Publicado el 30. enero 2018 In Iglesia - Francisco - Movimientos

Todo un país “en modo Papa Francisco”

PAPA FRANCISCO EN PERÚ, Manuel Huapaya •

Hace cerca de 8 días atrás, nuestro querido Papa Francisco terminaba su viaje por Chile y Perú respectivamente. Días intensos y de arduo trabajo para el Obispo de Roma, quien llegó a nuestras tierras queriendo y deseando para nuestros pueblos: paz, unidad y esperanza (Chile: “mi paz les doy”, Perú: “Unidos por la esperanza”). Su llegada a Perú fue un anhelo que crecía cada vez más. El jueves 18 de enero, lo seguíamos por televisión, celebrando su última misa en tierras chilenas, en Iquique y partiendo rumbo al Perú, y nos embargaba la emoción de que pronto tocaría tierras peruanas. Su llegada estaba prevista para las 5:20 de la tarde. De pronto, los radares que lo seguían indicaban que Francisco estaba sobrevolando ya territorio peruano, salían a su encuentro cinco aviones de guerra a escoltar a tan ilustre visitante, el Perú por unos días se paralizaría y viviría, como así lo llamó la prensa, en @modopapafrancisco. Minutos antes de las 5:20 pm, el Papa Francisco aparecía en la puerta del avión, un rostro de alegría, pero a su vez de cansancio y preocupación.

Sólo quieren verlo

La gente emocionada salía a las calles por donde iba a pasar, no importaba que no se detuviera, sólo importaba al menos ver su rostro y sentir, tal vez, en el corazón que el mismo Cristo andaba entre nosotros. Todo su recorrido desde su salida del Grupo Aéreo hacia la Nunciatura estuvo escoltado por miles de personas que anhelaban verlo y tal vez si era factible, tocarlo. Antes de ingresar al lugar donde se alojaría en estos días, hizo un alto y, pese a su cansancio, nos dio la bendición, rezamos a la “Madre”, como la llama y terminó, como siempre, pidiéndonos que recemos por él.

Un regalo y desafío para Schoenstatt en Perú

Para nosotros era un regalo y un toque personal de la Mater que llegará un 18 y que visitara la ciudad de Trujillo, lugar donde se encuentra el primer Santuario de Schoenstatt en Perú, el día 20 de enero. Su paso por Perú quiso ser un reavivar la fe de nuestro pueblo, desafiar nuestra tarea e invitarnos a nuevos retos. Cuando nos habló de la cultura del descarte, parecía que nos hablaba del 31 de Mayo. Cuando nos habló del rol de María, de su actuar como Madre, de la cultura de hoy que quiere que vivamos sin Madre, nos dijo y vino a nuestra mente la Alianza de Amor. Antes de partir nos pidió: no se dejen robar la esperanza, y escuchábamos a nuestro Padre: Con María, alegres por la esperanza, seguros de la Victoria, hacia los más nuevos tiempos. Francisco trae constantemente a nuestra memoria las palabras de nuestro Padre y Fundador José Kentenich, también cuando les dijo a nuestros obispos la necesidad de cruzar la orilla…, hacia las nuevas playas, diría nuestro Padre.

No se dejen robar la esperanza

Como muchos, buscar a Francisco, mirar sus actitudes en cada una de sus actividades, fue importante para constatar que el Pastor de nuestra Iglesia Católica, es un hombre que lucha cada día por su santidad, que se sabe débil para la enorme tarea que carga sobre sus hombros, que a pesar de su cansancio ha tenido que sonreírnos porque sabía lo mucho que lo habíamos esperado y que, en cada mensaje, nos ha urgido a crear un mundo diferente, a escuchar a nuestros abuelos, a no perder nuestras raíces, nuestra identidad. Hoy nos quedamos con tanto en la memoria y en el corazón que podríamos seguir escribiendo hojas enteras.

Ahora es tiempo de seguir decantando en el diario vivir todo aquello que nos regaló… Dos de sus últimos mensajes suenan en este tiempo. El primero es un cuestionamiento diario: “¿Te vas a olvidar de todo esto mañana y la próxima semana?”. Y el segundo, que nos acompañará siempre y en cualquier circunstancia: “No se dejen robar la esperanza”.

Gracias, Francisco, por tu sencillez, tu humanidad, tu sonrisa franca al interactuar con los niños y jóvenes, tus caricias a los enfermos y ancianos, tus gestos serios, tus molestias, tu cansancio; gracias por tener presente en todo momento a María, gracias por tus bendiciones desde el balcón de la Nunciatura, gracias por tu mensaje claro y franco frente al gobierno de nuestro país. Prometemos rezar por ti y luchar a diario contra nuestras limitaciones para ayudar a nuestra Iglesia a ser santa y coherente en su actuar.

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