, Nuestra Señora de Schoenstatt fue nombrada Patrona de los taxistas de Buenos Aires. Dos veces por semana los taxistas misioneros se reúnen en el Santuario del barrio de Belgrano, en la calle Echeverría, para pasar las imágenes de la Mater de un auto a otro. Rezan un rato y luego se quedan bastante tiempo conversando delante del Santuario.

El “distintivo” de la Campaña de los taxistas es la bandera amarilla y negra, color de los taxis en Buenos Aires, y un rosario con estos mismos colores colgado del espejo retrovisor. Como signo de pertenencia a la Campaña, una misión asumida con enorme entusiasmo y orgullo, el mástil de su bandera está “coronado” con una imagen similar a la Peregrina tallada en madera.

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Dos años de esperanza confiada

“Quiero viajar a Roma para entregarle la bandera al Papa”, dijo Manuel Díaz un 18 de abril de 2015, después de la Misa de Alianza en el Santuario de Belgrano, en Buenos Aires.

“Te ayudaré a lograr este sueño”, le dije yo, sin ni tener una idea cómo hacerlo.

Pasó el tiempo entre ahorros, planes, cambios de planes… hasta que a mitad de 2017, Manuel Díaz me avisó: “Ha llegado la hora, vamos con mi esposa a un viaje a Europa. En septiembre estaremos en Schoenstatt y en octubre en Roma. Llevamos la bandera y… ¿me ayudas a entregarla al Papa?”.

Parece que la Patrona de los Taxistas de Buenos Aires tuvo aún más ansias del reencuentro con el Papa Francisco, pues se abrieron puertas, se ofreció mucho capital de gracias, incluso celulares perdidos y autos dañados.

Hubo la colaboración generosa y eficiente de un sacerdote que ha sellado Alianza de amor y trabaja en el Vaticano; hubo una bendición en el Santuario Original y mucha, mucha emoción, hasta que el 11 de octubre Manuel y su esposa se  encontraron en “prima fila” del “Sacrato” para el “bacchiomano”, el saludo personal con el Papa después de la Audiencia General.

Bajo el sol radiante esperaron, con la bandera puesta en el vallado….

 

El encuentro

Y el Papa se acercó. Sorprendido, alegre, tomando la mano de un Manuel callado de emoción… Las fotos hablan por sí solas. La sombra de la figura del Papa sobre la bandera. La alegría del reencuentro en sus ojos. Las lágrimas en los de Manuel, este hombre alto, fuerte y con su historia impactante de cómo fue “cautivado” por la Mater… Unas palabras que quedan en el secreto de este encuentro. Una bendición y un fuerte apretón de manos. Alianza solidaria.

Resuenan las palabras del Cardenal Bergoglio en aquella Misa del Día del Taxista en el 2002 con su pedido para “seguir haciendo el bien de la palabra y de la escucha, el bien del consejo, el bien de la comprensión, aunque estén cansados, aburridos y sudados de tanto estar arriba del auto”, y su oración a Nuestra Señora de Schoenstatt que “los proteja a ustedes y a sus familias, que no les haga faltar trabajo, y que los cuide de los accidentes y la delincuencia. Pero sobre todo, que puedan seguir haciendo ese tan gran bien a la sociedad. Ese apostolado de la escucha, el consejo y la fraternidad”.

Fotos: Manuel y María Diaz

La foto de primera plana es del Osservatore Romano, con permiso de publicación para schoenstatt.org. No se debe re-publicar o copiar. Quien tiene interés en su publicación, debe dirigirse a http://www.photovat.com/

o via mail (con fecha y numero de la(s) foto(s)) a  [email protected]

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2 Responses

  1. Excelente

  2. ¡Genial! Qué bien ha interpretado el Papa el apostolado que puede hacer el conductor de un taxi al conversar sencillamente con un pasajero desconocido… ¡Y cómo la Mater Peregrina abre caminos por donde no imaginamos!
    Nora Pflüger Totti, La Plata, Argentina

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