Publicado el 9. julio 2017 In Alianza solidaria con Francisco, Francisco - Mensaje, Iglesia - Francisco - Movimientos

En el espíritu de una solidaridad responsable

VATICANO/G20, MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO AL G20 •

Mientras que en la calles de Hamburgo fueron  incendiados autos, tiendas  destruidas y saqueadas (los anticapitalistas necesitaban naturalmente los iPhones más nuevos), piedras volaban y el “hombre más poderoso del mundo” desoía los consejos frente al cambio climático de los jefes de estado y de gobierno de las naciones más poderosas en lo económico y político, un hombre “desde el fin del mundo” se dirigió a la anfitriona de la cumbre y a todos los participantes. Humilde y apasionado a la vez, dio a conocer su mensaje, el que todos nosotros (ojalá) conocemos de Evangelii Gaudium:

 El tiempo es superior al espacio; la unidad prevalece sobre el conflicto; la realidad es más importante que la idea y el todo es superior a la parte”.

Por supuesto que estas líneas de acción son parte de la sabiduría centenaria de toda la humanidad y por eso creo que pueden ser útil como contribución al debate del encuentro en Hamburgo, así también para evaluar sus resultados.

Y luego llamó a las cosas por su nombre: comenzando con la catastrófica hambruna en África, que es silenciada por los discursos sobre problemas económicos, luego las “matanzas inútiles” en tantas partes del mundo, hasta la visión global del 90% restante del mundo, a quienes  los gobernantes del 90% de la producción de bienes y servicios no deben olvidar. Y la realidad, que es más importante que las ideologías de cualquier color y tendencia, también la realidad de los lanzadores de piedras y saqueadores de Hamburgo, que han dejado una huella de destrucción y cientos de heridos, sin pensar en sus dolores mientras proclaman sus consignas ideológicas.

En el espíritu de solidaridad responsable, así lo pide el Papa Francisco a los jefes de Estado y de Gobierno, deben pensar, decidir y actuar en estos días.

¿Qué tipo de mundo sería éste, si todos pensaran, decidieran y actuaran en el espíritu de solidaridad responsable, en alianza solidaria?  Podemos simplemente comenzar con este pensamiento.

El logotipo de la cumbre G20 en Hamburgo tiene algo que ver con esto.

 

Texto completo del llamado del Papa Francisco al G20

A Su Excelencia Señora

Dra. Angela Merkel
Canciller Federal de la República Federal de Alemania

Después de nuestra reunión celebrada recientemente en el Vaticano y en respuesta a su amable solicitud, me gustaría transmitirle algunas reflexiones  junto a todos los pastores de la Iglesia Católica, que son importantes de ser consideradas con respecto a la próxima reunión de Jefes de Estado y de Gobierno del grupo de las naciones económicamente más importantes del mundo y las autoridades más importantes de la Comunidad Europea (G20). Sigo así con la tradición que el Papa Benedicto XVI comenzó en abril de 2009 con motivo de la cumbre del G20 en Londres. Mi predecesor también le escribió a Su Excelencia en 2006, cuando Alemania ejerció la presidencia de la Unión Europea y del G8.

En primer lugar, quiero expresarle a usted y a los responsables reunidos en Hamburgo, mi reconocimiento por los esfuerzos realizados para garantizar la gobernabilidad y la estabilidad de la economía mundial, con especial énfasis en los mercados financieros, el comercio, los problemas fiscales y el crecimiento económico del mundo que quiere ser inclusivo y duradero (ver Comunicado de la Cumbre G20 en Hangzhou, 5 de septiembre 2016). Como se puede ver en el programa de trabajo de la cumbre, estos esfuerzos son inseparables con la atención que se debe prestar a los actuales conflictos y al problema de migración global.

En la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudio, el manifiesto de mi pontificado a los fieles católicos, he propuesto cuatro principios de acción para la construcción de sociedades fraternales, justas y pacíficas: el tiempo es superior al espacio; la unidad prevalece sobre el conflicto; la realidad es más importante que la idea y el todo es superior a la parte. Por supuesto que estas líneas de acción son parte de la sabiduría centenaria de toda la humanidad y por eso creo que pueden ser útiles como contribución al debate del encuentro en Hamburgo, como también para evaluar sus resultados.

El tiempo es superior al espacio. La gravedad, la complejidad y la interconexión de los problemas del mundo son tales, que para ellos no hay soluciones inmediatas ni completamente satisfactorias. Desgraciadamente la crisis de refugiados, inseparable del problema de la pobreza y que se exacerba debido a los conflictos armados, es prueba de ello. Sin embargo, es posible poner  en marcha procesos que ofrecen soluciones progresivas y no traumáticas, que dan resultado en un tiempo relativamente corto y que permiten un paso libre y  asentamiento a personas, lo cual es beneficioso para todos. Esta tensión entre espacio y tiempo, entre limitación y abundancia requiere sin embargo, un movimiento precisamente opuesto en el pensar de los gobernantes y los poderosos. Una solución eficaz que necesariamente se extiende en un período, será sólo posible cuando el objetivo final del proceso esté claramente definido en su planificación. Por tanto, es necesario que en la mente y en el corazón de los gobernantes, como también en cada fase de la implementación de medidas políticas para los pobres, los refugiados, los que sufren, los desplazados y los excluídos, sin distinción de nación, origen étnico, religión o cultura, se les de prioridad absoluta, como también el rechazo de los conflictos armados.

En este punto no puedo dejar de dirigirme a los jefes de estado y a los jefes de gobierno del G20 y a toda la comunidad  mundial sin hacer un llamamiento urgente en relación con la trágica situación de Sudán del Sur, la Cuenca del Lago Chad, el Cuerno de África y Yemen, donde hay 30 millones de personas que no tienen ni alimento ni agua para sobrevivir. La tarea urgente frente a estas situaciones y  entregar apoyo inmediato a esa gente, es una señal de la seriedad y la sinceridad del compromiso de reformar la economía mundial a mediano plazo. Al mismo tiempo es una garantía para su sano desarrollo.

La unidad prevalece sobre el conflicto. La historia de la humanidad nos presenta en nuestros dias un amplio espectro de conflictos actuales o potenciales. Sin embargo, la guerra nunca es una solución. Cerca de la hora del centenario de la nota de paz de Benedicto XV a los jefes de naciones en guerra, me interesa muchísimo pedir al mundo que acabe con tantas “matanzas inútiles”. El objetivo de la Cumbre del G20 y otras reuniones anuales similares, es resolver pacíficamente las diferencias económicas y encontrar reglas financieras y comerciales comunes que permitan el desarrollo integral de todos, para cumplir con la Agenda 2030 y los objetivos de un desarrollo duradero (ver Comunicado de la Cumbre G20 en Hangzhou). Sin embargo, esto no será posible si todas las partes no ponen toda su voluntad para reducir esencialmente los niveles de conflicto, para detener la actual competencia de armamento y renunciar a una participación directa o indirecta en los conflictos, como también llegar a un acuerdo, a través de una forma honesta y transparente, de discutir sobre todos las discrepancias de opiniones. Por un lado hay una trágica contradicción y una inconsecuencia entre la aparente unidad en los foros conjuntos sobre cuestiones económicas o temas sociales y por otro lado la aceptación activa o pasiva de conflictos bélicos.

La realidad es más importante que la idea. Las desastrosas ideologías de la primera mitad del siglo 20 han sido sustituidas por nuevas ideologías de autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera (ver Evangelii gaudium, 56). Éstas han dejado un doloroso rastro de exclusión, de desecho e incluso de muerte. Los grandes éxitos políticos y económicos del siglo pasado estuvieron siempre marcados por un pragmatismo sano y prudente. Éste estuvo acompañado por la idea de superioridad de la persona, como también de los esfuerzos de integrar y armonizar entre sí, bajo la base del respeto a la persona y a todos los ciudadanos de realidades diferentes y a veces contradictorias. Le pido a Dios que la Cumbre en Hamburgo se inspire en el ejemplo de aquellos lideres en Europa y en el mundo, que han dado preferencia al diálogo y a la búsqueda de soluciones comunes: Schuman, De Gasperi, Adenauer, Monnet y muchos otros.

El todo es superior a la parte. Los problemas se solucionarán en concreto y con la debida especial atención. Pero dichas soluciones han de ser permanentes, sin perder nunca de vista la visión general. Al mismo tiempo deben sopesar los posibles efectos en todos los países y sus ciudadanos, como también respetar sus puntos de vista y opiniones. Aquí me gustaría retomar la advertencia que Benedicto XVI dirigió a la Cumbre G20 en Londres en el año 2009. Aunque es razonable que la Cumbre G20  se limite al pequeño número de países que representan el 90% de la producción de bienes y servicios a nivel mundial, precisamente esta situación debe mover a los participantes a una reflexión más profunda. Los estados y personas cuya voz tiene el menor peso en el escenario mundial político, son precisamente los que más sufren las consecuencias desastrosas de las crisis económicas, de las que ellos tienen poca o ninguna responsabilidad. Al mismo tiempo aquella gran mayoría, que en términos económicos compone sólo el 10% del total, es la que tiene el mayor potencial para contribuir al avance de todos. Por lo tanto, es necesario hacer referencia a las Naciones Unidas, a sus programas y a las agencias, como también a las organizaciones regionales; es necesario respetar y cumplir los tratados internacionales como también promover las relaciones multilaterales, para que las soluciones puedan ser realmente universales y duraderas para el bien de todos. (ver Benedicto XVI, carta al Primer Ministro británico Gordon Brown, 30 de marzo 2009).

Le presento estas consideraciones como contribución a los trabajos de la Cumbre G20, confiando en el espíritu de solidaridad responsable que guía a todos los participantes. Pido la bendición de Dios para la Cumbre en Hamburgo, así como pido por todos los esfuerzos de la comunidad internacional, para plasmar una nueva era con un desarrollo innovativo, recíproco, vinculado, duradero, respetuoso al medio ambiente y a todos los pueblos y personas (ver. Comunicado de la Cumbre G20 en Hangzhou, 5 de septiembre 2016).

Con mucho agrado aprovecho la oportunidad y  aseguro a Su Excelencia mi respeto y aprecio.

Desde el Vaticano, 29 de junio 2017

FRANCISCO

 

Original: alemán, 7.7.2017. Traducción: Tita Andras, Viena, Austria/cr

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