Publicado el 17. Mayo 2017 In Proyectos

“El otro es un don, no un invisible”

ITALIA, Emanuela Turani •

Para los chicos del grupo “Dopocresima” (Después de la Confirmación) de la Parroquia de los Santos Patronos (Roma), y para los animados miembros de la Juventud del Movimiento, ha sido un Domingo de Ramos, fuera de lo común.

Lo testimonia Emanuela, de 17 años, que en primera persona se ha ocupado de la organización de la jornada.

Hablando a los fieles en el mensaje cuaresmal, el Papa Francisco estaba, tal vez implícitamente, empujándonos a todos a actuar durante un período, tanto de reflexión y meditación como también de testimonio de nuestra fe. Fe que, en el ejemplo de Jesús, nos invita siempre a salir para ayudar y socorrer al otro.

Dejándonos, entonces, guiar por sus palabras y, gracias al estímulo de nuestros guías espirituales, a nuestras actitudes “ad extra”(hacia el exterior) y a nuestra fuerza de voluntad, nosotros, los chicos del Dopocresima de la Parroquia de los Santos Patronos de Italia, hemos decidido dedicar nuestras energías al desarrollo de una actividad de voluntariado. Después de haberlo discutido durante nuestros encuentros y de haber elegido dos chicos para dedicarse a la organización, nos hemos “tirado de cabeza” en esta aventura.

El Instituto de asistencia a los ancianos al que fuimos, gestionado por las Hermanas de la congregación “Piccole Sorelle dei Poveri” (Pequeñas Hermanas de los Pobres), ¡nos ha dado la bienvenida con los brazos abiertos!

La jornada

La jornada se inició con la celebración eucarística del Domingo de Ramos, el 9 de abril, celebrada por un sacerdote de la zona y concelebrada por nuestro Padre Beltrán; celebración que, alegrada y animada gracias a los cantos, a las lecturas y al testimonio final a cargo nuestro, logró hacernos recoger en un momento para nosotros muy importante y avecinarnos a una realidad “escondida” para nuestros jóvenes ojos.

Después de la celebración eucarística, entre una charla y otra, en el magnífico jardín de la Casa, hemos prestado servicio durante el almuerzo. Y mientras algunos de nosotros seguíamos atentamente las instrucciones de las cocineras para servir mejor la comida, otros, en vez, estaban empeñados en escuchar las anécdotas y “perlas de sabiduría” impartidas en la mesa de nuestros nuevos amigos. Cada uno de ellos, haciéndonos sentir un poco como sus nietos, nos ha abierto el corazón, nos ha hecho reír, nos ha conmovido, y también reflexionar. Y al final ninguno quería alejarse ni por un segundo de su propia mesa, para quedarse así junto a María, a Carlos y Angelina, cuyos rostros eran surcados por la fantástica sonrisa de quien se siente querido y escuchado, y propiamente ésta ha sido la victoria más grande de nuestra misión.

Solo un hasta luego

Nos acompañaron también los infaltables misioneros paraguayos que, además de fascinarnos por completo en las mesas de los ancianos, han alegrado la jornada y la sobremesa al sonido de una guitarra y de un “cajón” (instrumento de percusión), cantando, tanto canciones sudamericanas como italianas.

Lamentablemente, cuando llegó la hora del descanso diario, nos despedimos con un poco de tristeza de la acogedora casa, en el corazón de “San Pedro in Vincoli”, con la promesa de volvernos a ver muy pronto.

Original: Italiano, 07.05.2017. Traducción: Ana Maria Ghiggi, Santa Fe, Argentina

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